Un juez judío y sionista traiciona a Israel

Hace un año, Gaza fue pasada por las armas. Sirvió tal villanía para la limpieza étnica de un pueblo que empezó a perder en 1948 . Desde entonces, impera un Estado racista y en ruina moral que practica el despojo como un derecho gracias a su musculatura militar. Pero un juez sudafricano, judío y sionista, pone al Gobierno israelí contra las cuerdas y le advierte que la agresión a la Franja puede terminar en el TPI de La Haya.

En julio, Amnistía Internacional (AI) acusó a Israel de acabar con la vida de palestinos desarmados y de destruir miles de viviendas en la Franja de Gaza (367 kilómetros cuadrados) durante la ofensiva desatada por el Tashal (Ejército hebreo) contra la organización radical islamista Hamás del 27 de diciembre de 2008 al 18 de enero de 2009. El informe de 117 páginas concreta la violación de los derechos humanos.

La ONG Human Rights W­atch también condenó a Hamás por la explosión de cohetes en zonas habitadas, agresiones  que, por tanto, debe ser consideradas crímenes de guerra.

Según Amnistía, Israel ocasionó la muerte a 1.400 palestinos, entre ellos 300 niños en una ofensiva de “ intensidad sin precedentes (…) La mayoría de las víctimas fueron asesinadas con armas de alta precisión, otras fueron alcanzadas por armamento más impreciso, como proyectiles con fósforo blanco que nunca deberían usarse en zonas pobladas”.

En octubre, la ONU aprobó el Informe Goldstone (de 575 páginas) que acusa a Israel y Hamás de crímenes de guerra, previo “uso de la fuerza, la destrucción de casas, escuelas, la utilización del fósforo blanco (que sirve para iluminar, pero también para producir quemaduras terribles) no respetar a los equipos de rescate …”, en fin , que Israel rompió el alto el fuego en noviembre de 2008, cuando incursionó en Gaza y mató a seis activistas. Fue el detonante de represalias recíprocas, que culminó en el ataque del 27 de diciembre de 2008.

Gaza amortajó a 1.400 de sus hijos, sobre cuyas tumbas danza el ectoplasma del juez Goldstone, un judío y sionista que no perdona la agonía indecible de un niño, de un niño palestino.

Un año después de la sangrienta ofensiva contra Gaza (1.400 palestinos y 13 israelíes muertos, y 5.500 heridos), Israel y Hamás mantienen posturas enconadas. El Gobierno de Tel Aviv no piensa levantar el férreo bloqueo que ejerce sobre la Franja tanto por tierra como por mar. Los pescadores palestinos no pueden faenar más allá de las seis millas náuticas y la parte que comunica con Egipto no es una buena opción: a cada intento árabe de cruzar los túneles, Irsael responde bombardeando la zona.

Forzados por la disuasión del Tashal, los 1,5 millones de gazawies permanecen casi inmóviles en la mayor prisión a cielo abierto del mundo.
Es tal el respeto que infunden los métodos desproporcionados de la maquinaria militar hebrea que no se recuerda un periodo de mayor calma desde la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967.

“A lo largo de 2009, no ha habido ningún soldado o civil israelí muerto como consecuencia de una acción terrorista. Se trata de una de las épocas más tranquilas en las ultimas décadas”, afirmó Amos Yaldin, jefe de la Inteligencia militar hebrea. La paz de los cementerios funciona, aunque las más de las veces por ciclos.
Un año después, la reconstrucción de los casi seis mil edificios destruidos o dañados es poco menos que una quimera. Israel es un enemigo declarado del ladrillo: no permite la entrada en Gaza de materiales de cons­trucción.

En una economía dominada por la chatarra, gran parte de los gazawies viven en la miseria, más aguda que nunca debido al bloqueo y a que Israel ha dejado de emplear submano de obra palestina.

La aviación israelí castiga desde 2009 la zona de túneles que se comunican con territorio egipcio. Es ahí, bajo tierra, donde los palestinos pueden beneficiarse del contrabando. Los túneles son los únicos conductos por donde pasan artículos de primera necesidad, medicinas, personas y armas.

La economía para Hamás, sin embargo, va viento en popa. Le basta con acatar las órdenes del régimen iraní para recibir puntualmente, cada año, 250 millones de dólares, en buena parte destinados a reforzar sus arsenales, pero a nivel diplomático se ha debilitado.

La vuelta al poder de Bibi Netanyahu es como anunciar el regreso de un halcón. Hermano del coronel que se batió como un héroe en Entebbe, el tradicional lider de la derecha israelí no ha sabido contener la hemorragia de descrédito que sufre el Estado de Israel desde sus actuación “desproporcionada” en Gaza.
El deterioro en la escena internacional –Bush ya no está tras las bambalinas– y las tensiones con los gobiernos de Suecia, Noruega, Egipto, Turquí­a, y los intentos más o menos soterrados en Londres y en Madrid por llevar a los tribunales penales internacionales a los gobernantes y militares israelíes, saca de sus casillas al hombre que manda en el Ejecutivo y en la Kneset.

En octubre, Netanyahu, dijo precisamente en el Parlamento que no permitirá que ningún oficial militar o dirigente polí­tico de su paí­s sea sentado por la comunidad internacional en el banquillo de los acusados de un tribunal por crí­menes de guerra.

“No dejaremos que (el ex primer ministro) Ehud Olmert, ni (la ex ministra de Exteriores) Tzipi Livni, ni (el ministro de Defensa) Ehud Barak, que enviaron a nuestros hijos a esa guerra, sean llevados ante la Corte Internacional de La Haya”, bramó Netanyahu.

“En el informe (Goldstone) se presenta a Israel y a los oficiales como a criminales de guerra, pero lo cierto es que Israel defendió a su ciudadanía contra los criminales”, dijo Netanyahu al referirse a Hamás. Para el primer ministro, que fue interrumpido varias veces por los diputados árabes de la Kneset , el Informe Goldstone tiene graves consecuencias para “la lucha de las democracias contra el terrorismo”.

Para la Autoridad Nacional Palestina (ANP) fue la victoria moral de 25 de los 47 países que forman el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y que apoyaron la resolución sobre el Informe Goldstone. La resolución, copatrocinada por Egipto, Nigeria, Túnez y Pakistán y la ANP, condena a Israel por no colaborar con la misión de investigación y solicita que se aprueben las recomendaciones del informe, entre ellas que el Consejo de Seguridad traslade el caso a la Corte Penal Internacional si las partes no logran aclarar los presuntos abusos cometidos durante el conflicto de Gaza.

Goldstone, más crítico con Isarael que con Hamás, llamó al Consejo de Seguridad a llevar el caso a la Corte Penal Internacional si las partes no logran aclarar los presuntos abusos.

Le acusan de no investigar el ‘apartheid’ y de su ambición por suceder a Butros Ghali
R.W. Johnson es un historiador sudafricano que asegura que el Informe Goldstone es “arbitrario” para israelíes y para muchos observadores. “Muchos judí­os fuera de Israel se preguntan cómo Goldstone, judí­o, ha podido prestarse a una misión tan obviamente tendenciosa como la ordenada por el Consejo de los Derechos Humanos, que a su vez está repleto de violadores de tales derechos así­ como de gente que odia a Israel”.

Cuando cambió la situación polí­tica en Sudáfrica, también cambió Goldstone. Confiado por el presidente Frederic de Klerk con la misión de investigar causas de violencia, Goldstone hizo públicos casos menores contra el régimen del apartheid pero rehusó investigar cualquier forma de violencia que hubiera estado relacionada al Congreso Nacional Africano (ANC). Esto naturalmente lo convirtió en el juez favorito del ANC.

Más aún, Goldstone dio una conferencia de prensa dramática en la que sugerí­a que los militares habían estado envueltos en conductas ilegales. De Klerk tuvo que despedir a 23 militares de carrera, aunque la evidencia de su culpa, prometida por Goldstone, nunca se probó.

De Klerk estaba furioso con el uso sensacionalista de Goldstone de la evidencia no probada y sabiendo que las ambiciones de Goldstone eran las de suceder al egipcio B­utros Ghali como secretario general de las Naciones Unidas.

A lo largo de su carrera, insiste el historiador, Goldstone ha sido criticado por su excesiva ambición, pero a ojos de muchos judíos su comisión de Gaza ha marcado un punto sin retorno. “Que un juez judío, que tiene prohibido el acceso a Israel por trabajar para una comisión tendenciosa contra el Estado, escriba un informe basado en entrevistas con activistas de Hamás para complacer el parecer antisionista ha significado, para muchos, que simplemente se ha salido de los lí­mites de lo tolerable”.

Sudafricano de nacimiento, judío y de ideales s¡onistas
Richard Goldstone nació en Sudáfrica, es juez del Tribunal Constitucional, judío de religión y de convicciones sionistas (restablecimiento de la patria del pueblo judío en la tierra de Israel, o sea, nacionalismo a ultranza). Investigó a los escuadrones de la muerte, la violencia en el apartheid, las violaciones del derecho internacional en la extinta Yugoslavia y Ruanda.

Goldstone se declaró sionista y liberal partidario de la persuasión para que Israel cumpla con sus ideales fundacionales de compromiso con la justicia, la igualdad y el Estado de Derecho, y actuar como una inspiradora “luz para las naciones”. Tras la publicación de su Informe, este amigo de toda la vida de Israel, un sionista declarado, fue vilipendiado por Tel Aviv y por el gran rabino de Sudáfrica. Netanyahu y el Tashal ”temen y detestan a este hombre tranquilo, amable y de pocas palabras que se esfuerza por servir a la verdad, la justicia y el imperio de la ley de la mejor manera posible”.

Que un juez sionista regrese a la realidad no es ningún desdoro si previamente levanta acta de cómo los soldados disparaban contra mujeres y niños, y cómo éstos sufrían horribles mutilaciones entre gemidos espantosos y agoní­as indescriptibles.

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