Sobre nacional-catolicismos

Podemos estar satisfechos, estamos avanzando en el camino del fortalecimiento del nacional-catolicismo. Con Franco, teníamos al nacional-catolicismo inquisitorial franquista, fascista, o como quieran llamarle. Ahora, continuamos teniendo ese nacional-catolicismo, aunque no abarca a todos los miembros de la iglesia, que se expresa regularmente en torno a asuntos de mucho interés para la vida y convivencia; y a él se le ha unido el nacional-catolicismo catalán, antes participante directamente del franquista, incluidos sus tercios en la guerra civil contra la Segunda República, roja para todos ellos. Ahora, bajo una bandera u otra, utilizadas las dos como trapos para la confrontación, defienden cada parte una concepción reaccionaria de la religión y de la política.

En Catalunya, la iglesia oficial que manda, desde Montserrat a Vic, pasando por los capuchinos de Sarriá, por Girona o Tarragona, se envuelve en la “estelada” moviliza a todos sus vicarios: obispos, curas, monjas de clausura, seglares…y no para de intervenir en todos los asuntos relacionados con el secesionismo: manifiestos de apoyo a la independencia, visitas de los obispos a los golpistas encarcelados,  ayunos de curas, monjas y seglares pidiendo al cielo el paraíso en Catalunya. Junqueras es capaz hasta de dialogar públicamente con su “Jesús amoroso y revolucionario”. En el sentido humano, social y político y en las costumbres supongo que todos igual de carcas que siempre.

Y, por el lado del otro nacional-catolicismo, el que envuelve la cruz en la bandera bicolor española, a la que dicen aceptar constitucionalmente y no le vuelven a añadir la gallina, mantiene con los colegas catalanes una actitud contraria a la secesión y distante en lo religioso.

Una significativa representación de su plana mayor, no renuncia al adoctrinamiento religioso en las escuelas, ni al privilegio de  su financiación por el estado; continúa su campaña contra el aborto, se ha posicionado con el abad reaccionario del Valle de los Caídos contra la exhumación de la momia de Franco, hace permanentes declaraciones de homofobia….Más o menos, como los colegas catalanes, pero sin disimular.

En resumen, tenemos dos nacional-catolicismos envueltos en sus banderas, que en vez de ser un elemento positivo, en Catalunya y en toda España, para contribuir a la superación de los enfrentamientos históricos y a la defensa de unas condiciones de vida y de trabajo más dignas para las clases trabajadoras, son otro importante elemento para la división entre territorios, personas y clases.

¿Qué harán los buenos dirigentes religiosos cristianos, que los hay, y los cristianos de base, para defender soluciones justas a los problemas planteados. Este es el dilema. No pueden permanecer parados mientras todo se degrada.

Francisco Frutos Gras

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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