Un largo secuestro yihadista aterroriza al centro de Sídney

Tres personas, incluido el secuestrador, mueren tras un cautiverio de 16 horas Fuerzas policiales asaltan de madrugada la cafetería para poner fin al encierro

«La crisis de hoy nos muestra con toda su crudeza el peligro que representan los llamados lobos solitarios», es decir, terroristas yihadistas que actúan de forma individual, sin vínculos firmes con la organización matriz. Con estas amenazantes palabras ha valorado este lunes Jens David Ohlin, profesor de la universidad de Cornell y asesor policial en temas antiterroristas, la toma de rehenes en un café del distrito financiero de Sídney, capital del estado de Nueva Gales del Sur y principal urbe económica de Australia.

Desde primera hora de la mañana, los aledaños de la zona peatonal de Martin Place, en torno a la cafetería Lindt Chocolat, permaneció acordonada por fuerzas de élite del Real Regimiento Australiano. Finalmente, tras 16 horas de tensión extrema, durante las cuales varios rehenes, despavoridos, lograron huir, las tropas especiales irrumpieron a tiros en el lugar y abatieron al captor, identificado como Man Haron Monis, de 49 años, un musulmán chií iraní convertido al sunismo y sospechoso en el asesinato de su esposa. Dos de los rehenes también perdieron la vida.

Todo acabó en 40 segundos, sobre las 2.30 horas de la madrugada (hora local). Mientras las tropas de élite irrumpían en el local, entre el sonido de las explosiones y los intensos tiroteos, los clientes del local que aún permanecían en el interior huían aterrados por la puerta de servicio, algunos de ellos con heridas.

Sobre las 3.00 de la madrugada, las fuerzas policiales dieron por concluido el secuestro, durante el cual 17 personas habían permanecido cautivas en el interior del establecimiento. Pasadas tres horas y media del inicio del asalto, la policía confirmó la muerte de los dos rehenes (un hombre de 34 años y una mujer de 38), esta última en el hospital.

Testigos presenciales y reporteros pudieron comprobar como algunos secuestrados, con heridas de diversa consideración, eran trasladados en camillas hacia las ambulancias. El hospital North Shore recibió a una mujer con una herida de bala en las piernas.

Durante el tiempo en que se prolongó el incidente, las mujeres cautivas fueron obligadas a sujetar frente a una de las ventanas una bandera negra con la ‘shahada’ (escrito en que se profesa la fe islámica que proclama que no hay más dios que Alá y su profeta es Mahoma). Las secuestradas se fueron turnando en el cometido y en algunos casos tuvieron que sujetar la bandera hasta dos horas.

VÍNCULOS CON EL YIHADISMO

La personalidad del atacante y la naturaleza de sus posibles vínculos con algún grupo yihadista centraron la atención de los medios de comunicación australianos. El abogado del raptor, Manny Conditsis, declaró a la cadena ABC que el suceso no constituía «un acto de terrorismo coordinado». Man Haron Monis es una «buena persona, aunque dañada, que ha hecho algo horrible», continuó. «Su ideología es tan poderosa que le nubla el sentido común», concluyó.

El secuestrador llevaba ya bastante tiempo en el radar de la justicia australiana, después de que en el 2012 fuera condenado por enviar cartas ofensivas a los familiares de ocho soldados muertos en Afganistán, gesto de protesta contra la presencia de tropas australianas en el país asiático. También se encontraba en libertad condicional como sospechoso de complicidad en el asesinato de su esposa.

VIDAS SALVADAS

El comisionado Andrew Scipione, de la policía del estado de Nueva Gales del Sur, declaró en rueda de prensa que la situación llegó a un punto en el que hubo que tomar una decisión y subrayó que la operación policial llevada a cabo de madrugada logró «salvar muchas vidas».

Para Australia, un cercano aliado de EEUU en sus operaciones militres en Oriente Próximo y Asia Central, la crisis constituyó un inquietante recordatorio de los peligros a los que se enfrenta por su colaboración en la campaña de bombardeos contra el autoproclamado Estado Islámico (EI) en Siria e Irak. Según el profesor Clive Williams, de la Universidad Nacional Australiana, «la mayoría de estos hombres son instados a pasar directamente a la acción, ya que el EI ha comprendido que si se reúnen para formar una milicia o un grupo, hay grandes posibilidades de que sean identificados».

Desde sus bases, cabecillas yihadistas piden a los musulmanes residentes en países occidentales que actúen. «Los musulmanes en Occidente están perfectamente posicionados para jugar un papel en la yihad contra los sionistas y los cruzados. ¿A qué esperáis?», escribió Adam Gadahn, un converso de EEUU en una revista yihadista.

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