Solución laicista para Siria

En la capital de Kazajistán, Astampa se ha llevado a cabo, los días 23 y 24 de enero, la reunión internacional entre el gobierno y la oposición siria, bajo el patrocinio y apoyo de Rusia, Turquía e Irán, a fin de poner fin a la guerra que ha afectado a ese país por más de cinco años.

En ese contexto, se ha presentado un borrador de Constitución, por parte de Rusia, que establece la preservación de la integridad territorial, el laicismo del Estado, y la garantización de los derechos de las minorías étnicas y religiosas.

La proposición establece la eliminación de la palabra “árabe” del nombre oficial del país, quedando solo como “República de Siria”, que se definirá como un Estado independiente y soberano, sustentado en la igualdad, la supremacía de la ley y el respeto  de todas las creencias y grupos religiosos, en tanto estos se mantengan en el marco constitucional y legal acordado.

En términos de soberanía nacional, la propuesta rusa establece que Siria es un país «unido, inviolable e indivisible», cuyo territorio es «inalienable» y cuyas fronteras únicamente pueden ser modificadas vía referéndum «entre todos los ciudadanos de Siria». También se establece que Siria construirá y formará sus propias relaciones internacionales, «basándose en los principios de buena vecindad, cooperación, seguridad mutua y otros principios recogidos por la legislación internacional», además de rechazar la guerra como método para «resolver conflictos internacionales e internos».

Según consignó el 27 de enero recién pasado Actualidad.rt.com, la propuesta rusa es una más  de las que se han planteado, aun cuando recoge muchas de las ideas que han ido surgiendo entre los participantes en las negociaciones de paz.

El borrador constitucional establece que la rama ejecutiva del poder en Siria, representada por el presidente del país y su Gobierno, siendo elegido el mandatario mediante sufragio público y pudiendo gobernar durante un máximo de dos legislaturas de siete años cada una. La Asamblea Popular hará las veces de Parlamento y en ella se presentarán y votarán las leyes que luego serán entregadas para su aprobación por la Asamblea de Territorios y, después, por el presidente.

Sin el componente de un Estado laico, las posibilidades de pacificación y de normalización del país, serían imposibles, de allí que la laicidad vendría ser un componente determinante para poner fin a las querellas religiosas que han  encendido y alimentado la larga guerra interna del país.

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