Un filósofo y el poder de la economía: «Los individuos pobres no son libres»

Tzvetan Todorov, pensador francés, alerta sobre el alejamiento de valores como la libertad, el laicismo y la racionalidad.

En 2003, Tzvetan Todorov bosquejó un inventario de valores, una lista de buenas intenciones que Europa ha tratado de exportar al mundo con la misma resolución que ha exportado automóviles, hortalizas o tecnología para alta velocidad. No es que haya inventado nada; todo estaba ya más o menos En 2003, Tzvetan Todorov bosquejó un inventario de valores, una lista de buenas intenciones que Europa ha tratado de exportar al mundo con la misma resolución que ha exportado automóviles, hortalizas o tecnología para alta velocidad. No es que haya inventado nada; todo estaba ya más o menos escrito en nuestras declaraciones de derechos, en nuestras constituciones: la libertad individual, la racionalidad, el laicismo, la justicia. Parecía obvio. Hoy, sin embargo, Todorov ve alejarse esos valores como aquel punto del horizonte que parecía alcanzable y por el contrario vuelve a aparecer lejos de nuevo. “Cuando decimos valores, no significa que todos los respeten; son más un ideal que una realidad, un horizonte hacia el cual nos dirigimos”, dice. “En este momento, sin embargo, esos valores están amenazados.”

El filósofo búlgaro nacionalizado francés coloca el punto de transición, la curva en la cual todo se desvaneció, no en la crisis desencadenada en 2008 sino en la caída del muro de Berlín y en la ruptura, a partir de aquel momento, del equilibrio entre las dos fuerzas que deben convivir en una democracia: el individuo y la comunidad.

–¿Sirve todavía su inventario de valores? ¿La libertad del individuo, por ejemplo?

–Nuestra democracia liberal ha dejado que la economía no dependa de ningún poder, que esté dirigida solo por las leyes del mercado, sin ninguna restricción de las acciones de los individuos y por eso la comunidad sufre. La economía se ha vuelto independiente y rebelde a cualquier poder político y la libertad que adquirieron los más poderosos se ha convertido en la falta de libertad de los menos poderosos. El bien común ya no está defendido ni tutelado. Y la liebre libre en el gallinero priva de libertad a las gallinas.

–Hoy el individuo es más débil. ¿Qué libertad le queda ahora?

–Paradojalmente es más débil, sí, porque los más poderosos tienen más, aunque son un grupo reducido, mientras que la población se empobrece y la desigualdad aumenta vertiginosamente. Y los individuos pobres no son libres. Cuando no es posible encontrar el modo de curar tu enfermedad, cuando no podés vivir en la casa que tenés porque no la podés pagar, no sos más libre. No podés ejercer la libertad si no tenés poder, y entonces se transforma en una palabra escrita en los papeles.

–Cuando los derechos se convierten en una realidad formal, ¿qué queda?

–Queda la posibilidad de protestar, de dirigirse a la justicia. No es necesario cambiar los principios, porque ya están escritos, pero hemos visto que hay muchas maneras para eludirlos y es necesario que el poder político no capitule ante el poder de aquellos individuos que infringen el contrato social en favor propio. La idea de resistencia me parece fundamental en la vida democrática. Es necesario estar alerta, la prensa debe cumplir un rol cada vez más importante en la denuncia de las violaciones los partidos, hace falta que la gente pueda intervenir, pero sé que esto requiere ser suficientemente vigilantes, valerosos y activos.

–En 2008, usted definió los países occidentales como “países del miedo”, en referencia a los países del apetito, del resentimiento o de la indecisión. ¿No somos víctimas de todo esto?

–Las devastaciones causadas por el miedo han sido inmensas, como hemos visto en el informe del senado de Estados Unidos de las torturas de la CIA o en el caso Snowden, que ha revelado que Estados Unidos controlaba el teléfono de Angela Merkel como si ella pudiese representar una amenaza. La idea de que se pueda legalizar la tortura es un shock para quien cree en los valores de la democracia y los europeos la han aceptado dócilmente. Las revelaciones de Snowden son muy inquietantes por el principio que está detrás, el principio de un estado casi totalitario que obtiene toda la información posible sobre sus ciudadanos, como hacían la KGB o la Stasi en países totalitarios como la URSS o Alemania del Este. En ese entonces se usaba un sistema de delación anónima hoy arcaico, porque la tecnología hace más fácil la recolección de información, pero con todo esto las libertades individuales se reducen a una quimera.

–¿Cómo será Europa después de la crisis?

–No sé si la crisis va a terminar. Sabemos que las economías no obedecen a fuerzas racionales, son fuerzas de pasiones o de locura, fuerzas que desafían todos los pronósticos; quizá desaparezca en 2015 o quizá nunca, o podremos permanecer en ella durante otros diez años.

Traducción Román García Azcárate

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