Trump viaja al Vaticano • Discrepa del Papa pero defiende la libertad religiosa en el mundo

Que el líder de la primera potencia mundial decida incluir en la agenda de su primer viaje internacional una visita al Vaticano no es anecdótico. ¿Qué hace un defensor de la Asociación del Rifle en el Estado más débil y contrario a la venta de armas? ¿Por qué visita un país sin riqueza económica, sin industria ni comercio? ¿Qué interés tiene en un Estado más pequeño que su club de golf de Florida?

Lo primero que cabe subrayar de este encuentro del 24 de mayo es un intangible: el prestigio moral de la Iglesia Católica y del papa Francisco, en particular. ¿Por qué si en el Vaticano no hay intereses económicos o políticos a corto plazo se presenta el presidente de los EE.UU.? Hasta la fecha, no era habitual que el Vaticano fuese un destino prioritario para los presidentes norteamericanos.

Lo segundo es que el presidente norteamericano tiene una especial sensibilidad con las cuestiones religiosas. Este mes de mayo ha firmado una Orden Ejecutiva que rechaza la vigilancia del Gobierno sobre las opiniones de líderes religiosos en centros de culto. Tras la firma de esta orden, el presidente insistió en que “los padres fundadores creían que la libertad religiosa era tan fundamental que la consagraron en la misma primera enmienda de nuestra gran amada Constitución”.

El ‘choque’ más publicitado entre estas dos personalidades tuvo lugar a cuenta de la inmigración. Mientras Trump insistía en reforzar sus muros, el Papa lo calificaba como ‘no cristiano’ y apostaba por construir puentes. De hecho, muchas parroquias de EE.UU. desafían al Gobierno con una decidida apuesta de acogida al inmigrante.

¿Existe un punto de encuentro sobre la inmigración entre ambos planteamientos? La respuesta es sí. Y ambos lo saben. La respuesta pasa por ir a la raíz del problema, por acabar con las guerras que generan las corrientes migratorias a los países occidentales. Y ahí tiene Trump la oportunidad de oro en Siria e Iraq, donde una mayor colaboración con Rusia facilita la resolución del conflicto.

La inmigración es uno de los grandes desafíos del mundo occidental. Si quien dirige el país más importante del mundo y quien ofrece más credibilidad se ponen de acuerdo, el efecto puede ser determinante. El papa Francisco ha asegurado, al regresar de Fátima, que entre las dos posturas puede haber “puertas un poco abiertas” y que siempre está dispuesto al diálogo.

Desde la Casa Blanca indican que la visita se enmarca dentro de un recorrido por otros dos países con religiones diferentes: Israel y Arabia Saudí. El objetivo del presidente norteamericano es poner de acuerdo a todos los líderes religiosos en la lucha contra el terrorismo. No será fácil, ya que gran parte del mundo musulmán entiende que la política de Israel en Oriente Medio se sustenta en la violencia con la que someten al pueblo palestino.

Y en esta lucha contra el terrorismo, la agenda del presidente Trump pasa por el respeto a la libertad religiosa en el mundo y la defensa de los cristianos perseguidos. Es algo que su gabinete está tratando de priorizar en las relaciones internacionales. Un punto de encuentro entre dos visiones que se presentan como antagónicas en muchos otros aspectos.

De hecho, el pasado 11 de mayo, el vicepresidente de EE.UU., Mike Pence, intervino en la Cumbre Mundial en Defensa de los Cristianos Perseguidos, donde reafirmó “el compromiso del presidente Trump” con esta causa. En este foro aseguró que “en todo el mundo no hay un grupo de creyentes que afronten mayor odio u hostilidad que los seguidores de Cristo”, por lo que “bajo el presidente Trump, América continuará respaldando la libertad religiosa de todas las personas, de todos los credos y en todo el mundo”.

En cualquier caso, si algo tiene claro Donald Trump es que más de un 20% de sus ciudadanos son católicos y que la tendencia es de progresivo crecimiento, gracias a la inmigración de origen hispana. Mejorar la relación con el líder de la Iglesia Católica, con quien difiere en numerosos aspectos, se presenta como un objetivo importante.

La difícil relación hay un factor que comparten ambos líderes: el hecho de ser ‘anti-establishment’. Los dos han llegado a sus cargos con el objetivo de romper con prácticas tradicionales, con vicios asentados con el paso del tiempo y adoptar decisiones arriesgadas. Cada uno lo hace a su manera, pero lo que está claro es que ninguno de los dos provoca indiferencia. Ambos tienen un programa que no es continuista con lo que han hecho los mandatarios anteriores.

El desafío, en este encuentro en el Vaticano del 24 de mayo, está en la capacidad de uno y otro para ahondar en los puntos comunes y acercar posturas por el bien de toda la humanidad.

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