Ética laica

Las personas orientamos nuestro comportamiento práctico por lo que calificamos bueno o malo. Esta calificación viene, o de fuera de la persona, en la ética religiosa, o del interior de la misma persona, en la ética laica.

Todas las religiones tienen algo de común. El interior de las personas tiene elementos comunes. En consecuencia, las motivaciones externas e internas a la persona tienen elementos comunes.

Emmanuel Kant, el mayor exponente conocido de la ética laica, la funda en el hombre, ser libre; quien, “por su sola razón, se halla ligado a leyes ‘incondicionales’”. “Esta ética no necesita la idea de un ser superior al ser humano, ni de otro móvil diverso de la ley misma; no necesita para que el hombre conozca su deber, ni para que lo cumpla”. Kant resume la motivación del comportamiento humano en “El deber por el deber”.

La razón del hombre libre y responsable es base de la ética laica.
Notemos que sin responsabilidad hacia alguien no hay ética posible. Kant no dice porqué las leyes son incondicionales; deja la “incondicionalidad” sin fundamento.

La ética laica se basa en la racionalidad humana, sin un ulterior fundamento que la sustente; sin embargo, abre una puerta hacia una racionalidad ética compartida por el conjunto de una sociedad. Podría ser aun más compartida, si se contara con la motivación externa que los creyentes tenemos en Dios.

Los defensores de una ética laica bien entendida reconocen que su contenido es el mínimo moral común, aceptado por el conjunto de una determinada sociedad, integrada por personas que, aunque tienen diversas motivaciones éticas, admiten que no son excluyentes. La apertura al diálogo sería mayor, si cada integrante de la sociedad pluralista se reconociera a sí mismo con fortalezas y debilidades, como la necesidad de motivación más sólida para actuar.

Cuando la ética laica es vivida con apertura, sin calenturas sectarias, se acerca al “derecho de gentes”, similar a la  conocida “ley natural”, asumida como fundamento de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Las motivaciones de la ética laica pueden encontrarse con las religiosas en sus elementos humanos. De hecho, la motivación externa de la ética religiosa y la interna de la ética laica muestran a la humanidad como el común punto de referencia. Esta observación invita a determinar con un estudio, secundado por la experiencia, los elementos fundamentales de humanidad. Contrariamente, algunos textos del proyecto constitucional preparan una ética carente de motivaciones religiosas. Ejemplo de esta preparación es negar la participación en los recursos de los ecuatorianos, que el Estado debiera administrar con equidad, a los establecimientos particulares de educación, y conjuntamente añadirles exigencias: ¡No podrían servir a los más pobres!

Con esa interpretación sectaria de laicidad del siglo XIX, explicable en momentos de pugna de laicos con el clero, interpretación a la que el proyecto da pie, se debilitaría aún más la posibilidad de la indispensable conjunción de mentes y corazones ecuatorianos.

Un Estado de imposición confesional obedeció a condicionamientos de siglos pasados. Esa opresión de la libertad está superada; no la sustituyamos con otra opresión.

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