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Un candidato de Bolsonaro, rumbo al Supremo de Brasil con toga y Biblia

El presidente propone a un pastor evangélico de 48 años para una vacante en el alto tribunal.

Brasil es un Estado laico —y conservador— donde decenas de parlamentarios se reúnen una vez por semana para rezar juntos en una sala del Congreso, en Brasilia. Fue en uno de esos encuentros, hace ahora dos años, donde el presidente Jair Bolsonaro hizo una promesa solemne a los presentes: “Voy a poder proponer a dos jueces para el Tribunal Supremo, uno de ellos será terriblemente evangélico”, proclamó el exdiputado, que allí mismo recalcó su fe en que Dios lo colocó en la cúpula del poder.

El anuncio entusiasmó a los cristianos más ultras, pero espantó a los partidarios de la estricta separación Iglesia-Estado. Dos años después, el presidente Bolsonaro está a punto de cumplir la promesa. El hombre ungido para entrar en el máximo tribunal brasileño es André Mendonça, un jurista de 48 años pastor de la Iglesia Presbiteriana de la Esperanza que hizo un máster y la tesis doctoral en la Universidad de Salamanca (España). Cuando le preguntan por el calificativo, Mendonça suele replicar: “No sé qué quiere decir terriblemente. Yo soy evangélico”.

El mandatario confió a este jurista y pastor el Ministerio de Justicia cuando el antiguo juez Sergio Moro dimitió bruscamente en 2020 tras acusar a Bolsonaro de interferir en la policía federal para proteger a sus hijos.

Si el Senado confirma su nombramiento en las próximas semanas, dejará la jefatura de la Abogacía del Estado para sustituir a un magistrado que acaba de retirarse del Supremo por cumplir los 75 años. El pasado abril, cuando Brasil rondaba los 4.000 muertos diarios por la covid-19, Mendonça defendió con vehemencia y citas bíblicas, en una vista judicial en el Supremo al que ahora quiere entrar, la reapertura de las iglesias para cultos y misas presenciales. El abogado del Estado llegó a decir en su alegato que “los cristianos están siempre dispuestos a morir para garantizar la libertad religiosa y de culto”.

Fiel a su estilo, Bolsonaro —un católico que es esposo y padre de evangélicos— perdió un minuto en dejar claro lo que espera de él. “Solo le pido que una vez por semana empiece la sesión [del Supremo] con una oración. Estoy seguro de que los otros 10 jueces no se opondrán, si se aprueba [el nombramiento] en el Senado. Se sentirán con el alma más ligera para emitir sus juicios”, declaró el militar retirado al oficializar la candidatura de Mendonça. La primera aparición pública de Bolsonaro tras ganar las elecciones fue un rezo televisado, algo inédito entre sus predecesores.

El mandatario debe mucho de su triunfo en las urnas a los evangélicos, cada vez más cortejados por unos candidatos conscientes de su pujanza y su creciente poder político frente al retroceso de los católicos. Ningún otro colectivo apoyó a Bolsonaro con tanto entusiasmo, siete de cada diez le votaron en 2018. Lula da Silva ya está lanzando guiños a las bases evangélicas aunque no ha confirmado por ahora que se presente a las próximas elecciones.

La influencia del jurista y pastor Mendonça sería enorme porque estaría 27 años en la Corte que ha ejercido el contrapeso más activo ante los tics autoritarios del ultraderechista. Es también el tribunal que sentó las bases para legalizar en 2013 las uniones homosexuales. Su decisión más controvertida de los últimos tiempos fue encarcelar e inhabilitar al expresidente Lula da Silva y, después, excarcelar y rehabilitarlo.

El español Nicolás Rodríguez-García, catedrático de Derecho Procesal, conoce bien al brasileño candidato al Supremo. Le dirigió la tesis doctoral, titulada La gestión de la información y la recuperación de activos procedentes de la corrupción, que Mendonça escribió en español y con la que ganó un premio extraordinario de la Universidad de Salamanca en 2019.

“Es espectacularmente brillante, el mejor de su promoción, trabajador como pocos”, explica por teléfono el también vicerrector de posgrado del citado centro y director de un máster sobre estrategias anticorrupción y políticas de integridad que han cursado muchos otros latinoamericanos que ostentan cargos en las altas magistraturas. Cuenta el profesor que los trabajos del brasileño han dado pie a libros y artículos, que sus propuestas “siempre estaban bien fundamentadas”. Es más, añade, “en clase nadie le ganaba un debate. Cuando vino ya era un sénior”.

Lo recuerda como alguien “tranquilo, reflexivo, ecuánime que siempre puso en valor la institucionalidad de Brasil”. Detalla que su formación también incluyó estancias en Estados Unidos, en la Universidad de Stetson (Florida), y que en algunas de sus temporadas en la ciudad universitaria española lo acompañó su familia.

Bolsonaro ya nombró un primer juez para el Supremo el año pasado; Kassio Nunes tampoco ha cumplido los 50, de manera que hasta los 75 tiene por delante una larga carrera en el tribunal.

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