Sociedad laica, escuela segregadora

Vivimos en una sociedad laica. En el trabajo, con los vecinos, nadie sabe, nadie pregunta, si eres creyente, si vas a misa, si eres agnóstico, ateo, judío o pastafarista. Todos entendemos que lo que creemos pertenece a nuestro ámbito más íntimo, privado. Salimos a desayunar, tomamos cervezas con los compañeros, y nadie hace diferencias. Excepto en la escuela.

Cuando vas a matricular a tu hijo o hija en el colegio, tienes que retratarte: Religión católica, musulmana, judía, o valores. Ya a tu hijo o hija, le han puesto la etiqueta. A partir de ese momento, desde los tres años, cuando toque la clase de religión, será segregado. Sin que entienda por qué, lo sacarán de la clase y lo llevarán, en el mejor de los casos, a otra aula con dos o tres “diferentes” como él; en el caso más frecuente, a la biblioteca, al aula de profesores o al pasillo.

No es de extrañar que, a pesar de que en la España de hoy, hay más matrimonios civiles que religiosos, un 25% de la población se declara no creyente o profesa otra religión, y sólo el 35% de los católicos se declara practicante, muchos padres prefieran matricular a sus pequeños en religión para no “señalarlo”. Hay que ser muy valiente y muy íntegro, como Juanma, ese padre heroico del Colegio Giner de los Ríos, en Mairena del Aljarafe, para hacer frente a las presiones de la dirección del colegio y, lamentablemente, las de otros padres y madres, y mantenerse firme en la defensa del derecho a la libertad de conciencia de su hijo de 5 años.

Cada vez son más esos padres y esas madres valientes, que denuncian ante la inspección educativa la organización en los centros escolares públicos de actividades religiosas que invaden el espacio común y el horario de otras asignaturas. Las más invasivas, las procesiones de Semana Santa que, no sólo ocupan toda la jornada lectiva, sino muchas horas previas de la clase de música o de plástica.

La jerarquía católica sabe muy bien lo que se juega con su presencia en las escuelas. Es el único ámbito ya en el que puede llegar a todos y todas para atraerlos a su rebaño. El profesorado de religión, nombrado por el Arzobispado y pagado por todos nosotros, está organizado en una Asociación en la que se planea e intercambian consejos sobre cómo hacer más atractiva su asignatura. En muchos centros son los más activos y los más dispuestos siempre a la organización de actividades extraescolares, excursiones y salidas del centro. Al interés de la jerarquía por mantener su influencia sobre los futuros ciudadanos y ciudadanas, se une la defensa de su puesto de trabajo. Por eso, lejos de reflejar la secularización de la sociedad, su carácter irreversiblemente laico, la Escuela Pública parece caminar hacia atrás. Cada vez más procesiones, belenes vivientes, exposiciones de pasos de Semana Santa…

Esa contradicción entre la evolución de la sociedad y la agresividad de la jerarquía católica en el ámbito donde se juega su futuro, la escuela -la concertada, que defiende con uñas y dientes y también la pública-, inevitablemente conduce al conflicto. Porque muchos padres y madres eligen la escuela pública por ser pública y no religiosa, y se encuentran con que a su hijo o hija, lo segregan, le hacen sentirse diferente, “raro” y les ponen a ellos ante la tesitura de plegarse a “la mayoría”, renunciando a sus convicciones o ser héroes.

Por eso, desde Sevilla Laica, como parte de Andalucía Laica y Europa Laica, defendemos que la religión debe enseñarse fuera de la escuela: en las parroquias, las mezquitas o las sinagogas. Porque, de acuerdo con nuestra Constitución, todos somos iguales, ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho, creamos lo que creamos. Y la escuela pública, demasiadas veces, nos hace sentir ciudadanos de segunda y, eso sí que no lo soportamos, se lo hace sentir a nuestros hijos e hijas. Así que, mientras no consigamos nuestro objetivo esencial de sacar a la religión de la escuela, por favor, autoridades educativas, no permitan que la asignatura de religión salga de sus límites, porque tendrán conflicto. No porque Sevilla Laica lo promueva, sino porque cada vez hay más padres y madres valientes dispuestos a defender sus principios.

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