Tintorro de verano y pasión por Cristo

Señor, qué dolor las declaraciones de estos señores vestidos de negro y con una saber estar que hasta nos apabullan. Hay que joderse, que cada nuevo obispo se repita más que comer ajos, que con las declaraciones habituales hayan logrado que día a día estén más solos en su celibato voluntario. Y es que están cansinos: que si aborto, sida, paz, educación integral con religión como derecho de padres, madres y chavales… y ahora hasta hablan de violencia, no la de las cruzadas, inquisiciones, apoyo a regímenes totalitarios o de esos, sino sólo la de la «única» violencia, según la versión oficial.

Pero también, así uno se entera de que Iceta tiene muchas habilidades, él que es capaz de escribir su propio apellido con una grafía mixta, dice, ni Gabikagogeaskoa ni Gavicagogeascoa, él utiliza Gabicagogeascoa y punto. Todo un saber aceptar culturas, aunque como le pillase cualquier profesor mío de antaño de Lengua Española, éste no sacaba jamás aprobado, por más que le apoyen Rouco y el de la cruz.

Pero lo dicho, entre perlas y diamantes, nos habla del sida, para irse con su rumbo contra las rocas, citando el abecé (ojo, no el «Abc») de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que habla de abstinencia, fidelidad y condón, en ese orden, según él, y posteriormente afirma que los países en los que se evita la promiscuidad son los que más han reducido el sida.

Como siempre, con más misterio que el de la paloma que fecunda, no cita cuáles son los países promiscuos, aunque yo, analizando los datos de Onusida, mucho me temo que se ha inventado su rollo. ¿No éramos más pecadores y más promiscuos los europeos que los africanos? ¿Qué pasa con ese abecé que no he encontrado salvo en citas de los seguidores de su fe? ¿Será cierto que ahora, según interpreto, defienden el uso del látex, aunque sea en un tercer puesto opcional? ¿Me podría decir por qué promiscuidad he optado para merecerme más o menos mi sida personal? Y ojo con los castigos divinos, que después de lo de Sodoma y Gomorra, lo de la oveja o cabra y Abraham, lo de Lot y compañía, me tienen acojonado a la hora de opinar. Por si todo ello fuera poco, tengo la certeza de que no tengo lugar en su cielo, que visto lo visto y con la cantidad de cristianos que mueren, o es inmenso o tiene más habitantes por kilómetro cuadrado que Macao, que cuenta con 21.077 habitantes por kilómetro cuadrado. Ahora que lo pienso, no quiero ir allí.

Y así llevamos un verano más con una Iglesia anclada en el pasado, que ve que poco a poco gente como yo, tan valiosa, se aparta de ella para pecar. Tal vez equivocadamente, pero tranquilos sabiendo que no nos merecemos sus consejos y que ya nos llevaron a un error.

Pero lo triste es comprobar que hay quien te sorprende con declaraciones de este tipo, que año tras año se demuestran que son desacertadas y poco efectivas para parar la pandemia. Aunque más triste me parece que debamos aguantar este tipo de declaraciones que no hacen sino culpabilizar a quien menos necesita el sentimiento de culpa, haya sido o no promiscuo, haya hecho una cosa u otra, porque, que yo sepa, la promiscuidad ajena que citan y se imaginan algunos sólo está en sus mentes.

Y por aclarar citando las mismas palabras y las mismas fuentes, recojo en Wikipedia: «La promiscuidad es contraria a la castidad y a la monogamia, algo escandaloso según el Islam, el Judaísmo y el Cristianismo», de los cuales paso olímpicamente, y según la OMS, la promiscuidad es con más de dos parejas sexuales en menos de seis meses, cifra difícilmente superable en todo el mundo, más aún para los del celibato voluntario. Y terminando, según mi profesor de Lengua, afín al régimen ése del brazo en alto, la grafía mixta, como la cerveza, simplemente no existe.

Este verano no más declaraciones, por favor, que nos dejen en paz y que sigamos siendo como somos, alegres y felices en nuestro pecado imaginario y voluntario.

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