Su obsesión es la mía (segunda taza)

Si las religiones no fueran instrumentos de tortura infantil cuyas secuelas arrastramos de por vida; si fueran opciones personales y no inducidas desde la infancia; si no fuesen instrumentos de poder, tanto más poderosos cuanto más ignorante es la sociedad que gobiernan en la sombra; si no estuviesen detrás de la mayoría de las guerras a lo largo de la Historia, promoviéndolas directamente o apoyándolas; si los religiosos quisieran salvarse ellos solos sin entrometerse en mi vida, como un Parlamento bis que pretende retorcer el sentido del voto de la mayoría de los ciudadanos… si así fuese, yo me limitaría a contemplarles con la conmiseración del que tiene delante a un adulto que todavía cree en el Ratoncito Pérez.

Algunos me preguntan de dónde viene esa supuesta obsesión mía por las religiones. Y siempre contesto que  sólo reacciono a su obsesión por mí y por todos cuantos, como yo, nos sentimos agredidos a diario por la clerigalla, la que nos insulta considerándonos moralmente inferiores, la que enfrenta a media sociedad contra mis conciudadanos homosexuales, la que tilda de asesina a la mujer que aborta legalmente, la que duda de la salud, estabilidad y capacidad para educar a los hijos de los matrimonios civiles o de las parejas de hecho.

Las iglesias de los cristianos coptos de medio mundo están bajo vigilancia policial después de la masacre en un templo de Alejandría donde murieron 21 personas víctimas de la irracionalidad islámica. De su poder nos dio una muestra reciente WikiLeaks, cuando contaba cómo el iraní Ahmadineyad fue abofeteado por el clérigo “Jefe de la Guardia Revolucionaria” cuando el presidente propuso una tímida apertura. Entre nosotros, los curas no se atreven a abofetear a Zapatero porque los laicos hemos sacado a España a empujones de esa edad media en la que todavía viven la sociedades teocráticas como Irán. Pero vaya que si les gustaría.

Por eso, para los que consideráis que hay cosas más importantes en la vida que denunciar la barbarie física e intelectual de las religiones solo tengo la receta de mi abuela: si no quieres caldo, toma dos tazas.

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