Sobre Laicismo, Ley de Educación y Constitución

Se ha abierto un necesario debate

Con el positivo cambio de gobierno y el consiguiente anuncio de modificación de la Ley llamada “de Calidad de la Educación”, redactada y aprobada en solitario por el Partido Popular, varias comunidades autónomas han decidido suspender la aplicación de sus aspectos regresivos, incluidos la especialización prematura, la evaluación del aprendizaje de Religión y la sustitución de su alternativa Ética, por “El Hecho Religioso”.

En definitiva, ese cambio regresivo impuesto por el PP con su “mayoría absoluta” parlamentaria (no en votos), ha desembocado en la reanimación del debate, en la sociedad y la TV, sobre la enseñanza religiosa  en la enseñanza pública, que los partidos de izquierda suelen no cuestionar.

Pero el único otro participante que se refirió a su propuesta, fue para objetarla: “¿Cómo se va a inculcar a una persona a la  vez varias religiones?”

Un artículo constitucional “de consenso”

En general las exposiciones se basaron en el artículo 16, inciso  3, de la actual Constitución, que establece:

     “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.” (Ahí hay una priorización implícita). Cooperación en ambos sentidos, no  financiamiento por el Estado.

La Constitución establece que el Estado Español es “aconfesional” (que autoridades del PP han sostenido que es diferente a “laico”, sin poder explicar la diferencia) cuando la Constitución debería decir sencilla y claramente “laico”. Eso tiene una causa y un objetivo.

El artículo 27 en su inciso 3 establece que: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Conste que no dice que esa enseñanza la imparta ni que la financie el Estado.

Y el mismo artículo 27, en su inciso 1 establece. “Se reconoce la libertad de enseñanza”. Y en su inciso 6 establece: “Se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros docentes, dentro del respeto a los principios constitucionales.” Es una vía más (además de las respectivas Iglesias) para realizar esa libertad religiosa de los padres.

Democracia y laicismo para los jóvenes

Creo que el citado inciso 3, muy democrático para los padres, les da el derecho a decidir la formación religiosa de sus hijos, está negando a éstos el derecho democrático y humano elemental de ser informados y hacer su propia y libre opción ideológica, o sea que convierte en derecho, ampara, una actitud antidemocrática y antieducativa.

“Educar”, deriva de “educere” (latín) que equivale a “extraer lo que existe dentro”, desarrollar, y es opuesto a formar o moldear desde fuera (la personalidad de los jóvenes)

Así, además de dar un “derecho de propiedad” de los padres, discrima a los niños y jóvenes según las ideas de sus padres, violando el principio de igualdad que se pregona  y también el inciso 2 del artículo 16: “Nadie  podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.”.

Creo que es inevitable y necesario que los padres influyan sobre sus hijos, transmitiéndoles valores democráticos y solidarios, y eso requiere, además del discurso, el ejemplo de su práctica. Y que es inevitable que la mayoría de los padres inculquen a sus hijos sus ideas. Por eso pienso que, desde las organizaciones sociales y desde las instituciones del Estado, habría que orientar a los padres para que actúen en forma educativa; y eso sería lo opuesto a que transmitan una “fe” (que hay creer sin que implique razonar y fundamentar) desde el sistema de enseñanza pública, enseñanza religiosa financiada por el Estado y con intervención de la jerarquía religiosa en el nombramiento de los profesores y el control de su conducta  privada para que se ciña a las normas religiosas.

Informar sobre todas las corrientes ideológicas y religiosas

La profesión de una religión debe ser libre, y también la enseñanza de las religiones, pero fuera de las instituciones oficiales de enseñanza (como la propaganda de los partidos políticos) y que cada corriente o secta se la financie.

En la educación oficial cabe y es necesario informar sobre todas las corrientes ideológicas y religiosas, lo que va incluido naturalmente en los cursos de historia y geografía, pero también puede ser motivo de una asignatura expresa.

Es cierto que en la asunción de una opinión, cada persona usa algo de “fe”, de confianza personal en otro, porque no puede abarcar todos los conocimientos; pero tal “fe” es  el mal menor inevitable, no el ideal hacia el cual tender. No se trata tampoco de prohibirla, sino racionalizar todo lo posible la mentalidad de la gente.

El texto constitucional, en un intento de hacer “consenso”, quedó híbrido: ni siquiera quedó el sencillo y claro término “laico”, se escribió “aconfesional”, que se ha usado para pretender que es diferente a “laico”, creando una confusión.

Reforma Constitucional

Estando anunciada una reforma constitucional (principalmente sobre el carácter y las competencias del Senado, y sobre la herencia también femenina de la Corona), es una oportunidad para incorporar la definición laica del Estado y la Educación).

Una reforma de la Constitución requiere mayorías especiales (absoluta del Senado y de 3/5 del Congreso de Diputados, y para ciertos aspectos la aprobación por 2/3 de cada Cámara) antes de su ratificación por referéndum, y luego ratificación por 2/3 de las nuevas Cámaras.

La existencia de un partido anclado en ciertos aspectos en la Edad Media, hará necesario un consenso, híbrido y ambiguo como el de 1978).

Pero tal “Pacto de Estado” no impide sino que hace necesario que se expresen todas las posiciones (sobre monarquía o república, enseñanza religiosa o laica) para que la opinión pública de la sociedad avance todo lo posible, y el texto constitucional que se apruebe sea lo menos híbrido, ambiguo y confuso posible.

Un tema que no requiere reformar la Constitución, es la denuncia del Concordato con el Vaticano, firmado por Adolfo Suárez después de aprobada la Constitución en 1978 pero antes de su entrada en vigencia, concordato que se ha usado para presentar como inevitable la enseñanza religiosa oficial y las subvenciones a la Iglesia Católica Apostólica y Romana.

Experiencias laicas

Hay experiencias de otros pueblos y sus Estados, que no se trata de copiar, pero sí de tomar en consideración como una referencia. En Uruguay la concepción laica del Estado y la Educación fue elaborada por José Pedro Varela en la década de 1870, y aplicada aunque no plenamente por el Decreto Ley de Educación Común de 1877 ¡hace 127 años! La enseñanza Secundaria oficial es laica desde su creación en 1912 ¡hace 92 años! Y el respeto a los derechos del niño en la sociedad y en la educación fue encarado por los maestros, con las informaciones procedentes de Europa del Movimiento pro Escuela Nueva, en la década de 1920 ¡hace 80 años!

La aplicación del laicismo en el Estado y en la educación no ha provocado sino resuelto conflictos, ha posibilitado la convivencia pacífica entre diferentes corrientes ideológicas y religiosas.

Oficialmente, sin negar el origen religioso (cristiano) de fechas festivas tradicionales, se les ha agregado un sentido laico: el 25 de diciembre, además de Navidad es el Día de la Familia; el 6 de enero, además de Día de Reyes, es Día de los Niños; la Semana Santa cristiana es además Semana de Turismo; y cada persona es libre de celebrar esas fechas con el sentido que prefiera.

En el islamismo resaltan algunas sectas integristas; ellas están viviendo un integrismo que practicaron sangrientamente, hace siglos, corrientes del “Cristianismo” institucionalizado, que para la mayoría de los cristianos ya es “pasado y pisado”. Y no hay razones para mantenerlo.

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