Un hombre le arranca un brazo de cuajo al «Gran Poder» de Sevilla

Detenido tras emprenderla a golpes con la imagen al grito de «Yo soy el Hijo de Dios»

Al terminar la misa del domingo en la basílica de San Lorenzo, el hombre se colocó en la cola del besapiés, saltó la barandilla que protege al Gran Poder y aferrándose a él comenzó a darle fuertes golpes, tirando del brazo derecho de una de las imágenes más veneradas de Sevilla hasta arrancárselo de cuajo, a la vez que le descosía la túnica morada. El brazo no llegó a separarse por completo de la imagen, ya que se quedó dentro de la ropa

Según publica "El Correo de Sevilla", al terminar la misa del domingo en la basílica de San Lorenzo, el hombre se colocó en la cola del besapiés, saltó la barandilla que protege al Gran Poder y aferrándose a él comenzó a darle fuertes golpes, tirando del brazo derecho de una de las imágenes más veneradas de Sevilla hasta arrancárselo de cuajo, a la vez que le descosía la túnica morada. El brazo no llegó a separarse por completo de la imagen, ya que se quedó dentro de la ropa.

Sorprendidos
Los fieles que acababan de asistir a la eucaristía de las 20.30 no daban crédito. En medio del griterío inicial y de la desbandada de gente que salió corriendo del templo, un policía nacional fuera de servicio saltó sobre el agresor para reducirlo, ayudado por dos feligreses. El hermano mayor del Gran Poder, Enrique Esquivias, tardó apenas diez minutos en llegar y, tras valorar la situación, quiso enviar un mensaje de tranquilidad: "El Señor está perfectamente, el brazo se ha separado del cuerpo por la articulación pero no es un daño irreparable, y no ha sufrido ningún otro desperfecto", dijo, saliendo al paso de rumores que se propagaron de inmediato y que llegaron a afirmar que se le había desprendido la cabeza, lo que el hermano mayor negó tajantemente.

Agentes de la Policía Científica
Esquivias tenía claro anoche que la imagen iba a ser retirada del culto para su restauración, aunque desconocía por cuánto tiempo ni tampoco si iba a ser necesario su traslado, aunque la primera decisión fue bajarla del camarín para poder observarla mejor. Sobre las once de la noche llegó a la basílica el imaginero Luis Álvarez Duarte para realizar una inspección inicial de los daños y tomar las primeras decisiones. Poco antes, varios agentes de la Policía Científica entraron en el templo para realizar una inspección ocular y ver las cintas de seguridad en las que ha quedado grabada la agresión

El Delegado de Gobierno colabora
Se marcharon casi a medianoche. El arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, y el delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón, entre otras autoridades, se pusieron de inmediato en contacto con la hermandad para ofrecerse ante cualquier necesidad. El presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías se presentó en la casa de hermandad y dijo sentirse "doblemente afectado", al ser hermano de la cofradía. Aunque no tenía información sobre el agresor, identificado como Luis C.O., de 36 años, sí aventuró que, a la vista de lo ocurrido, "no debe de estar muy bueno". El delegado de la Madrugada, Vicente García Caviedes, sí indicó que el sujeto había llegado a decir "Yo soy el hijo de Dios", extremo que no pudo ser confirmado por la Policía Nacional, que no tenía previsto tomarle declaración al menos hasta hoy. Lo que sí precisó una portavoz es que el hombre "se resistió activamente" a la detención, hasta el punto de que el agente que lo arrestó, destinado en la comisaría de San Juan de Aznalfarache, sufrió arañazos y contusiones.

Aspecto normal y en misa
Prosigue El Correo explicando como varios testigos corroboraron que el agresor estaba en el templo durante la misa, que tenía un aspecto de lo más normal y que se dirigió al camarín sin llamar la atención. El hombre, muy alto y corpulento, saltó sin grandes esfuerzos la barandilla para agarrarse al Señor, mientras hacía fuerza con una pierna sobre la imagen, no se sabe si intentando derribar al Gran Poder. Lo cierto es que tras vapulearlo llegó a arrancarle el brazo, lo que varias asistentes a la misa calificaron, aún espantadas, como "horrible".

Conmoción entre los fieles
A las puertas de la basílica comenzaron a congregarse fieles preocupados por lo ocurrido, entre ellos el sacerdote Camilo Olivares, muy cercano a la hermandad, que emocionado y al borde de las lágrimas sólo acertó a decir que confiaba en que "Dios perdone" al agresor, y que el incidente "sirva para acrecentar la devoción por el Gran Poder". El propietario del bar Sardinero, en la esquina de San Lorenzo, se quejaba entretanto de que al ver a la gente huir como en las carreritas de la Madrugá del 2000 llamó a la Policía, que lo atendió con excepticismo, negándose a creer que al Gran Poder hubiera podido ocurrirle nada.

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