Un Arzobispo al servicio del Régimen

¿O es que hay un Evangelio especial para los militares españoles al que le falta ese quinto mandamiento que reza «no matarás»? El señor Pérez González vino a Navarra a continuar la obra de apuntalamiento del Régimen iniciada por su antecesor Sebastián, el del tricornio

La imagen del Arzobispo de Iruñea Monseñor Pérez González encabezando el acto de protesta promovido por el grupo ultraderechista ¡Alerta Navarra! ante la clínica Antsoain es una imagen tan llena de significado que no ha dejado indiferente a nadie. Por la forma (acoso directo a mujeres y profesionales de la medicina que no hacen otra cosa que ejercer sus derechos); pero, sobre todo, por el contenido y el momento tan especial en el que ha tenido lugar dicho acto de protesta.

Desde luego, en una Navarra que en 2013 registró una media de 11,2 manifestaciones por día, el hecho de que el Arzobispo participe en una de ellas no debiera ser noticia. Pero sucede que Monseñor nunca hasta ahora se había dignado a compartir asfalto y pancarta con la masa de perjudicados por la crisis y las políticas de PP-UPN; de ahí la espectación causada por el motivo que ha conseguido lanzar a su Ilustrísima a la calle, rosario en mano. En una comunidad lastrada por el paro, los ERE, la corrupción, los deshaucios, el incremento de los índices de pobreza, el deterioro de los servicios públicos, la pérdida del poder adquisitivo de salarios y pensiones, los ataques a los derechos lingüísticos, a la libertad ideológica, a… el Arzobispo tira por elevación y rompe peras por lo que verdaderamente importa: el derecho a la vida.

¿Sí? ¿Es el derecho a la vida lo que quita el sueño a su excelencia? Pues como que hay algún motivo para la duda razonable. Para quien ha ejercido de Arzobispo Castrense en el Ejército español durante las recientes guerras de Oriente, no parece que la vida sea un valor absoluto a defender y preservar por encima de todo lo demás. ¿O es que hay un Evangelio especial para los militares españoles al que le falta ese quinto mandamiento que reza «no matarás»? Porque aquí no cuela eso que les dijo a los del portal digital Camineo.info en su entrevista de 2007, algo así como que matar es legítimo si es para garantizar el derecho que «toda persona tiene a defenderse y a sentirse protegida». No por nada sino porque al Ejército español no lo hemos conocido nunca en posición de legítima defensa. Lo hemos conocido siempre en posición de ataque ilegítimo a los derechos de los pueblos y las clases populares de medio mundo. Me ahorro los ejemplos por evidentes y porque su cita nos alejaría del tema que hoy queremos abordar.

Lo que sí me va a permitir Monseñor es que le recuerde un caso todavía muy fresco en la memoria de toda la sociedad navarra y que deja más aún en evidencia su asquerosa doble moral en el debate que nos ocupa; el debate sobre lo que usted llama derecho a la vida y nosotros y nosotras llamamos los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. ¿Se acuerda usted de Nagore Laffage? Era usted ya Arzobispo de Pamplona cuando fue vilmente asesinada por uno de «los suyos», José Diego Yllanes. Suena fuerte, ¿verdad? Pues es así de cierto y así de cruel. El asesino de Nagore Laffage se educó en «su» Universidad del OPUS, se colocó en «su» Clínica Universitaria y, cuando tuvo problemas, fue defendido por «su» gente, la gente del Régimen. Porque no me negará que no es una figura del Régimen el letrado que defendió a Yllanes, don Eduardo Ruiz de Erenchun, esposo de la actual consejera de Salud por UPN Marta Vera. Pues bien Monseñor, usted no ha tenido la decencia de salir ni un solo día a la calle para pedir justicia por Nagore; ni ha dicho ni hecho nada para evitar que su asesino goce ya de permisos tras pasar un brevísimo periodo de prisión dorada. Claro, Nagore era mujer, era humilde y encima, era vasca, y ya se sabe cómo se enseña a tratar a la gente vasca en «sus» colegios del OPUS, ¿verdad Monseñor? Ah!… no me venga con el cuento de que «la misericordia de Dios es infinita» para justificar que cualquier día nos encontremos al tal Yllanes ejerciendo en alguno de «sus» centros.

No, lo que ha empujado a Monseñor a movilizarse en Antsoain no es la defensa de la vida, sino la defensa del Régimen. El señor Pérez González vino a Navarra a continuar la obra de apuntalamiento del Régimen iniciada por su antecesor Sebastián, el del tricornio. Dándose la circunstancia de que a pesar de los esfuerzos eclesiales, el Régimen de la Navarra Foral y Española se encuentra tocado del ala y amenaza ruina. La crisis, la corrupción y las nuevas mayorías progresistas emergentes amenazan con llevarse por delante una obra que durante décadas ha garantizado los privilegios de una poderosa elite dirigente a cuyo servicio ha puesto la Iglesia su vasta red de herramientas educativas, políticas y económicas.

Para ello, Monseñor Pérez se ha rodeado de una Curia Diocesana de clara mayoría ultra, con tres miembros del OPUS, dos de los llamados «kikos» y al menos otro miembro perteneciente a las «milicias de Santa María». Destaca en su guardia de corps el designado como vicario episcopal para los asuntos económicos y de patrimonio, don Fco. Javier Aizpún y Bobadilla. Un economista directivo además de la Unión Mutua Asistencial de Seguros a Prima Fija, entidad madrileña de la que sigue siendo presidente honorífico el mismísimo Rouco Varela. El pedigrí de adhesión al Régimen de Aizpún Bobadilla queda rubricado por ser sobrino de Jesús Aizpún Tuero, fundador de UPN y alma máter del Régimen en Navarra hasta su muerte. Las propiedades de nuestros pueblos ilegítimamente inmatriculadas a nombre de «su» Iglesia están, pues, en buenas manos. Se entiende mejor así que a Monseñor quizá le mueva el miedo a perder su posición de poder si las cosas empiezan a cambiar en Navarra.

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