Turquía debe pertenecer a la UE, Un gran país musulmán llama a la puerta de los 25

Turquía debe pertenecer a la UE, Un gran país musulmán llama a la puerta de los 25

Desde que Turquía firmó en 1963 un acuerdo de asociación con lo que entonces era la Comunidad Europea, ha perseguido –excepto en un periodo de la década de los 70– su objetivo de adherirse a la Unión Europea. Turquía entró en una unión aduanera, vigente desde 1996, y su candidatura para adherirse a la UE fue confirmada en Helsinki en 1999. Después de cumplir todas las condiciones, el pasado mes de octubre inició las negociaciones de adhesión.
Por tanto, me resulta sorprendente que en algunas partes de Europa se haya descubierto la amenaza turca. La política de la UE consiste en que Turquía sea tratada como cualquier otro país candidato. Los argumentos contra la adhesión de Turquía a la UE que se han esgrimido hasta la fecha han perdido bastante peso, habida cuenta del proceso de reforma iniciado por el Gobierno turco. Quienes se oponen a la adhesión hablan menos de la "madurez europea" del país o del cumplimiento de los criterios de Copenhague. En cambio, aducen que la UE no puede absorber un nuevo miembro del tamaño de Turquía, que su adhesión produciría graves problemas geopolíticos y estratégicos y, por último, pero no por ello menos importante, que la UE es una comunidad basada en valores cristianos.
Se dice que la estructura de la UE, que pronto tendrá 27 miembros, está desbordada, y que su ampliación geográfica solo puede producirse en detrimento de la profundización en la cooperación política. Este argumento no es más que una táctica política. ¿Cómo puede sostenerse, a la vista del éxito de la mayor ampliación de la UE que ha tenido lugar recientemente, en virtud de la cual han sido acogidos 10 nuevos estados miembros que cuentan con unos 80 millones de habitantes?
El proyecto de construir unos Estados Unidos de Europa poderosos ya no forma parte de la agenda política. En un futuro próximo, la nueva UE ampliada será una unión política y económica en la que la diversidad no será la excepción, sino la regla. Las condiciones para que cualquier país pueda adherirse a la Unión están muy claras. No existe ningún atajo en el camino hacia Europa, sino solo el camino habitual, que entraña la realización de todas las reformas necesarias y el cumplimiento de los criterios de adhesión. ¿Qué se puede objetar a la incorporación de Turquía en dicha unión, especialmente teniendo en cuenta que, con su situación geográfica y su tamaño, es un socio importante desde el punto de vista estratégico? Su adhesión reforzaría el papel de Europa en la política mundial.

LAS RAZONES geopolíticas y estratégicas que se utilizaron en pro de la adhesión de Polonia, los países bálticos y otros, también son válidas para Turquía. Algún día finalizará el proceso de ampliación, pero darlo por concluido sin haber admitido a Turquía sería un grave error y una política poco aconsejable. Quienes se oponen a la adhesión de Turquía parecen pensar que la UE es una "isla soleada" rodeada de vecinos amables y amistosos. Sin embargo, la situación geoestratégica de Europa está lejos de ser idílica. Europa debe estabilizar su propia periferia para evitar verse afectada por los problemas que allí se producen. La adhesión de Turquía a la UE la reforzaría en su frente más vulnerable. Contar con ella como pilar democrático de estabilidad en Oriente Próximo redunda en beneficio de todos los ciudadanos de la UE.
La resistencia a la adhesión de Turquía también se debe a vagos recelos sobre una cultura que se considera ajena. Un argumento que gana terreno se refiere a la identidad, a saber, los valores cristianos de Europa, que se mencionan como motivo para mantener a Turquía al margen. Nunca ha existido ningún criterio religioso para pertenecer a la UE. Rechazar la admisión de Turquía por motivos religiosos supondría emitir un mensaje falso y peligroso. Entre el 10% y el 15% de los habitantes de la mayoría de los países de Europa occidental han nacido fuera del país donde residen, y cada vez es mayor el porcentaje de ellos que han nacido fuera de Europa. En este momento, hay quince millones de musulmanes en la UE, algo menos que el número de escandinavos protestantes, y esta cifra aumentará a medida que la inmigración continúe. Por tanto, la tendencia hacia una Europa multirracial y multiconfesional es evidente. Habría que acoger con satisfacción que el papa Benedicto XVI, durante su recentísima visita a Turquía, se uniera a quienes consideran que el lugar de Turquía se encuentra justamente en la Unión Europea.

NO SUBESTIMO la magnitud de la modernización y las reformas que Turquía tendrá que acometer para adherirse a la Unión Europea. El camino será largo, no solo desde el punto de vista político y económico, sino también desde el punto de vista de la mentalidad. La dificultad de dicho camino dependerá de la comprensión mutua: en la UE, sobre cómo es en realidad la Turquía moderna; en Turquía, sobre qué significa realmente la pertenencia a la UE. No se trata solo de una negociación técnica, sino también de un compromiso serio por ambas partes sobre los valores y las normas comunes que nos unen. A tal fin, debemos conocernos mejor, ser capaces de superar la ignorancia, los prejuicios y las diferencias reales. Los estereotipos pueden ser útiles para ganar elecciones, pero no solucionan ningún problema real.

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