Turquía: Oriente y Occidente

Tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, la nación turca supo sacar fuerza de la debilidad y, bajo el liderazgo de Mustafa Kemal Atatürk, consiguió expulsar a los ejércitos francés, inglés, italiano y griego que se habían repartido las piezas del moribundo imperio. Nació entonces la República de Turquía bajo los ideales importados de la Revolución Francesa: laicismo, nacionalismo y una gran importancia del Estado.

La Turquía actual es un país moderno y dinámico, tras haber dejado atrás la problemática década de 1990. Después de sufrir una dura crisis en 2001, la economía turca se ha recuperado hasta entrar entre las 20 mayores del mundo, con sectores diversificados desde la industria a la agricultura y el turismo.

También ha reforzado sus vínculos con las naciones africanas y, recientemente, ha desembarcado en América Latina gracias a la amistosa relación que unía al primer ministro Erdogan con el ex presidente brasileño Lula da Silva.

Sucesivas civilizaciones han poblado esta tierra formada por la península de Anatolia y la Tracia Oriental desde el principio de los tiempos y ha sido la cuna de algunas de las mayores influencias de la cultura europea. Aquí enseñó Aristóteles, nació Tales de Mileto y Heráclito descubrió que en la vida “todo fluye”. Paris mató a Héctor con su flecha en Troya, vecina de la actual Çanakkale.

La abrasadora planicie de Harrán, en la provincia de Urfa, vio nacer a Abraham, padre de la fe judía, cristiana e islámica. El apóstol Pablo, que vino al mundo en la ciudad de Tarso (sur de Turquía), convulsionó a las gentes de Anatolia con las ideas de una nueva religión cuando leyó sus epístolas a los gálatas y a los efesios.

Muchos de esos primigenios cristianos se refugiaron en estas tierras: desde la bella Antioquía, donde San Pedro fundó una de las primeras iglesias de la historia, hasta las oníricas formaciones rocosas de Capadocia. Y María encontró consuelo en Éfeso, en la costa Egea, tras el asesinato de su hijo en Jerusalén. Incluso el origen de Papa Noel (San Nicolás), se encuentra aquí, en la ciudad de Myra, junto a las azuladas aguas de la Costa Turquesa.

LA DEFINITIVA LLEGADA DE LOS TURCOS A ANATOLIA.

Los turcos llegaron a Anatolia en el siglo XI, tras su largo peregrinar desde las estepas de Asia Central durante el que cambiaron sus tradiciones chamanistas y sus tiendas de campaña nómadas por la religión que proclamó Mahoma. En esta tierra se hicieron europeos hasta llegar a convertirse en uno de los Imperios más temidos en el Viejo Continente, dejando su huella en los Balcanes y la Europa Oriental.

Cuando el estado Otomano se convirtió en el “hombre enfermo de Europa” y resultó uno de los mayores derrotados de la Primera Guerra Mundial, la nación turca supo sacar fuerza de la debilidad y bajo el liderazgo de Mustafa Kemal Atatürk consiguió expulsar a los ejércitos francés, inglés, italiano y griego que se habían repartido las piezas del moribundo imperio. Nació entonces la República de Turquía bajo los ideales importados de la Revolución Francesa: laicismo, nacionalismo y una gran importancia del Estado.

Desde la década de 1960, Turquía ha llamado a la puerta de la Unión Europea, siendo rechazada en varias ocasiones. Pero como novia insistente, consiguió que en 2005 se abriesen las negociaciones de adhesión, aunque el proceso puede alargarse durante años, debido a las profundas reformas que tiene que llevar a cabo el gobierno, como son las que tienen que ver con la libertad de expresión.

La Turquía actual es un país moderno y dinámico, tras haber dejado atrás la problemática década de 1990. Después de sufrir una dura crisis en 2001, la economía turca se ha recuperado hasta convertirse en la 17ª mayor del mundo, con sectores diversificados desde la industria a la agricultura y el turismo. Baste un ejemplo: el 50 por ciento de los aparatos de televisión que se compran en Europa son de empresas turcas, tras la adquisición del gigante alemán Grundig por parte de la firma turca Beko.

Más de un cuarto de la población tiene menos de 15 años, el 75 por ciento de los turcos vive en centros urbanos y cada vez en mayor medida reciben una buena educación, lo que ha convertido al país en un núcleo económico para las empresas europeas que utilizan Turquía, bien como centro de producción o bien como socio en sus negocios con los países asiáticos y de Oriente Medio.

El gobierno, dirigido por el islamista moderado Recep Tayyip Erdogan desde 2002, trata de convertir a Turquía en un actor global utilizando una hábil diplomacia y su penetración económica.

Tras haber sido durante décadas el último bastión de Occidente contra la URSS, Ankara ha mejorado sus relaciones con Rusia. Además explota sus lazos culturales con las repúblicas turcófonas de Asia Central para ayudar a los países europeos a aproximarse a ese importante tablero del juego geoestratégico.

También ha reforzado sus vínculos con las naciones africanas y, recientemente, ha desembarcado en América Latina gracias a la amistosa relación que une al primer ministro Erdogan con el ex presidente brasileño Lula da Silva. De esta forma, Turquía están consiguiendo hacer realidad ese tan manido como verdadero tópico del puente entre Oriente y Occidente.

LA RELIGIÓN, UNA TRADICIÓN MÁS QUE UN DOGMA.

La religión en Turquía es importante pero mucho más como tradición que como dogma. El velo islámico, que utilizan el 60 por ciento de las turcas, es una de las cuestiones más polémicas en Turquía ya que su estricto laicismo oficial obliga a todas las mujeres a descubrirse la cabeza en todas las dependencias estatales, incluida la universidad.

Por ejemplo, el consumo de alcohol está extendido entre la población, especialmente de la cerveza y el raki, un licor anisado que es casi bebida nacional. Durante la época del Ramadán que este año tiene lugar del 11 agosto al 9 de septiembre- el consumo de bebidas espirituosas desciende: “Ya que pecamos durante el resto del año –parecen pensar los aficionados a los embriagadores líquidos, comportémonos durante el mes santo”.

Con todo, el que quiere beber puede hacerlo, ya que la mayoría de los establecimientos –bares, restaurantes y tiendas- que venden alcohol siguen haciéndolo durante el Ramadán.

Igual de arbitrarios son muchos turcos a la hora del ayuno que impone la costumbre islámica durante este mes. El canon religioso dicta que no se puede comer, fumar, beber o mantener relaciones sexuales durante las horas de luz, algo verdaderamente difícil de llevar a cabo en los meses de verano. Por ello, hay turcos que cuando el ramadán coincide con los meses de estío deciden no ayunar, mientras que sí lo hacen cuando es en invierno y por tanto las horas de ayuno son menores. Gente pragmática.

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