Todas somos Ghazala Javed, asesinada por cantar

Era una voz muy popular en Pakistán, una estrella de la canción en legua pastún, con una veintena de álbumes grabados. A Ghazala Javed, cantante de 24 años, la asesinaron salvajemente la noche  del 18 de junio de 2012, en una calle de Peshawar, por no querer plegarse a las tradiciones. Se había dicorciado de un poderoso empresario, Jahangir Khan, islamista radical,  con quien se casó en 2010, porque había descubierto que ya tenía otra mujer y además estaba empeñado en  obligarla a renunciar a su carrera.

Cuando salía de un salón de belleza, acompañada por su padre, dos individuos que iban en una moto le metieron seis balas en el cuerpo, abandonándola en la mitad de la calle “en un baño de sangre”, cuenta la organización Terrafemina en su página web. Al padre también le alcanzó un disparo en la cabeza. Según el diario francés Libération, la policía está segura de que el autor intelectual no es otro que el ex marido de Ghazala, despechado por un divorcio que para los musulmanes integristas es algo tan pernicioso como el canto.

Los divorcios son rarísimos, “y casi suicidas” en la sociedad ultradicionalista de una región donde los hombres pueden tener hasta cuatro mujeres, si son capaces de mantenerlas. Desde que lo inició, Ghazala Javed se había convertido en blanco de los machos fundamentalistas de la zona -que la habían amenazado de muerte varias veces-,  lo mismo que todas las cantantes y bailarinas del país.

Y no solo las cantantes y bailarinas profesionales. De hecho, en el norte de Pakistán, donde las leyes tribales son muy severas con las mujeres y prohíben, por ejemplo, que se junten con los hombres durante la celebración de los matrimonios, las autoridades religiosas han condenado a muerte a cuatro mujeres y dos hombres “por cantar y bailar en una boda”. El castigo se apoya en un decreto, dictado después de conocer un vídeo, grabado con un teléfono móvil, en el que se ve a las seis personas divirtiéndose y bailando en la fiesta de una boda celebrada en un pueblo de la región montañosa de Kohistán, a 176 kilómetros de Islamabad.

Según un policía de la zona, podría tratarse de un montaje, efectuado a raíz de una discusión entre dos tribus, y “las mujeres podrían no haberse acercado a los hombres, y ser víctimas de un montaje de vídeo para difamar a su tribu”. La misma fuente ha dicho que los hombres  que aparecen en la grabación –quienes, según la ley de los juicios tribales, debieran ser los primeros en morir- han huido del pueblo, mientras que  las mujeres se encuentran “de momento, en un lugar seguro”.

Desgraciadamente no es la primera vezque ocurre algo parecido en Pakistán. Según la Comisión de Derechos Humanos local, en 2011 fueron asesinadas al menos 943 mujeres y jóvenes, por “deshonrar el honor de su familia”.

La ministra paquistaní de los Derechos De las mujeres, y portavoz del gobierno, Najat Vallaud-Belkacem, ha recordado que la libertad de cantar y bailar “que existe en otros países del mundo, aquí es un combate incluido en la lucha por la libertad de las mujeres y el respeto de sus derechos más fundamentales”.

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