Stele denuncia que la clase de Religión cuesta más de medio millón al mes

El sindicato presenta un decálogo en el que defiende la educación pública y laica

El sindicato Stele ha elaborado un decálogo en defensa de la educación pública y criticando la Lomce, que otorga a la asignatura de Religión «una mayor presencia y un mayor peso en las notas medias que contabilizan para becas, para la superación de las diferentes etapas y la obtención de los títulos educativos». A esto, añaden «lo alejados que están los contenidos que tendrán que estudiar los alumnos de esta asignatura», en relación «al origen divino del hombre o la omnipresencia obsesiva del pecado». Desde el sindicato presentan una decena de propuestas para animar a los padres a que matriculen a sus hijos en la asignatura de Valores Sociales y Cívicos. Entre los argumentos, la economía. Según denuncia el sindicato, el coste del profesorado de Religión es de «más de medio millón de euros al mes sólo en León», lo que consideran una situación delicada «especialmente en un momento de crisis económica que ha generado más de cinco millones de parados». A esto añaden la rentabilidad, alegando que la separación en aulas diferentes de los alumnos, la confección de horarios y la contratación del profesorado para dar cobertura a las religiones que tienen acuerdos con el Estado «encarece la educación y resta recursos destinados a otras necesidades».

Además de este argumento económico, desde el sindicato leonés, en el que insisten en «el respeto a todas las creencias religiosas, pero no se puede admitir que se utilicen como instrumento de manipulación de las conciencias infantiles en el ámbito educativo», señalan que la escuela no es el lugar para impartir religión «pues no se deben confundir los contenidos confesionales con los educativos». También destacan que eliminar la asignatura de Religión permitiría emplear esas horas en la enseñanza de otras materias tan necesarias como la Lengua o las Matemáticas.

Desde Stele también consideran una «injusticia» que los profesores de Religión no tengan que pasar una oposición, sino que son designados directamente por la jerarquía religiosa y añaden la «responsabilidad», ya que la enseñanza pública «no puede ser el altavoz de organizaciones religiosas». Destacan que las asignaturas que dan la alternancia a la Religión «son más complicadas de superar» y añaden que, por «lógica» no pueden seguir confundiéndose «la religión propiamente dicha con los valores sociales, cívicos, éticos o democráticos». También aprecian que la impartición de Religión «vulnera los artículos 14 y 16 de la Constitución» y que «por respeto, una escuela laica no supone una imposición de laicidad en el ámbito personal, que es el suyo propio, ni se inmiscuye en el derecho a la libertad religiosa de cada uno».

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