Tiempo de Cuaresma

La mayor conquista del laicismo en la España democrática estriba probablemente en que todavía haya carnavales en plena cuaresma.

La mayor conquista del laicismo en la España democrática estriba probablemente en que todavía haya carnavales en plena cuaresma. Sin embargo, los grandes partidos, que van camino de dejar de serlo, ya enterraron la sardina y afrontan este tiempo de purificación, cada uno a su creer y entender.

El Partido Popular mantendrá la vigilia de los viernes, en su sanedrín habitual del consejo de ministros, pero no ayunará recortes porque cuenta para ello con la bula de la gran papisa Angela Merkel que sin duda ha logrado colocar a un compatriota suyo exportador de armas al frente de la Banca Vaticana: en la Santa Sede quizá leyeron mal su currículum y pensaron que se trataba en realidad de un pastor de almas.

Los conservadores españoles, no obstante, iniciaron con el miércoles de ceniza un acto colectivo de contrición, quizá a raíz de que las encuestas anunciaran que si hoy se celebrasen elecciones legislativas perderían de una tacada cincuenta usías por no hablar de la abstención. Así que Mariano Rajoy se arrepintió y permitió que se debatiera en el Congreso la Iniciativa Legislativa Popular sobre dación en pago. Otra cosa distinta será que la aprueben pero en el banco azul parece haberse puesto de moda Salomón. Sobre todo a partir de que el ministro de injusticia decidiera revisar algunas de las tasas judiciales que ha provocado incluso la queja de la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, a cuya vera hubo un tiempo en que Alberto Ruiz Gallardón parecía un militante de la Joven Guardia Roja. No derogará la privatización de la justicia, sino que al parecer la pondrá más baratita para los contribuyentes.

María Dolores de Cospedal no dará, sin embargo, un paso atrás en sus políticas austeras e incluso puede que suprima la comunidad autonómica de Castilla La Mancha, siempre y cuando ella siga de presidenta. Eso sí, no obstante, ya tiene preparada su mantilla de este año para desfilar en las procesiones.

Las procesiones de la indignación ya han vuelto a iniciarse sin esperar al Domingo de Ramos. El sábado 16 de febrero, apenas un par de días después de San Valentín, el desamor llenó las calles de España, ya fuere por el desafecto hacia los responsables públicos de toda laya que no pueden impedir que este país fabrique paro y venda cerebros: así, Cádiz se quitaba la máscara para denunciar que la industria de dicha Bahía ya está tan desaparecida como lo estarán los sueldos de los concejales de pueblos pequeños y los propios ayuntamientos de menos de cinco mil habitantes que comentan el pecado mortal de no cumplir con el objetivo del déficit. Desde Bilbao a Madrid, una muchedumbre también salía a la calle para un via crucis civil contra los desahucios, exigiendo que el Cristo de la democracia expulse a los mercaderes del templo de la libertad, los que subvencionan sin límite a los bancos y no mueven un dedo por los afectados por las preferentes.

También el socialismo español ha aprovechado este tiempo evangélico para sus ejercicios espirituales. Mientras resonaba todavía en su memoria el sermón de Beatriz Talegón, la portavoz de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas, en el desierto de un hotel portugués de cinco estrellas, Alfredo Pérez Rubalcaba y Joaquín Almunia hablaban de Europa, quizá porque cada vez que hablan de España bajan sus encuestas. Aunque uno comparte la tradición heterodoxa y nada apostólica y romana de Pablo Iglesias y de algunos de sus seguidores, tampoco estaría demás que si gustan expiar sus pecados, releyeran las sagradas escrituras: para resucitar, el mesías tuvo antes que aceptar que lo matasen. Y tengo para mí que el actual secretario general del PSOE no aceptaría de grado arrastrar su cruz hasta el monte calvario de una asamblea extraordinaria en que probablemente se eligiese a otro candidato con más posibilidades de derrocar a Mariano Rajoy en el supuesto nada improbable de unas elecciones anticipadas en las que, al paso que vamos, podría ser elegida Rosa Díez como nueva presidenta española.

Mientras todo esto ocurre, si Nostradamus y los mayas cotizaran en bolsa, se dispararían el valor de las acciones de cualquier UTE de pitonisas. Estarán de acuerdo conmigo en que no suele ser frecuente que, en una misma semana, dimita un Papa y un asteroide está a punto de liquidar el planeta sin esperar al definitivo calentamiento de la atmósfera. Quizá por eso el bueno de Barcenas se haya ido a Vancouver o a donde sea. Porque tal vez tenga todavía información privilegiada y sepa que a él y a los que imputen sus papeles en Génova o los de Diego Torres en La Zarzuela, sólo les espera el juicio final. Y ante el tribunal supremo de la Divina Providencia la derecha siempre tuvo mayor mano que la socialdemocracia y el rojerío.

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