Sucesos paranormales o para anormales. No lo sé muy bien

Joxemari sabe que entre el ser y el parecer media un abismo, tan profundo como el existente entre explotados y explotadores. Tan ancho como entre democracia formal y democracia real

El suceso ocurrió en una de esas familias de las que se dice familias normales con la normal incomunicación entre sus parecidos miembros. Era un día festivo, de celebración porque el pequeño había recibido, por vez primera, el cuerpo de Cristo en forma de hoja redonda de pan ácimo (sin gluten por ser la criatura celíaca; existe la sospecha de que, al carecer de gluten, la hostia pudiera envolver una menor porción de Dios y hay partidarios de que por ello, los celíacos comulguen varias rondas). Bien, el niño comulgante era el centro de la reunión. En un momento dado, el que había sido su padrino en el sacramento bautismal y que en su nombre había renunciado a Satanás, a sus obras, a sus pompas, a su culto, a sus ángeles, a sus designios y a todas las cosas a él sujetas, le preguntó ante el resto de la familia: «Y tú, Joxemari, ¿has pensado lo que quieres ser de mayor?».

El niño no lo dudó ni un solo instante. Y con una firmeza y rotundidad impropias de su edad dirigiéndose a su tío respondió: «De mayor quiero ser buena persona». La consternación familiar fue general. Unos a otros se miraron despavoridos. Ellas acercaron las manos extendidas a sus bocas como manera de contener el grito de pánico que afloraba a las gargantas. Los varones de la familia, respondieron con ceños fruncidos y puños crispados. El padrino inquirió de nuevo al sobrino: «¿Y no prefieres ser policía como los otros niños? ¿o torero, piloto de combate e incluso misionero para salvar negros en África? Piensa, Joxemari, en el disgusto que estás dando a tus padres, que han sacrificado todo por ti».

«Lo siento, lo he pensado detenidamente y así lo tengo decidido. Mamá, papá, querida familia: de mayor voy a ser buena persona». La madre lloraba desconsolada, el padre dirigiéndose a ella le recriminaba: «La culpa es de su tío, -tu hermano-, el que está en la cárcel acusado de terrorista que no ha hecho más que meterle ideas raras en la cabeza. Claro que ya tiene a quién salir, a tu padre, aquél anarquista quemaiglesias que lo ajusticiaron demasiado tarde. Colegio de pago, catequesis, videoconsola, televisión de plasma en su habitación, hasta las botas de fútbol de Cristiano Ronaldo y la camiseta firmada de Guti y ahora el niño de mayor quiere ser buena persona. Ya lo decía mi padre, Mejor cerdos que dan jamones».

«Pero Josemaría -terciaba la abuela paterna-, ¿no comprendes que todavía llevas el cuerpo de nuestro señor en tus entrañas? ¡cómo puedes decir semejantes cosas! ¿qué va a decir el señor obispo? ¡Recién comulgado y ya en pecado!». La tía Maritxu le imploraba si no bastaría con aparentar ser buena persona no teniendo que llegar a mayores.

Pero Joxemari sabe que entre el ser y el parecer media un abismo, tan profundo como el existente entre explotados y explotadores. Tan ancho como entre democracia formal y democracia real.

Por esos saberes, a Joxemari le amenazaron con el correccional. Entonces se le ocurrió parecer mala persona siendo buena.

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