Un abogado de la Iglesia de EEUU también sufrió abusos

El letrado, agredido por curas cuando tenía 15 años, negoció a la baja pagos a víctimas Robert Scamardo conoce por partida doble los oscuros entresijos del escándalo de pederastia que sacude a la Iglesia católica en Estados Unidos. Él es un abogado de Tejas que representó a la diócesis de Galveston-Houston, pero también es un hombre de 44 años que a los 15 sufrió abusos a manos de dos prelados de la diócesis de Austin.

Hace unas semanas, ya sin trabajar para la Iglesia y tras superar pensamientos suicidas y terapia, recibió una indemnización de casi 212.000 euros (más de 35 millones de pesetas).
Scamardo relató los pormenores de su caso en una entrevista publicada ayer por The New York Times. En ella desveló algunos de los entresijos de esas negociaciones entre la Iglesia y sus víctimas. Según el abogado, siempre es la Iglesia la que insiste en incluir cláusulas de confidencialidad, algo que algunos obispos han asegurado que también pedían las víctimas. El letrado cree que hay muchos más curas abusadores y víctimas de los que se han dado a conocer y afirma que, pese a las muestras públicas de compasión por las víctimas de los obispos, fuera de los focos se exige dureza a los abogados.
A FAVOR DE LA IGLESIA
Scamardo empezó a trabajar para la diócesis de Galveston-Houston en 1997. Poco antes, un jurado en Dallas había decidido que 11 víctimas de abusos sexuales a manos de un sacerdote fueran compensadas con 101 millones de euros, lo que llevó a los abogados de la Iglesia a la conclusión de que había que evitar que este tipo de casos llegaran a un jurado.
Scamardo empezó a trabajar con las víctimas que se planteaban llevar sus casos a los tribunales, investigando sus alegaciones y buscando fórmulas para limitar la responsabilidad de la Iglesia. Pero el abogado, que abandonó la Universidad Pontificia en Roma un año antes de ordenarse sacerdote, luchaba con su propio caso, que durante años ocultó a su mujer y a sus tres hijos.
DOS ABUSADORES
Cuando tenía 15 años, Scamardo fue invitado a una convención católica en San Antonio. No hizo preguntas cuando el reverendo Dan Delaney, director de juventud de su diócesis, pagó sólo una habitación, pero la primera noche se despertó con el cura encima de él masturbándole.
El joven denunció los hechos al padre James Reese, que tras escucharle empezó también a abusar sexualmente de él repetidamente. Reese –que como Delaney ya no ejerce ningún ministerio para la Iglesia– respondió en una conversación con The New York Times. «Aunque puede ser cierto que mantuviéramos una relación no creo que las cosas sean como dice», declaró.
Scamardo explicó que las dudas sobre su trabajo para la diócesis le surgieron poco a poco, especialmente tras el suicidio de una víctima. En agosto del 2002 pensó en su propio suicidio. Un mes después pidió ayuda económica a los obispos para los que trabajaba para acudir a terapia. Poco después dimitió y, tras dicrepancias económicas con la diócesis, contrató un abogado que el 29 de octubre logró la indeminización.

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