Túnez: Constituyente ante sensible dilema sobre religión

La Asamblea Nacional Constituyente (ANC) mostró hoy discrepancias sobre cómo reflejar en la futura Carta Magna la identidad de Túnez y el lugar de la religión en uno de los países árabe-musulmanes con mayor laicismo.

  Las fuerzas políticas representadas en el foro que redacta la Constitución se enfrentaron en el sensible tema de la religión, con los islamistas del partido mayoritario Ennahadha haciendo valer su compromiso e identidad con la conservadora Arabia Saudita.

El debate tomó como referencia la afirmación del diputado de Ennahadha Sahbi Atiq quien afirmó que "la Constitución debe fortalecer la afiliación árabe-islámica de Túnez, y sus textos no deben ser formulado de una forma contraria al Corán y la Sunna (escrituras sagradas)".

La postura de Atiq se contrapuso a la del representante del foro Ettakatol Mouldi Riahi, quien mostró temor a que situar a la charía (ley islámica) como fuente de Derecho "conduzca a laberintos y disputas" por la diversidad de tendencias religiosas predominantes.

Riahi afirmó que el contenido de la ley islámica "varía de un partido a otro" y propuso preservar el texto de la primera sección de la Constitución de 1959 que consideró "un lugar de armonía en el espectro político en Túnez".

Asimismo, urgió a "codificar" el respeto por las libertades de credo en la Carta Magna y el establecimiento de "una relación entre religión y el Estado para impedir que el país caiga bajo la tiranía de autoridad" como los grupos laicos definen a la monarquía wahabita.

Ennahdha, apoyado financiera y políticamente por Arabia Saudita y Catar, opinó que la separación de la religión y la política "es una idea ajena al Islam y a su historia", y Atiq insistió en que las leyes fundamentales deben inspirarse en "valores islámicos".

Igualmente, apuntó que esas normativas deben nutrirse de lo que definió como "el reservorio de la historia reformista tunecina y los logros humanos, sin intolerancia".

Por su lado, Najib Hosni, del bloque Libertad y Dignidad, apeló a tener en cuenta convenciones internacionales en la lista de fuentes legales importantes, aunque subrayó que "el árabe es nuestro idioma y el Islam nuestra religión y plataforma para nuestras vidas". Hosni defendió la identidad árabe-islámica-maghrebí de Túnez y su compromiso con la unidad del Maghreb, mientras Mohamed Hamdi, del partido Aridha Chaabia, llamó a basar la Constitución en la "Charía y la Sunna, y la libertad y herencia del pueblo árabe-musulmán".

El debate se calienta en otros estratos de la sociedad tunecina, con amplios sectores mostrando reservas sobre adoptar la ley islámica como fuente de Derecho, según apuntó Jawhar Ben Mbarek, coordinador del Grupo Doustourna (Nuestra Constitución).

Para Mbarek, una islamización puede lacerar los principios de un Estado civil y la soberanía de la gente que no protagonizó o apoyó la llamada Revolución Jazmín (que derrocó en 2011 a Zine El Abidine Ben Alí) para abandonar sus derechos por los beneficios de un grupo.

Sin embargo, Adel Al-Ilmi, jefe de una estructura a la que el gobierno permite promover enseñanzas coránicas, anunció que usará la persuasión y la protesta pacífica para alentar el comportamiento islámico en el país, quizás el más secular de África y Medio Oriente.

Al-Ilmi cambió el nombre de su Grupo por la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, por el de Grupo por la Moderación y la Reforma, siguiendo los pasos de la policía religiosa saudita.

Si bien prometió que no golpeará a mujeres que lleven velos inapropiados o a hombres fuera de las mezquitas a la hora del rezo, como ocurre en Riad, auguró un rigor que multiplica la incertidumbre sobre el futuro del país donde estalló la ola democratizadora árabe.

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