Turquía: La revancha del pañuelo

Erdogan ha rentabilizado la restitución del derecho de la mujer a llevar hiyab, el pañuelo islámico

La primera congresista estadounidense en llevar hiyab, Ilhan Omar, ha obligado a cambiar reglas en vigor desde 1838. Menos ruido provocó hace un año la entrada en el Parlament de Catalunya de Najat Driouech. Mientras que en Turquía, donde esta prenda sí que es común, la política parecía pender de un pañuelo hasta hace apenas cinco años. Sólo entonces volvió a haber diputadas cubiertas, después de un veto oficioso de tres lustros alentado por los militares.

Las consecuencias aún colean. El mes pasado, el Tribunal Constitucional dio la razón a Sara Akgül, una universitaria que en aquel entonces fue obligada a abandonar la Universidad del Bósforo por llevar hiyab. Cuando presentó denuncia, se vengaron exigiéndole que devolviera su beca por no haberse licenciado. Ahora el juez obliga a indemnizarla con 3.300 euros.

Durante años, las chicas recién llegadas a la universidad con el pelo cubierto –generalmente, de medios rurales o pobres– eran introducidas en un aula con dos puertas. Si atendían a razones y se descubrían, podían acceder a la universidad. Si se negaban, puerta.

Aquella intransigencia –que incomodaba hasta a sus compañeras occidentalizadas– empezó con el golpe de Estado de 1980 y se acentuó con su secuela incruenta de 1997, que tumbó al primer gobierno islamista. En la década pasada, los militares laicistas echaron su penúltimo pulso a la democracia, obstruyendo el nombramiento de Abdulah Gül como presidente para que la primera dama no llevara hiyab. Perdieron.

El partido de Erdogan defiende que la libertad consiste en poder llevar hiyab a todas partes
El partido de Erdogan defiende que la libertad consiste en poder llevar hiyab a todas partes (Burhan Ozbilici / AP)

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) les tomó el guante –o el pañuelo– dándole la vuelta. La libertad, para el partido de Recep Tayyip Erdogan, es poder llevar hiyab a todas partes. El AKP eliminó en el 2010 la prohibición de llevarlo en la universidad –con lo que ya no tienen esa excusa para mandar a sus hijas a estudiar a EE.UU–. Y hace cinco años levantaron la prohibición de llevar hiyab en la Administración.

La discriminación ha cesado, pero la división social se ha hecho más visible. En Estambul, el grado de uso del hiyab delata el sentido del voto. Y también –cada vez menos– el nivel de renta. En el barrio de Orhan Pamuk, en la costera Bebek o en la sofisticada avenida Bagdad es casi imposible ver mujeres cubiertas. En zonas tradicionales como Fatih o Eyüb lo difícil es no verlas.

El uso de hiyab delata el sentido de voto y el nivel de renta

En Üsküdar despunta una mezquita de cristal, frente a un cementerio hebreo. A un lado tiene un centro comercial y al otro la bien dotada facultad de Teología de la Universidad del Mármara. Hay cientos de estudiantes –bastantes extranjeros– y más de dos tercios son chicas. También son mayoría a la hora del rezo, pero se conforman con un tercio del espacio. Y todas llevan hiyab.

“No podíamos aceptar aquello. Nuestra religión prescribe llevar hiyab”, sostiene Elif. Otra alumna, Betül, es originaria de la fronteriza Mardin, donde los Jóvenes Turcos y luego la República laica redujeron dramáticamente la diversidad lingüística y religiosa. “Un año fui a una escuela laica y tenía que quitarme el hiyab al llegar a clase”, recuerda. “En cambio, cuando iba al Imam Hatip (escuela musulmana), sólo podíamos juntarnos con centros religiosos”.

Las barreras pueden ser tan tenues como el algodón. Betül dice que “sólo un 5% de sus amigas” no lleva hiyab. Porcentaje que sube “al 10%” para Feyza, una compañera de Estambul, cuyos padres son del mar Negro. Entre las estudiantes no cubiertas, la homogeneidad sería parecida o superior. ¿Temen la polarización cada vez más evidente? “No, porque no necesitamos congregarnos alrededor de una sola identidad, basta con hacerlo alrededor de un propósito”, reflexiona Betül.

Un escaparate de la revolución conservadora de Erdogan son las bibliotecas-café Nevmekan. Tras rehabilitar un edificio de correos, acaba de inaugurar segunda sede a pie de Bósforo. Dos de cada tres chicas llevan hiyab y se avituallan de roscos y té gratis. Todo mixto y muy moderno. Pero el viernes, a la hora del rezo, no hay servicio.

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