Sus muertos

Existen muertos y muertos. A unos se les dignifica y homenajea y a otros se les silencia o cuando no se les injuria.

El próximo 13 de octubre se va a realizar en un complejo deportivo de Tarragona, la beatificación de 522 mártires de la Iglesia asesinados durante la guerra civil española.

Incongruente por mi parte sería, como en todos aquellos no creyentes, inmiscuirse en actos conmemorativos que cualquier entidad lleve a cabo en su seno y con privacidad. Otra cosa es, cuando esta actividad se va celebrar como en este caso, en una dependencia oficial de la Generalidad Catalana, se presupone que con cargo a este ente oficial, a pesar de la financiación  presupuestaria anual de la entidad organizadora en torno a 11.000 millones de euros.

A partir de su beatificación, los 522 religiosos podrán recibir culto, y con la consiguiente canonización serán santos. Me pregunto si los 18 clérigos vascos y navarros fusilados por la dictadura militar durante y al término de la guerra, serian en lo personal y en su actividad pastoral menos virtuosos que los primeros. Por no hablar de los 50.000 españoles, muchos de ellos buenos católicos y de profundos valores humanos, como por ejemplo el Dr. Pesset Aleixandre, fusilados al terminar la guerra por colaboracionistas con la República y luchadores contra la Santa Cruzada golpista.

Es preciso matizar, que aquellos sus mártires, murieron durante la conflagración bélica a partir del golpe militar del 18 de Julio. Una cruenta guerra de 3 años originada por un alzamiento rebelde contra una legalidad democrática, en la que se mató sin compasión a diestro y siniestro como ocurre en toda guerra. Y que terminada la contienda, como venganza y a manera ejemplarizante los vencedores siguieron con la matanza durante años para con los vencidos. Unos muertos estos últimos en su mayoría olvidados política y socialmente en fosas comunes y cunetas, y que después de más de 70 años sería necesario recuperar para una real y definitiva reconciliación nacional.

Perdón, piedad, misericordia, homenajes y recordatorios, son conceptos y palabras repetidamente utilizadas en cultos y homilías. Pero nunca han sido dirigidas a las víctimas de Franco, o sea a los otros muertos.

La difícil tarea reivindicativa y de recuperación de restos de estos españoles derrotados y muertos por las armas es casi exclusivamente familiar. Solo algún caso aislado dentro de la Justicia como el de Baltasar Garzón, el de distintas organizaciones por la Memoria Histórica y otras como España Laica, trabajan contra la indiferencia cuando no desprecio por estos luchadores por la libertad. Y para vergüenza nuestra, tiene que ser la Justicia Argentina la que muestre una sensibilidad y valentía tan en falta aquí, reconociendo a estas personas y los valores por los que dieron su vida.

Un ninguneo social injusto que me recuerda aquella expresión inconsciente, -la mayoría de veces-, en muchos de nuestros pueblos valencianos, cuando al tañido de las campanas a muerto,  un vecino pregunta, qui s’ha mort,  y otro contesta, no, ningú, es  foraster.

Toni Sim.   Valencia Laica.

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