Un matrimonio egipcio convertido al cristianismo vive oculto y amenazado

Mohamed Hegazy sustituyó el Corán por la Biblia hace nueve años, cuando era aún adolescente. A pesar de que el cambio de religión es legal en Egipto, muchos cristianos conversos denuncian sufrir el acoso de los islamistas, de las fuerzas de seguridad y también de sus familias. Hace un año, Hegazy se casó con Zeinab, también conversa. Y aumentaron los problemas de toda índole.

Meses después, cuando su mujer quedó embarazada, solicitó a la Administración el cambio de filiación religiosa en su documento nacional de identidad y demás papeles. Como la religión musulmana la transmite el padre, no quería que su hija, que nació hace dos semanas, fuera inscrita en el registro civil como devota de islam.
La petición fue denegada. Así que acudió a los tribunales. Y estalló el escándalo. El caso, sin precedentes en Egipto, saltó a los medios de comunicación del país, que publicaron la foto de Hegazy frente a un gran mural de la Virgen María. Una de la máxima de los cristianos conversos es la discreción. Pero no pudo ser. La pareja empezó a recibir amenazas, incluso algunos jeques religiosos dictaron fatuas condenándoles a muerte. El matrimonio abandonó su casa, que días después fue asaltada y quemada. Desde entonces, y de eso hace ya más de cuatro meses, los dos viven ocultos.
Hegazy, de 25 años, accede a hablar con este diario, pese a que se siente acorralado. La cita es frente a unos cines de la capital egipcia. El joven acude puntual, cubre su cabeza con un sombrero y oculta sus ojos bajo unas gafas de sol, a pesar de que llueve ese día. Después, Hegazy se dirige a una cafetería cercana, que regenta un cristiano. "Yo lucho por mis derechos y por mi fe", explica algo más relajado sentado frente una humeante taza de café. "En el islam no puede haber amor a Dios porque pide odiar a los que no son musulmanes. Yo he encontrado el amor a través de Jesús", explica el cristiano converso.

Sin apoyo familiar
A pesar de las amenazas y presiones no piensa ceder. Ya no puede acudir a su trabajo como periodista en un diario local. Tampoco recibe el apoyo de su familia. "En una entrevista publicada estos días mi padre dice que me da de plazo 15 días para que regrese al islam, de lo contrario me matará", afirma.
Según dice, su padre nunca fue muy religioso, pero ahora se ha convertido en un "fanático gracias a la influencia de jeques extremistas". Asegura que tampoco recibe ayuda de la iglesia ortodoxa copta, que prefiere mantenerse al margen para evitar daños mayores.
El periodista, que subsiste con el apoyo de otros cristianos conversos, está convencido de que el tribunal, que debe pronunciarse hoy, fallará en contra de su petición. "¿Cómo explico a mi hija que somos cristianos dentro de casa y musulmanes para la Administración?", pregunta indignado. En Egipto, los cristianos convertidos al islam sí que pueden sustituir su afiliación religiosa en los documentos, lo que Hegazy califica de "injusto".
Pero el problema no acaba aquí. El joven egipcio tiene otra causa abierta, esta vez de un grupo de abogados islamistas que le acusan de "apostasía" y piden que sea castigado con la muerte, extremo que no contempla la ley egipcia. "La cuestión esencial ante nosotros es: ¿Puede una persona que es musulmana elegir otra religión distinta al islam? La respuesta es sí", escribió el pasado verano en The Washington Post el Gran Muftí Ali Gomaa, la máxima autoridad en Egipto para promulgar fatuas.

Vida en peligro
El letrado Gamal Eid, defensor de Hegazy, cree que si el juez da la razón a los radicales –y la decisión se espera también para hoy– la vida de su cliente correrá un grave peligro."Una decisión así abriría la puerta para que los extremistas puedan atentar contra su vida", advierte el cristiano converso. Eid, un musulmán que dirige una organización de derechos humanos, ha pedido más tiempo al juez para preparar la defensa.
Hegazy dice que con su actitud desea llamar la atención sobre la situación que viven los conversos cristianos. "La comunidad internacional debería presionar al Gobierno para que se respete la libertad religiosa, como señala nuestra Constitución". Se ha transformado en una especie de héroe para la comunidad cristiana, que representa el 8% de la población.
Su nombre hoy es Beshoy; el de su mujer, Cristina, y el de su hija, Marian. "Estoy preparado para luchar por Cristo", dice antes de perderse por las calles de El Cairo.

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