Tertulia sobre Semana Santa en el Atenero de Linares

            Se introduce definiéndola como una fiesta que tiene mucho de parafernalia, bastante de turismo o economía y poco de fe o religión según la entiende mucha gente. En ese sentido puede ser un rito desfasado que sirve para ocultar los verdaderos problemas actuales.

            Una intervención crítica muestra el desagrado del creyente cristiano convencido de la traición perpetrada por jerarquía católica al mensaje de Cristo. Refiere aspectos en general, para acabar con las contradicciones en esta fiesta: exceso de lujo,. superficialidad y mercadeo. En ese sentido, conviene separar ciertos sectores de la población que no comparten esa religiosidad sociológica, aparentemente casi unánime, que una visión más crítica pondría en su  real dimensión.

            Se relaciona el origen con la apropiación que el cristianismo hizo de las fiestas previas transformándolas. Dichas fiestas, que atendían desde la noche de los tiempos a la necesidad social del hombre, venían marcadas por los ritmos de la naturaleza (solsticios y equinocios). Así por ejemplo, la fiesta del invierno se convierte en la navidad, y la de la primavera en la que aquí se trata.  Las procesiones, como tales, se relacionan como tentativas de reimplicación   popular, tras el cierto despego posterior a la culminación  constructiva de iglesias y catedrales. Otro posible origen tiene que ver con los gremios-cofradías-hermandades, entendidos como sindicatos en ciernes, que para la defensa de sus intereses, buscaran –por voluntad o conveniencia- la forma de las actuales hermandades. A ese respecto se recuerda el dicho cervantino con la iglesia hemos topado o el hecho de la conversión en clérigo de Lope de Vega para poder ser el autor teatral más representado de su tiempo. Hablando de escena, se relaciona procesión como continuación de los autos sacramentales. De allí, a nuestros días, parecen haber evolucionado hacia un teatro en la calle donde políticos, curas, justicia y hasta militares defienden su papel e intereses. El pueblo, en su doble función de coro y/o público, participa en la fiesta de representación tradicional plástico-dramática y de francachela.

            Teniendo en cuenta experiencias de los últimos tiempos se señalan avatares políticos y más estrictamente sociológicos. En el primero aspecto se refiere la lucha más o menos soterrada del poder clerical, previo y a la contra antes y durante la IIª República, luego el fervor franquista que decae durante la transición, para rearmarse en el neofranquismo actual. En cuanto a cómo la sociedad ha venido encarando esos tiempos, se señala la habilidad o fariseísmo de la gente para mantener la necesaria fiesta popular. Desde la menor presencia de penitentes o costaleros en procesiones (para las que  a veces se reclutan a presos o mercenarios) a la asistencia a ciertos establecimientos que blanquean sus ventanales para que las reuniones profanas escandalicen menos al paso de los desfiles procesionales. En cuanto a la mujer, se destaca su exclusión tradicional en lo que no fuera su papel ornamental de vestido de mantilla. Sólo en los últimos tiempos se ha permitido su equiparación en otras tareas. En cuanto a las personas pudientes, alternan su presencia en primera fila durante los tiempos en que han de ejercer control social, o pasan a un lugar discreto cuando  éste no se precisa. En cuanto al terreno asociativo, las cofradías han llenado espacios y carencias de una sociedad civil poco estructurada. Así han servido para propiciar actos festivos o de otra naturaleza. Se menciona la desigual actitud de respeto o fervor según los casos, y con independencia de las respectivas creencias, en los desfiles procesionales. En cuanto al sentido de defensa del patrimonio, se señalan los despropósitos que se vienen perpetrando, poniendo en riesgo o descuidando obras de gran valor artístico e histórico. Se refiere la legislación que obliga a pueblo y autoridades a mantener y mejorar el patrimonio de cada generación como legado para las siguientes.

 Volviendo a la semana santa en sí, tras reconocer que es ocasión en que se confraterniza, se promueve el negocio o el disfrute cultural,  se entiende además como una de las ocasiones con mayor confrontación político-democrático-laicista. Dicha confrontación de aspectos de la ciudadanía, se refieren a hechos como:* La invasión de las principales públicas de la ciudad con tribunas y desfiles procesionales efectivos y de ensayo. * Dedicación mayoritaria del personal municipal (de policía y otros servicios) a esta fiesta de inspiración confesional, lo que significa una gran inversión económica o el abandono de otras tareas en beneficio del común de la ciudad. * Destinar directamente  importantes fondos municipales para subvencionara a la Agrupación de Cofradías que ésta llega a entender como una obligación municipal. * La indebida presencia de la corporación municipal ,elegida por tod@s para los ámbitos políticos o públicos, en una actividad religiosa (y por tanto del ámbito privado).

 A ese respecto se rememora el antiquísimo amancebamiento entre el trono y el altar para la ayuda mutua de los poderes (reyes o políticos, iglesia y capital) y oprobio del pueblo llano. También las guerras para imponer la única religión verdadera, o acabar teniendo un Caudillo por la gracia de Dios. Se insiste en que vivimos un tiempo en que la iglesia hace ostentación de su poder. Se le permite la liberación de presos. Se pronuncia en contra o influye en las decisiones de parlamento o gobierno. Realimenta una doctrina de magia o superstición y resignación. Se citan como ejemplo el encuentro de la Juventud en Madrid del pasado Agosto, o los movimientos antiabortistas instrumentando procesiones o manifestaciones en otras fechas. Como consecuencia de todo este debate surge la cuestión : 

 ¿ Quién la quita o favorece un ambiente de mayor satisfacción para toda la ciudadanía?

Se entiende que ha de procederse con inteligencia, ironía y templanza. Se trata de modificar las conductas y elevar el razonamiento dialogado, lo que es lo mismo, la calidad democrática de nuestra sociedad. Un empeño autoritario, en el supuesto de una situación de hegemonía política favorable, generaría una reacción contraproducente.

Hay quien sugiere la vida rural y otra opción cultural en estos periodos. Otros prefieren cuestionar el cansancio o gusto discutible de acudir a una función tantas veces repetida. De la misma manera desentrañar las relaciones de poder y propiedad que ejerce la iglesia sobre los bienes y el conjunto de procesiones, haría reflexionar a personas bien intencionadas que no reparan en esa realidad. Mayor información y lecturas en general, siempre han favorecido la disminución de fanatismos y el mayor respeto a la opinión de quien piensa de otra manera.  

La historia constata que se suceden periodos de mayor pujanza y ¿fervor? con otros de mayor tolerancia  y diversidad cultural.  Hay quien recuerda que cada vez que en este Ateneo se ha profundizado en la cuestión y mejora social,  hemos acabado invocando la mejora de la educación y de la cultura en la escuela y fuera de ella..

 Intervenciones recogidas por Antonio Martínez Lara. Linares. Abril de 2.012.

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