Úbeda, ciudad de semana santa y de ciudadan@s

A nuestra asociación vienen llegando  reflexiones, quejas, propuestas que hemos entendido pertinente trasladarle en este momento, en este documento que podríamos titular

ÚBEDA, CIUDAD DE SEMANA SANTA Y CIUDAD DE CIUDADAN@S

Desde el laicismo, movimiento en el que se integran personas creyentes, agnósticas o ateas, se pretende la separación de estado e iglesias que se da en cualquier sociedad democrática y también en el ordenamiento constitucional de España. Sin embargo, al aparecer en el horizonte (últimamente casi todo el año) la semana santa, la ciudad es tomada por una vorágine procesional que, aun siendo por distintas causa del agrado de gran parte de la población, han suscitado el presente pronunciamiento. Éste tiene lugar desde el riguroso respeto que nos merecen todos y cada uno de los vecinos y vecinas de Úbeda. Vayamos por partes:

La aconfesionalidad del Estado aconseja, también en el municipio, que los cargos públicos no ejerzan representación de la ciudadanía en actos de carácter religioso. Por ello entendemos que el Alcalde (pese a sus precedentes ofrendas marianas) y demás concejales canalicen su legítimo fervor como cualquier persona en la cofradía o cofradías de su devoción.

Crisis y medios municipales.- Teniendo en cuenta la época de recortes en que vivimos y lo que en parte obliga la aconfesionalidad, sería deseable que se revisaran con el mismo criterio las distintas partidas económicas que las procesiones ocasionan, a saber: aportación a la agrupación de cofradías y horas extraordinarias de la policía local, tanto en ensayos como en los desfiles procesionales. En este sentido, como en otros, la ciudad en su conjunto tendría que valorar cuáles son las prioridades y actitudes necesarias para afrontar la crítica situación social actual.

Turismo.- Comprendido el vínculo que el evento tiene con la llegada de visitantes de todas las latitudes, entendemos que ha de cuidarse la imagen que este acontecimiento ofrece, acorde con lo que la ciudad promueve a lo largo de todo el año. Por supuesto que hemos de reconocer los valores artísticos y plásticos a que dan lugar estas demostraciones. Sin embargo, todo ello debería ser compatible con la imagen de una ciudad culta y tolerante, acorde con la sociedad propia del siglo XXI.

Tradición.- Aunque lo que proviene de nuestros mayores hemos de valorarlo con un respeto no exento de crítica, para ello habremos de conocerlo previamente. Parece que no se tiene en cuenta de manera global el origen gremial de muchas de las cofradías e incluso aspectos de lucha de clases en alguna de ellas. Se aprecia una tendencia a importar los oropeles de otros lugares, como por ejemplo Sevilla, en detrimento de lo mejor de nuestra propia tradición. De la misma manera, estaría bien recordar algún precedente, que lo hay, de festividad primaveral precristiana.

Respeto y rigor.- Tanto durante los meses previos como durante la propia semana santa, hay un sector de la ciudadanía ubetense, amante o no de las procesiones, que padece desde sus domicilios importantes molestias en forma de ruidos o de cortes de la circulación por causa de los ensayos procesionales. Estaría bien que se hiciera lo posible por hacer compatibles ambas aspiraciones.
 

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