Un libro reivindica al maestro y los anarquistas asesinados junto a Lorca

El autor de la obra, el periodista Francisco Vigueras, y los nietos de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí reclaman su derecho a desenterrar los cadáveres

Los cuatro compartieron la última noche de su vida, el terrorífico paseo nocturno de los condenados a muerte, las balas de los asesinos. Y finalmente, compartieron también el abrazo de la misma tierra. Pero sólo uno de ellos tenía un nombre público que su muerte hizo aún más grande: Federico García Lorca. Sus tres compañeros de fosa fueron durante muchos años cadáveres anónimos, como tantos otros miles de asesinados durante y después del levantamiento fascista de 1936.


Se llamaban Dióscoro Galindo, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, y hoy son un poco menos anónimos. En el lugar donde se cree que los cuatro están enterrados, junto al monolito del Parque Lorca de Alfacar, Francisco Vigueras presentó ayer su libro 'Los 'paseados' con Lorca: el maestro cojo y los dos banderilleros', una obra que convierte en protagonistas a esos tres personajes secundarios de la tragedia del poeta.

«Lorca es querido mundialmente; se conoce muy bien su vida y su obra. Y sin embargo, estos personajes que son símbolos de una historia realmente emotiva estaban olvidados. Necesitaban tener vida propia», justificó Vigueras, periodista de TVE y miembro de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada. El libro, fruto de dos años de investigación, recoge los testimonios de los descendientes de Galindo y Galadí -Arcollas no los tuvo- y de los alumnos del maestro en Pulianas y Santiponce (Sevilla), su anterior destino.

Un maestro y un símbolo

Vigueras resaltó que la historia del maestro trasciende a su biografía particular. «Conforme iba reconstruyendo la vida de Dióscoro Galindo me daba cuenta de que estaba ante un símbolo», señala el autor, quien recuerda que durante la Guerra Civil unos 50.000 maestros fueron apartados de sus puestos o fusilados por 'crímenes' como «no creer en la existencia de Dios». Galindo, explicó, era «un hombre formado en la Institución Libre de Enseñanza, comprometido en la reforma educativa de la República, que creía en la escuela popular y laica y participaba en las campañas de alfabetización. Era un educador y un humanista». Sus antiguos alumnos, recordó, «hablaban de él con mucho cariño: era el hombre que les había enseñado a leer y a escribir, que de alguna forma era como enseñarles a ser hombres libres».

El 'proceso' del franquismo contra el maestro fue «una farsa para justificar lo injustificable». «Días después de fusilarlo publicaron una circular en la que le suspendían de empleo y sueldo. En otra le daban un plazo para hacer las alegaciones oportunas. Naturalmente, no podía defenderse porque ya lo habían fusilado».

En cuanto a Galadí y Arcollas, el autor señaló que, aunque se les recuerda como banderilleros y llegaron a ser bastante famosos en el mundo taurino, el motivo de su muerte fue su militancia en el sindicato anarquista CNT. En realidad, eran hojalateros y toreaban para sacar un dinero extra.

«El libro -indicó Francisco Vigueras- hace un homenaje a la lucha sindical de unos hombres en un tiempo muy difícil, en el que una clase caciquil prepotente trataba a los trabajadores de forma despótica y humillante». Galadí y Arcollas, que resistieron en el Albaicín tras el golpe fascista, «dieron su vida por la dignidad de los trabajadores».

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