Un dios y una ley a imagen del hombre: la dominación legal y simbólica

Laicismo y feminismo

1.- Introducción

Desde la década de los 70 del siglo pasado, mujeres europeas y estadounidenses dedicaron muchos estudios para analizar y denunciar nuestra situación de opresión; mujeres feministas, con su visión original y propia, comenzaron la relectura de la Biblia; estudiaron teología, filosofía, historia, sociología, antropología, lingüística, arqueología…Apelando a la hermenéutica de la sospecha, hicieron su relectura de las ciencias, investigaron a fondo, reflexionaron y pusieron en evidencia hallazgos de los científicos varones y llegaron a la conclusión que el origen de sus problemas radicaba en la cultura patriarcal y que el patriarca original y modelo era el Dios monoteísta.

Constataron que antes del monoteísmo que impuso al patriarcado, hubo grupos humanos que poseían un arte, que pintaban, no dioses, sino los animales que necesitaban para alimentarse. Estas mujeres se preguntaron: ¿Eran sociedades donde nadie dominaba a los demás, donde no existían las guerras de conquista? ¿Eran sociedades con relaciones horizontales, por ende fraternales, sororales?

Algo que aprendimos, por y con ellas, es que en la mayoría de las concepciones sobre el origen del mundo “los dioses creadores” habían sido deidades femeninas. En Europa las Venus paleolíticas. En la América precolombina, al sur, se denomina Pachamama a la Tierra, que corresponde a la Gaia del Hemisferio Norte (Lovelock, 1979; Ruether, 1992). En las cosmogonías mesoamericanas, Coatlicue era la diosa dadora de vida y madre de los dioses (Marcos, 1991). En las narraciones mitológicas de la actual Colombia, Bachué es la madre de la humanidad para los muiscas. Para los colimas de Tolima su deidad madre es Auxisue. Para los Kogi la madre universal es Haba. Los guajiros o wayúus, se dicen hijos de la diosa Igua (Carbonell, s/f).

En las culturas medievales-occidentales, convivieron los restos de la religiosidad romana bajo la forma de elementos mágicos: pócimas, conjuros, encantamientos, etc. Con la religiosidad cristiana, que va haciendo calar su pensamiento religioso en las nuevas sociedades recién cristianizadas es donde se instala el contrato de sujeción o pacto de sujeción, que se definió como fundamento legitimador de todas las sujeciones: la de los hijos y de la madre por el padre, la de los esclavos por los amos y la de los súbditos por los gobernantes

Durante el Renacimiento se inicia la separación entre teología y religión. Al renacer la mitología clásica aparece un elemento de referencia frente al absolutismo teológico medieval. G. Boccaccio escribe una Genealogía de los dioses (1360).

Los modernos criticarán las sujeciones, pero no todas, al considerar natural la primera. La distinción entre la sociedad doméstica, sociedad económica y sociedad política puso de manifiesto que la crítica a la sujeción se centró exclusivamente en la sujeción masculina.1

La Ilustración someterá a la religión a los “límites de la razón” (Kant). Se traducen textos religiosos de otras culturas, aparece el deísmo, los diccionarios enciclopédicos, la crítica a los textos bíblicos, se combate la superstición y se ataca el poder de la Iglesia. La filosofía empirista (Hume) pondrá en duda los principios de la filosofía tradicional como el de la causalidad.

Esto hará que la religión tome un rumbo inesperado en el s. XIX con los trabajos de Comte, Darwin y Freud. Éste último considera el concepto de Dios como la máxima creación cultural por dotar a la Humanidad de un padre que ha de emparejarse de forma natural con la madre-tierra.

A lo largo de la historia, los poderes políticos y religiosos se han necesitado y retroalimentado para afianzar principios de subordinación de un sexo sobre otro. No fueron ni son los textos sagrados los responsables de la transmisión de valores patriarcales (todos los textos de tradición oral son contradictorios) sino los poderes patriarcales quienes, en su nombre, interpretaron los textos y quienes impusieron socialmente los códigos de género2.

Las democracias actuales se construyeron sobre estas pautas culturales y las dictaduras del siglo XX (nazismos y fascismos) jugaron un papel de reafirmación -en lo personal, lo simbólico y lo político- de los más exacerbados valores patriarcales. Esta socialización, que otorgaba privilegios a los hombres por el hecho de serlo, aún sigue instalada en algunos ámbitos sociales, entre ellos, miembros del ámbito judicial, que se nos muestra resistente a aplicar leyes igualitarias y dicta sentencias impropias de un sistema democrático, es decir, igualitario.

Por esto, aunque los sistemas políticos hayan cambiado, aún cuando las leyes no discriminen, las mentalidades pueden seguir enclavadas en los valores antiguos y surgen grupos o individuos que, al ver que peligran sus “antiguos privilegios” actúan con violencia. En los sistemas democráticos igualitarios formales occidentales, podríamos decir que la violencia contra las mujeres es una forma de resistencia ante la democracia, ante el igualitarismo.

2.- Algún comentario al derecho patriarcal ilustrado

Voy a detenerme en Rousseau por ser uno de los padres de nuestro derecho actual. Porque a pesar de su pensamiento ilustrado, hace un planteamiento sobre las Leyes que mantienen la naturalización de las mujeres, clave también de los pensamientos religiosos monoteístas.

En el Contrato Social se evita cuidadosamente nombrar la subordinación femenina, porque su actitud pondría de manifiesto el contrasentido de sus principios políticos de igualdad y de la función del gobierno: "el hombre nace libre, y por doquier se encuentra encadenado" dice en la primera línea de su obra, y el gobierno tendrá como principal función equilibrar la igualdad y allanar las desigualdades.3

Rousseau define el contrato social en forma de grupo juramentado: compromiso fraternal de los varones como genérico y exclusión absoluta de las mujeres.4 Por ello, el cuestionamiento práctico de esa fidelidad es una traición y el individuo que la transgrede es un enemigo. El juramento tiene dos caras: la de la fraternidad (entre hombres) y la del terror (para quién vulnere el pacto).

El terror es un elemento estructural del pacto patriarcal roussoniano; todo malhechor que vulnera el derecho social se hace con sus fechorías rebelde y traidor a la patria; deja de ser miembro suyo al violar sus leyes, e incluso puede decirse que le hace la guerra. Entonces, la conservación del Estado es incompatible con la suya; es preciso que uno de los dos perezca y, cuando se da muerte al culpable, es como a un ciudadano, no como a un enemigo.

El contrato social produce una comunidad de hombres libres y el contrato matrimonial establece relaciones de dominio. Así, todos los hombres, que están separados verticalmente a través de las clases sociales, con la familia patriarcal se proporcionan un referente de unidad, al ayudar a crear la ficción de las afiliaciones horizontales entre ellos.5

Cole Paterman, en The Sexual Contrat (1988) caracterizó el patriarcado moderno, tal como se pone de manifiesto en los presupuestos de los teóricos del Contrato Social, como la adjudicación a los varones de la capacidad de generar vida política mediante el poder alumbrador del pacto del ámbito de lo público -versus la capacidad de las mujeres de producir vida natural en el espacio privado- en cuanto acotado previamente por un contrato sexual que no es sino pactum subiectionis, y que, precisamente, por estar en ese espacio privado, como lo señalara la antropóloga M.Z. Rosaldo “no se ve,”o, si se quiere, se invisibiliza.6

3.- Mitos y dioses

Otro de los ámbitos en los que mejor se han conservado las huellas de las formas de vida tradicionales-patriarcales es el mundo de los mitos, las leyendas y las creencias.

Los mitos son generalmente relatos sobre dioses. Los mitos sostienen que los actos de los dioses crearon la naturaleza, la cultura y el orden que las mantiene unidas. La narración de tales mitos confirma una y otra vez los valores y normas del pueblo. Especifican el comportamiento que la gente debería imitar y confirman la efectividad del ritual.

La Antropología, que se ocupa del mito y de los rituales, no se enfrenta solamente al establecimiento de los significados de los símbolos de un mito, sino también a descifrar las ideas centrales de las culturas y a mostrar de qué forma éstas, tan numerosas y a veces dispares, encajan. La gente piensa y siente a través de la complejidad de sus mitos, que casi nunca analizan de forma consciente.

Sea lo que sea la verdad histórica, los mitos son verdad, en el sentido de que proporcionan una serie de premisas para interpretar el mundo y juzgar la validez de la cultura.7

Las imágenes masculinas de los dioses son el fruto de las tradiciones patriarcales con los soportes de la teología, y es ésta tradición cultural quién nos hace imaginar y representar a los dioses con figuras masculinas.8

Pero las religiones monoteístas añadieron otros símbolos que han jugado un papel decisivo en la construcción del orden patriarcal, porque el propio monoteísmo es, per se, esencia del patriarcado. Conviene recordar las ideas expresadas por Rosalind Miles, citada por Victoria Sau:

"Ahora dios ya no estaba en el trueno, en las nubes que velaban la distante cordillera de montañas, sino que estaba en cada figura autoritaria masculina: desde el sacerdote hasta el juez y rey. Estaba en el padre, hermano o tío de cada mujer; estaba en su marido, al igual que estaba en su hogar y en su cama. Finalmente, y esto es lo más importante, estaba en su mente"9

Patriarcado y religión son las herramientas de difusión de la ideología machista (adoctrinamiento) En el seno patriarcal nacen las religiones monoteístas masculinas: Judaísmo, Cristianismo e Islamismo. Todas y cada una de ellas sustentan estructuras de poder machistas:

-Son jerárquicamente discriminatorias con las mujeres.

-Son el soporte ideológico de sociedades igualmente machistas con costumbres (a veces leyes) discriminatorias.

-La interpretación de su doctrina es machista

Ejemplos:

– Irán: Desde la Revolución Islámica de 1979, las leyes iraníes ordenan que todas las mujeres jóvenes deben usar el velo y cubrir sus cuerpos con un largo traje negro. De lo contrario, enfrentan duras multas e incluso la cárcel. En un juicio, el testimonio de dos mujeres es equivalente al testimonio de un varón: vale sólo la mitad. No pueden ser juezas, o candidatas a la presidencia.

– Afganistán talibán y, de facto, post-talibán: tienen prohibido trabajar, salir solas. Si caminan por las calles deben estar cubiertas de pies a cabeza. Cualquier infracción será duramente penada por la flamante policía religiosa.

-Arabia Saudí : las mujeres no pueden votar.

-Camerún : es el marido quien decide si la mujer trabaja o no .

-Sudán : todavía permite los matrimonios forzados .

-Nigeria: la violencia intrafamiliar está permitida por ley.

-Chile : el marido es el titular de la custodia conjunta de bienes .

-Líbano : según su Código Penal, un hombre que mata a su esposa o a otra mujer de su familia, puede conseguir que le reduzcan la condena si demuestra que cometió el delito en respuesta a una relación sexual socialmente inaceptable de la víctima.

Al menos 36 países de todo el mundo mantienen leyes que permiten discriminar a las mujeres por razón de su sexo, según un informe de Amnistía Internacional.

Esta ONG señala a esta desigualdad como la principal causa de la violencia contra las mujeres.

La dominación simbólica, sea de etnia, de género, de cultura, de lengua…… no se ejerce en la lógica pura de las consciencias conocedoras, sino a través de los esquemas de percepción, de apreciación y de acción, que son esquemas constitutivos de los hábitos, y que fundan una relación de conocimiento profundamente oscura en sí misma.

A modo de ejemplo, Bourdieu cita la autoexclusión de las mujeres del ágora, a la vez que señala la opacidad e inercia como resultado de la inscripción de las estructuras sociales en el cuerpo.

El principio de la visión dominante no es una simple representación mental, no es un fantasma, no es una ideología, sino un sistema de estructuras permanentemente inscritas en las cosas y en los cuerpos.10

La fuerza del orden masculino aparece en el hecho de que no requiere justificación, es decir, toda normatividad se dirige siempre a discutir en qué consiste el ser de la feminidad, puesto que ser hombre es lo normal…. En cambio, el ser femenino sí que ha de ajustarse a la noción de feminidad, que por cierto, aún hoy conserva su ajuste a los principios de resignación y discreción: sonreir, mirar respetuosamente, expresar timidez, exhibir el cuerpo de modo controlado. Son éstas siempre armas débiles del débil que consisten en seducir desde la pasividad".11

4.- El catolicismo en las sociedades democráticas

En el último cuarto de siglo, la sociedad española ha experimentado profundas trasformaciones sociales y culturales. Uno de los cambios más significativos ha sido el proceso de secularización y la aparición de un pluralismo moral que no admite imposiciones dogmáticas de ningún tipo en el ámbito de los valores y las normas morales individuales y sociales. Así, la religión católica que, durante muchos siglos fue en España la base de las convicciones morales de gran parte de la población, ya no es en la actualidad el único referente ético para una mayoría de los ciudadanos.

El fenómeno del pluralismo moral está unido en nuestro país al creciente peso de la moral laica y a la aparición del pluralismo religioso, vinculado, en gran medida, al creciente fenómeno de la inmigración. En estas condiciones los viejos privilegios de la Iglesia Católica pueden conducir a situaciones absurdas.

Ante estos nuevos fenómenos, la vertebración de una sociedad laica recobra actualidad porque el ideal del laicismo, como ya se ha demostrado en otros países, es una garantía de libertad y de integración democrática de las diversas creencias religiosas y morales que conviven en una sociedad

La Iglesia Católica es una organización jerárquica que se diferencia claramente de las demás organizaciones democráticas de cualquier estado. El Vaticano como Estado, y como organización de una religión jerárquica, no introduce las reglas democráticas en su seno. No es de extrañar que algunas organizaciones feministas reunidas en la ONU recientemente hayan pedido que se le expulse de esta Organización por no tener un funcionamiento democrático.

Pero el Vaticano insiste. Quiere participar en nuestro país en la elaboración de las Leyes, sobre todo aquellas que afectan a los derechos de las mujeres y a la libertad de identidades. Observamos que es un Lobby muy poderoso que sigue introduciendo la doctrina católica por todas partes, principalmente en las sociedades llamadas primitivas y en países en vías de desarrollo, inculcándoles a las personas el sentido de la culpabilidad, el temor, la angustia…Difunden sus mitos, que crean un simbolismo femenino creador de esas culpabilidades: la virginidad de María, madre pura, esposa fiel, abnegada y mártir…tiene graves consecuencias en lo simbólico-social.

Es una organización machista; las mujeres siguen siendo seres humanos de segunda clase para los jerarcas del Vaticano. Y, sin embargo, son muchas las mujeres: en España, en países de América Latina, en África…las que muestran más claramente que los varones su fidelidad a la Iglesia Católica. ¿Es la falta de formación entre hombres y mujeres lo que produce esta clara contradicción? ¿Por qué, si el Vaticano ataca los derechos fundamentales de las mujeres, estas le muestran su fidelidad?

Es este uno de los retos que tenemos los movimientos feministas y laicos: desentrañar las claves para conocer y combatir los peligros de la “teocracia”, del patriarcado que quiere limitar nuestros derechos de ciudadanía.

5.-Necesidad del laicismo

Es esencial, para consolidar los derechos de la ciudadanía que los estados se hallen libres de las influencias religiosas. Para ello hay que sacar el adoctrinamiento religioso de las escuelas y favorecer el conocimiento de todas las religiones en su categoría de vehículos normativos y culturales responsables en la mayor parte del mundo de la falta de libertades de las mujeres y de su sometimiento.

El ordenamiento sagrado no pude imponerse sobre el legislativo. Vivimos en democracias, no en teocracias, y no podemos permitir que en los espacios donde se toman decisiones que afectan a la vida de las mujeres haya miembros que pertenecen a organizaciones que imponen disciplina y obediencia ajenas al Orden Constitucional y a los Derechos Humanos. El mayor peligro que enfrentan los derechos humanos de las mujeres en el mundo proviene de la injerencia de las religiones en los Estados y por tanto es necesario apostar claramente por el laicismo. Sobre esto, una reflexión muy actual. Cada cierto tiempo salían a la luz casos de sacerdotes que abusaban sexualmente de menores. Estos hechos han tomado una dimensión enorme en el último año. La mayoría de estos pederastas quedaron impunes, amparados en el silencio y la protección de la Iglesia, que obstaculizó las investigaciones policiales y prefirió ocultar los casos a denunciarlos y hacer justicia.12

Desde la sociedad hablamos de la justicia humana, civil, porque suponemos que con su justicia divina, es decir, con penitencia, zanjaban el problema. Sin embargo, hay una paradoja dentro de la Institución eclesiástica: cuando se trata de hacer leyes humanas, es decir, civiles, que reconozcan derechos a las mujeres, como la Ley de Plazos del Aborto, no se conforman con la justicia divina. En estos casos si quieren que se castigue a las mujeres desde las leyes civiles, y convocan movilizaciones multitudinarias en las que participan los más destacados jerarcas de la Iglesia Católica.

 

1Cobo, R: La democracia moderna y la exclusión de las mujeres, en Revista Mientras Tanto, nº 62. Barcelona, 1995.

2 Acerca de la polémica sobre el velo, p.ej, estudios de antropólogos/as nos enseñan que tiene orígenes prácticos, no religiosos: protección frente a un medio desértico, arenoso y los robos de mujeres practicados por hombres de tribus rivales. Por eso se tapaban, para protegerse al no ser identificadas. Estos hechos son anteriores al Islam.

3Figes,E: Actitudes patriarcales:las mujeres en la sociedad. Alianza. Madrid.1972

4Rousseau, J.J: Contrato Social, en Espasa Calpe.Colección Austral, Madrid.1993.

5Amorós,C: Violencia contra las mujeres y pactos patriarcales. En:V.Maquieira y Cristina Sanchez (comp):Violencia y sociedad patriarcal, Madrid, Pablo Iglesias.1990

6 Amorós,C: Hongos hobbesianos, setas venenosas. Mientras tanto, nº 48, (p.64)

7 Bohannan, P: Para raros, nosotros. Introducción a la Antropología cultural.Akal. Madrid,1996. (p.227)

8Juliano, D: Las que saben. Subculturas de mujeres..Ed, Horas y Horas.Madrid,1998 (p.77). Para obtener más información, ver, además:VV.AA: Monográfico sobre Feminismo y Cristianismo. Revista Poder y Libertad, nº 26. 1995. Ed Vindicación Feminista.; Gerda Lerner: La creación del patriarcado, Ed Crítica, 1990; Jane Saltzman: Equidad y Género, Ed Cátedra,1992; Donna W Cross: La papisa, Ed Círculo de Lectores, 1996 y VV.AA: Cabellos largos e ideas cortas, Ed Akal, 1993.

9Miles, R: La historia del mundo. Ed Civilización. Barcelona.1989.Citada por Victoria Sau: Diccionario ideológico feminista. Ed, Icaria, 1990. Para profundizar en estas ideas, se pueden consultar las siguientes fuentes: VV.AA: Monográfico sobre Feminismo y Cristianismo. Revista Poder y Libertad, nº 26, 1995. Ed Vindicación Feminista. Lerner, G: La creación del patriarcado, Crítica, 1990.

10 Bourdieu,P: La domination masculine, Ed Seuil. Collection Liber,París,1998

11 Bourdieu, P: op.cit, (p.15)

12Ver: www.somosiglesiaandalucia.net. Desde este sitio, se cita un documental de la BBC que dice: "Que no se descubra al cura pederasta" Un texto que fue sustituido por otro similar en 2005 por el que el Vaticano asumía la competencia exclusiva en estos casos, por lo que todos los expedientes de pederastia deben pasar por Roma. Aún así, muchos curas que han practicado este tipo de avisos en otros países, acaban refugiándose en el Vaticano, que considera un “éxito”, según el documental, que “un caso de pederastia no se descubra”.

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