Un ejemplo de cientificismo oportunista católico

No puedo afirmar que los médicos católicos sean todos deshonestos y manipuladores, pero estoy comenzando a ver una tendencia. El mes pasado fue una psiquiatra declarando triunfante que el “gen gay” no existe; ahora es una genetista explicando que una mujer transexual, aunque se haya operado, “sigue siendo genéticamente varón”.

María Isabel Quiroga, expresidenta de la Sociedad Peruana de Genética Médica, explicó que pese a las operaciones a las que puede someterse un hombre para asemejarse físicamente a una mujer, sigue siendo genéticamente varón, pues sus genes no sufren variación alguna.

Quizá haya personas tan ignorantes que creen que una operación de reasignación de sexo puede modificar los genes, pero lo dudo. La aclaración de Quiroga parece más bien destinada a darle una pátina de respetabilidad científica a la creencia en el carácter esencial, discreto e inmutable de los géneros masculino y femenino (y sólo de esos dos). Esa creencia no es, desde luego, exclusiva de los católicos devotos, pero es la primera vez que la escucho defendida por un expediente tan burdo.

Lo notable de este pronunciamiento “experto” no es el pronunciamiento en sí, que entra en la misma categoría que el asunto del “gen gay” (una afirmación estrictamente correcta pero hecha con espíritu manipulativo, y sin relevancia al tema), sino el hecho de que una persona católica recurra a un argumento tan biologicista/reduccionista. Cuando la Iglesia Católica hace lobby contra la educación sexual, el primer punto de la argumentación suele ser que la misma, como se la pretende, reduce el ser humano a la mera genitalidad en vez de incorporar aspectos morales. Y sin embargo, he aquí a una profesional católica que abraza una forma de reduccionismo biológico igual o peor, anunciando triunfalmente que ningún transexual puede serlo verdaderamente porque por más que se haga cirugías “sus genes no sufren variación”, como si la esencia de la persona, sus características humanas fundamentales, ¡el sexo de su alma incluido!, fueran determinados por los frágiles nucleótidos de una molécula que puede alterarse fisicoquímicamente con una facilidad pasmosa.

(Cuando se habla de aborto también hay católicos que pseudocientíficamente argumentan que la vida humana comienza en la concepción porque es entonces cuando aparece un cigoto con una dotación de ADN única e irrepetible. Esto no sólo es de un cientificismo increíblemente grosero y filosóficamente atroz, sino además falso: el cigoto puede dividirse después de la fecundación y producir gemelos idénticos… que debido a otros factores sólo permanecen genéticamente idénticos por un tiempo.)

Quiroga sale a hablar de este tema por una cuestión específica que resulta ser una historia bastante triste:

En declaraciones a la prensa peruana, Quiroga se refirió al caso de Fernando Ñaupari, una persona que en 1988, luego de someterse a dos operaciones, asumió ante el Registro Civil el nombre de Carmen Claudia Ñaupari.

Ahora, tras haber ingresado a una denominación cristiana, ha expresado su deseo de recuperar su identidad y su nombre masculino.

A Fernando (porque si ése es el nombre que desea, así debemos llamarlo) le tocó la mala suerte por partida doble: primero, nacer en un cuerpo del sexo equivocado, y después, caer en manos de cristianos evangélicos, que hoy lo usan de vocero para predicar su odio a la sexualidad, al derecho humano al propio cuerpo y a la propia identidad. Su historia, narrada por él mismo, es calcada de otras que la propaganda cristiana produce de manera constante, mezclando homosexualidad con transexualidad, asociándola a la prostitución y el abuso y vinculando todo ello con una historia de padres golpeadores. Es difícil saber cuánto es verdad y cuánto es una reelaboración caprichosa, a la medida de lo que sus pastores le dictaron, de una infancia que no debe haber sido nada fácil. Resta esperar que, así como fue libre para buscar ser la mujer que sentía ser, vuelva alguna vez a tener libertad de verse como una persona íntegra (del género que sea) y no como un ser deficiente y depravado que sólo existe para postrarse pidiendo perdón por pecados inexistentes a un dios que reclama humillación constante.

fernando-ñaupari transexual

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