Todos somos Dios

El dios presente

En la flamante, céntrica y estilosa librería barcelonesa Bertrand se presentó ayer un libro sobrio y espiritual. Se trata del último título del catedrático y escritor José Antonio González Casanova, El dios presente, que edita Kairós. Mucha gente y mucho cariño en el ambiente. «Han venido amigos de todos lados, hasta del colegio», confirmaba al autor : «Es para morirse, porque el día de mi entierro no os podré ver».
En la platea, la cantante Maite Martín se sentó al lado de la regidora de Ciutat Vella Itziar González quien recibe un cariñito del escritor: «Siempre le digo a Itziar que no puedes ser político sin ser un místico». Gran verdad en el caso de la regidora, tan cercana siempre a exhibir los estigmas de su cargo y presta a alcanzar la palma del martirio a manos de sus vecinos.
En la mesa de presentación, la escritora Teresa Guardans, el teólogo jesuita Xavier Melloni y Salvador Pániker. Cuando un acto camina por el sendero de la inteligencia es difícil que se tuerza. Añadamos el buen humor de Pániker, que describió el libro como «el nuevo catecismo», y tendremos el retrato de una reconfortante velada
El autor, catedrático de Derecho y redactor de nuestra Constitución y de algún que otro estatuto, nos regaló bellas frases sobre la eternidad: «Los amantes se reencuentran porque sienten nostalgia de lo eterno que fueron aquella tarde». Y sobre el papel del cristianismo hoy: «Debe dejar de ser la religión de la culpa para ser la de la responsabilidad».
González Casanova insistió en la idea de que todos somos Dios y que debemos actuar así en nuestra vida diaria. «Dios está en todos nosotros aunque tiene preferencias por algunos», dijo el autor, que precisó: «Está en los marginados, en los excluidos, estuvo en las cámaras de gas, con los judíos y los comunistas. Allí es donde suele estar Dios».
Y puestos a montarle más líos a su divinidad, González Casanova se atrevió a orientarle políticamente: «Si eres Dios, tienes que ir al socialismo. Pero al de verdad, no a la socialdemocracia». La evidencia de que Dios debe estar ya muy mayor es que su ira ya no se desata como antes porque al autor no le fulminó ningún rayo ni acabó convertido en estatua de sal. Hace 4.000 años, de estas blasfemias no dejaba pasar ni una.
«Hay que ser anticapitalista, radicalmente, cada día», aconsejó, «porque es un sistema que clama al cielo». Un cielo que, lo hemos visto con la crisis, permanece mudo ante el clamor. Sospecha uno los motivos del atronante silencio divino: o bien el cielo ha sido privatizado o está cerrado y en venta tras contratar una hipoteca de esas subprime. Cosas más raras se han visto.

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