Un año sin mezquita

Los fieles del templo salafista precintado en Lleida rezan ahora en aparcamientos de la localidad. Una entidad moderada levantará un oratorio en el polígono con dinero kuwaití

 «Necesitamos un sitio, como tienen los de otras religiones. Estamos cansados de rezar a la vista de cualquiera, nos miran». Abderrahjane Jaatout, un argelino con 25 años de residencia en Lleida, se siente así después de un año sin su mezquita, en la calle del Nord. Desde que el ayuntamiento la precintó, reza con el imán salafista Abdelwahab Houzi en párkings públicos, como el de los Camps Elisis.
 El 21 de julio del año pasado, el Ayuntamiento de Lleida precintó el polémico templo, del que el juez ya ha ordenado el desahucio por el impago del alquiler de la comunidad islámica a los dueños. El alcalde, el socialista Àngel Ros, quería acallar 10 años de quejas vecinales por la ocupación de la calle por parte de los musulmanes que no cabían en el local y echar un pulso al imán, que mientras extendía su mensaje integrista daba largas a la construcción de la nueva mezquita en los terrenos que la ciudad le había cedido en un polígono.
 Con el argumento de exceso de aforo, la Guardia Urbana puso cerrojos y cadenas, que retiró durante el lapso de un mes –entre agosto y septiembre– dando un voto de confianza a la comunidad, que se comprometió a no dejar entrar a más de 240 personas. Un viernes de septiembre, la policía local contó 612 y el ayuntamiento puso las cadenas para siempre mientras el imán lanzaba mensajes sobre la falta de dinero para la nueva mezquita.
 El ayuntamiento, que este año ha sido el primero en España en prohibir el velo integral en espacios municipales, daba ya entonces lo que fuera por que apareciera otro líder. Quería matar dos pájaros de un tiro: acabar con el problema del templo y debilitar el mensaje salafista de Houzi, cuestionado por parte de la comunidad islámica catalana.
 El juego del ratón y el gato
 El juego del ratón y el gato del que hablaba un alto cargo municipal hace un año acabó cuando Houzi pidió al consistorio que pagara una construcción provisional porque no tenía dinero. El ayuntamiento aprovechó para rescindir el contrato de cesión del local y negociar ofrecerlo a otras comunidades mientras al imán le crecían los problemas.
 La Fiscalía abrió una investigación para averiguar si Houzi, como presidente de la comunidad Islámica de Cooperación y Unión de Lleida, se había apropiado de las limosnas de los fieles, como afirmaba una denuncia anónima. No lo ha podido determinar, por lo que ha archivado la denuncia, pero ha detectado irregularidades fiscales en la librería en la que la entidad tiene su sede.
 Durante el proceso, Houzi ha pasado una temporada en Marruecos. En ese tiempo ha dirigido los rezos otro imán más radical de la corriente salafista de Torredembarra, Ahmed Loouane, alias Abu Ibrahim. Houzi ha sido relevado de la presidencia de la asociación. «Ya solo me encargo de las oraciones» , dice.
 Ahora, cuando se habla de que los marroquís (un colectivo muy potente en Lleida) tenga derecho a voto en las municipales, el consistorio ha recibido una oferta para levantar una mezquita en el polígono de «gente conocida por el ayuntamiento, afincada en la ciudad y pueblos cercanos», en palabras de responsables de inmigración.
 Primer pago por el proyecto
 Aloumma, la nueva entidad, está presidida por Mohamed Kharbouch, un marroquí residente en Les Borges Blanques vinculado a la rama catalana de la Unión de Comunidades Islámicas de España.Para el proyecto –que ya ha presentado en el ayuntamiento pagando 3.000 euros– tiene el apoyo de empresarios de Kuwait. Kharbouch habla catalán, castellano y árabe. Y sus planes incluyen contratar un imán que no sea miembro de la junta que promueve el templo.
 El alcalde insiste en que, pese a los desencuentros con Houzi, la comunidad musulmana es más amplia. «En la medida en la que haya imanes tolerantes, abiertos y no fundamentalistas, se mejorará la integración del colectivo», vaticina Ros.

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