Templos parroquiales, ermitas… ¿propiedad de quién?

La historia nos dice que la fuerza del Evangelio fue arrolladora cuando no tenía templos ni propiedades, cuando muchas veces celebraban sus reuniones en la clandestinidad

En mayo apareció un articulo con el titulo «Escándalo Monumental» firmado por José Mari Esparza Zabalegui en el que alertaba al pueblo y autoridades de Navarra de la acción del Arzobispado de Pamplona que escrituraba en los registros civiles templos, ermitas, casas parroquiales, etc. Lo consideraba «como la mayor apropiación indebida de la historia de Navarra». El artículo está razonado con bases históricas de cómo nuestros pueblos construyeron esos templos y su patrimonio cultural. Aparecen datos contables de lo que costó el retablo en 1592 o la reforma del templo pagado en cántaros de vino. Hace poco veíamos cómo el Ayuntamiento de Pamplona pagó en 1717 la capilla de San Fermín, recientemente privatizada por la diócesis. Si recurrimos a los archivos de cada sitio, en todos sin excepción encontraremos datos semejantes.
 
El articulista llama la atención al hecho real de que el título de propiedad da derecho a todo lo que la ley establece para un propietario, por ejemplo, la enajenación. En la práctica esto ya se ha dado en pueblos pequeños. En Ibiricu los vecinos se dieron cuenta de que la casa parroquial, que ellos en auzolan habían mantenido a lo largo de los siglos, tenía un dueño que la había comprado al Arzobispado. Los vecinos de Arizala se enteraron que el Arzobispado había vendido por 30 millones de las antiguas ptas. la casa parroquial y el huerto, sin consultar o informar a los vecinos, ni de la venta ni del destino de esa cantidad.
 
El Arzobispado respondió desde la oficina de prensa con unas puntualizaciones «de acuerdo a la legalidad vigente (…) las inscripciones se han hecho con el fin de dar formalidad jurídica, para todos los efectos». En otro apartado reconoce y agradece el esfuerzo realizado por las comunidades cristianas «que libre y voluntariamente quisieron crear y mantener esas instituciones y servicios». Otro apartado puntualiza que «la inscripción de esos bienes patrimoniales se ha hecho no por motivos lucrativos, sino por razones de legalidad».
 
Estas noticias han corrido rápidamente y podemos decir que se ha creado cierta alarma social en todos los sectores de nuestros pueblos, tan amantes de lo propio. No podemos olvidar el cambio del fenómeno religioso de nuestros pueblos. Hace 50 años había varias misas en cada pueblo y los templos estaban repletos de asistentes. Hoy se celebra una con escasos participantes.
 
Según el informe del Arzobispado y el testimonio de algunos ayuntamientos que han investigado el Registro de la Propiedad, la mayoría de templos, ermitas y casas parroquiales, huertos e incluso cementerios ya son propiedad jurídica del Arzobispado. Según ese Registro, esas ventas (a pesar de decir que las escrituraciones no se hacían con interés económico) son civilmente legales. Aparte de la sorpresa, indignación o rechazo de la gente de la calle, en casi todos nace este interrogante: ¿puede la Iglesia Católica hacer eso moralmente?
 
Es lamentable que en un tema de tanto calado y que afecta a los vecinos, el Arzobispado no tenga más que argumentos jurídicos. Pienso que los creyentes en Jesús de Nazaret seguimos alimentando y bebiendo nuestra fe en la fuente que él promete: «el agua que yo le daré se hará un manantial que brote hasta la vida eterna» (Jn.4,14). El no edificó templos y cuando vio los abusos en el templo de Jerusalén, indignado, con un azote en la mano y justamente violento, arremetió con los que lo manchaban con sus negocios.
 
Un aspecto queremos remarcar: ¿por qué no se han inscrito todas las parroquias? La respuesta es clara. Algunos sacerdotes más cercanos y seguidores de las doctrinas renovadoras del Concilio Vaticano II se opusieron a esa escrituración de las parroquias que ellos regentaban. Pero todo eso se ha llevado en el típico silencio de la jerarquía católica.
 
Es bueno recordar algo que sucedió en los pasillos del Concilio Vaticano. El Papa Paulo VI hizo correr la idea de entregar a la UNESCO los museos del Vaticano. Eran tiempos de reflexión y autocrítica de la Iglesia Católica. La proposición quedó ahogada por los sectores conservadores. Felizmente ese deseo se hizo realidad en la diócesis de Chile y en Ecuador. Todas las fincas fueron dadas en propiedad a los que las trabajaban en arriendo.
 
La historia nos dice que la fuerza del Evangelio fue arrolladora cuando no tenía templos ni propiedades, cuando muchas veces celebraban sus reuniones en la clandestinidad. Así se extendió el cristianismo, pero los políticos de antes y de ahora han querido tener cerca el fenómeno religioso. Ha sido la lucha eterna en el catolicismo: los privilegios del poder o la fidelidad al Evangelio.
 
Creo que una actitud de diálogo del Arzobispado con los ayuntamientos sería de gran beneficio para ambos y sobre todo para nuestro pueblo navarro.

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