Un abogado ruso lleva a los tribunales a la Iglesia ortodoxa por dar un mal servicio religioso

El pope no informó de que haría un funeral conjunto para varios difuntos

Cuando en agosto pasado murió el suegro de Alexei Konev, un jurista de la ciudad rusa de Ekaterimburgo (en los Urales), la familia decidió enterrarle como Dios manda; es decir, en plena sintonía con las tradiciones de la religión ortodoxa rusa. Se dirigieron a un pope (sacerdote) local para encargar una misa de cuerpo presente a la que invitaron a todos los familiares.
Al presentarse con el ataúd a las puertas de la iglesia a la hora indicada, se dieron cuenta de que el pope había decidido despedir a varios difuntos a la vez. Konev cuenta su versión de los hechos: "El religioso aparentemente tenía mucha prisa. La misa común me pareció muy corta y rutinaria. Cuando al término del servicio me acerqué a él para preguntar qué pasaba, me mandó a freír espárragos y se fue corriendo. Nos sentimos todos muy desengañados".

Derechos del consumidor
Lo que no sabía el pope era que Konev es el presidente de la organización Asesor del Consumidor que se dedica a defender derechos de consumidores en Ekaterimburgo. Tras pensárselo con calma, el ofendido presentó una demanda nada menos que contra la Iglesia ortodoxa rusa. "No estoy de acuerdo con la calidad de los servicios que nos ofrecen en las parroquias", dice Konev. El jurista exige en los tribunales que cada iglesia tenga un libro de reclamaciones al alcance de los parroquianos, así como que ponga a la vista una lista de precios y un horario.
En Rusia hay que pagar para encargar una ceremonia o una misa particular al pope. Por ejemplo, un bautizo en Moscú puede costar a los padres entre 700 y 3.000 rublos (entre 20 y 80 euros), dependiendo de los apetitos del abad. Oficialmente, no se trata de una remuneración, sino de "donaciones" voluntarias. Es decir, los creyentes que no se lo pueden permitir, pueden donar menos o bien prometer que harán una donación cuando el presupuesto se lo permita.
Sin embargo, Konev no está de acuerdo con esta explicación. "Pagué por un servicio y me dejó insatisfecho con su calidad. El pope no me había advertido de que iba a ser una misa conjunta. Yo protesto porque semejante situación infringe mis derechos de consumidor. Para mí, el pope está en la misma posición que un médico o un abogado", explica Konev.
Desde la entrada en vigor este año de varias enmiendas a ley que protege los derechos del consumidor, Rusia está viviendo un auge del llamado extremismo de los consumidores. Aprovechan el riguroso reglamento para cambiar de móvil cada dos semanas, o bien para viajar gratis al extranjero.
La causa de Konev será vista el próximo 16 de mayo en un juzgado de Ekaterimburgo. Los jerarcas locales de la Iglesia ortodoxa que figuran como demandados en el caso consideran absurdas las exigencias de Konev. "Para la Iglesia no existen consumidores o clientes. Todos son parroquianos. No es una tienda donde se pueda comprar lo que quieras", opina Vera Leshenko, una abogada de la Iglesia ortodoxa en Ekaterimburgo.

No es un comercio
La posición del pope de la parroquia en la que se celebró la misa de cuerpo presente para dar el último adiós al pariente de Konev es aún más perentoria. Dice que su iglesia no es un comercio que vende misas y, aunque lo fuera, su verdadero "cliente" era el difunto, que sería la "única persona que tiene derecho a interponer una demanda". "Nunca he tenido quejas de los muertos", sentenció.
"Este caso es para morirse de risa. Pero, sin duda, Konev se hará famoso. Es el primer caso en la historia rusa, y tal vez mundial, de un creyente que demanda a la Iglesia defendiendo sus derechos como consumidor", opinó un sacerdote moscovita a este diario.
La Iglesia ortodoxa ha experimentado un profundo renacimiento desde la caída del régimen soviético en 1991, tras décadas de acoso. La fe ortodoxa es hoy la principal religión en Rusia, profesada por un 60% de la población, mientras el islam alcanza el 10%. La ley rusa que regula la convivencia entre los distintos cultos no garantiza ninguna prioridad a la religión ortodoxa.

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