Turquía, ¿conjurada la crisis militar y religiosa?

El pasado 27 de abril el Parlamento turco se reunió para elegir al nuevo Presidente de la República de Turquía, pero el único candidato era el ministro de Relaciones Exteriores, Abdullah Gul, miembro del Partido de la Justicia y del Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco) de inspiración islámica “moderada”, al que también pertenece el primer ministro turco Tayyip Erdogan. Gul, según las informaciones que circularon esos días, no obtuvo la mayoría requerida porque en el Parlamento turco no hubo el quórum suficiente.

Es decir, sólo estaban presentes 361 diputados de los 550 que conforman al Parlamento, debido al boicot de la oposición a Gul. Esa misma tarde, el ejército turco dio a conocer un comunicado, a través de internet, en el que acusó, duramente, al partido de Erdogan, de no defender la laicidad del Estado turco. Además, el ejército afirmaba que estaba pronto a intervenir, es decir, a dar un golpe militar.

El mensaje del ejército fue publicado el mismo 27 de abril y según algunos periodistas turcos, fue interpretado como un golpe de Estado de la era de internet. En pocas palabras, un golpe cibernético.

El problema que desató todos los demonios en Turquía fue la candidatura de Abdullah Gul. Pero esto es sólo la punta del iceberg, que esconde el soterrado conflicto entre Islam y modernidad en Turquía. Como señala en las páginas del semanario italiano Internazionale, la periodista turca Elif Shafak, “el cargo a Presidente de la República en Turquía es más bien honorífico, pero el Jefe del Estado tiene el derecho de veto sobre las leyes aprobadas por el Parlamento. Además, la Presidencia es considerada `la Casa de Atartuk'“ (el fundador de la República laica turca). “Y como tal tiene un gran valor simbólico. Representa la modernización, la occidentalización y el laicismo”.

Según Shafak, apenas fue nombrado Gul, los poderosos comenzaron a cuestionar sus credenciales, a pesar de que es apreciado por numerosos sectores de la sociedad. “Es una persona cortés y tolerante, mantiene buenas relaciones con los intelectuales turcos más críticos y siempre ha defendido la libertad de expresión”, añade Shafak, “pero hay un problema: su mujer usa el velo y en Turquía el velo está prohibido en las instituciones públicas. En un país donde los símbolos tienen un peso importante, este hecho tiene enormes implicaciones políticas. El nombramiento de Gul genera una serie de temores por el futuro del laicismo en Turquía. Hay mucho miedo en el aire. Miedo a que una mujer con el velo se convierta en la first lady del país. Miedo a que el laicismo sea puesto en discusión”.

Precisamente después de estos incidentes -la candidatura de Gul y el golpe cibernético del ejército turco (el que cuenta en su historial con varios golpes militares)- salieron a las calles de Estambul un millón, aproximadamente, de personas, el día 29 de abril.

La manifestación fue para exigir que se mantenga la laicidad del Estado turco, pero también para rechazar cualquier golpe militar. Una parte fundamental del pueblo turco se manifestó, en pocas palabras, por mantener y ampliar la democracia de su país. Al día siguiente los manifestantes volvieron a tomar las calles de la capital, Ankara, para reiterar su rechazo a la “islamización” del Estado turco.

Como señala en el diario turco Milliyet, Taha Akyol, “las manifestaciones de Ankara y Estambul reflejan las aspiraciones de una clase media en ascenso. Las protestas de Ankara y Estambul se han caracterizado por una fuerte presencia femenina y por el alto nivel sociocultural de los participantes. Por este motivo fueron definidas como la `revuelta de los turcos blancos', en contraposición a los `negros' de las periferias”. Taha Akyol, refleja la complejidad de las divisiones étnicas, culturales, religiosas y socioeconómicas internas turcas así como el racismo y los prejuicios (pero también el temor al retorno del dominio religioso islámico) de esa parte de la sociedad turca que aspira y sueña con integrarse en la Unión Europea.

Sueño que, por cierto, parece cada día más lejano luego de la victoria en las elecciones presidenciales francesas del derechista Nicolas Sarkozy, quien se ha declarado abiertamente en contra del ingreso de Turquía en la Unión.

Por el momento, la posibilidad de que el golpe cibernético se convierta en un golpe militar en toda forma, parece conjurado, también por las presiones políticas y financieras de la Unión Europea y de la oligarquía prooccidental turca, la que puso en jaque a la Bolsa de Valores.

Pero el conflicto latente entre Islam y modernidad, entre Estado Laico y los sectores que pugnan por una mayor presencia de la Sharia en la vida pública turca, se mantiene. Como señala Elif Shafak: “El problema es: ¿las mujeres sin velo y las que lo usan respetarán recíprocamente el derecho a existir?”.

Todo indica que los conflictos entre ambas visiones del mundo tenderán a intensificarse, como por otra parte está sucediendo también en el laico Occidente con los crecientes cuestionamientos del Vaticano a las decisiones individuales y formas de vida no acordes con la moral católica.

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