Sobre la neutralidad de la ciencia

La polémica acerca de si la ciencia es, o debe ser, neutra o comprometida, se plantea a distintos niveles de discusión y sigue generando vivos cuan complejos debates.

Pero, si nada en la sociedad y en la vida humana es neutro, sino que es político, la ciencia no puede dejar de serlo. Es así que consideramos que la ciencia no sólo no debe pretender ser neutral, sino que debe estar comprometida con los valores humanísticos y laicos.

Para algunos podrá resultar redundante el tema de la presente reflexión, sin embargo, consideramos que la importancia de abordarlo radica en ofrecer algunas herramientas para comprender, tanto el papel que juegan la ciencia y la tecnología en la actualidad, como los nuevos dilemas generados por el desarrollo de ambas y que no son de fácil solución.

En primera instancia es importante reafirmar que la ciencia no es, no ha sido, ni podrá ser neutral en ningún sentido, no sólo porque como un producto humano esta impedida de esta cualidad, sino porque tampoco debe pretender nunca permanecer neutral ante los hechos y los fenómenos del mundo.

Es insostenible afirmar que existe un carácter neutral propio de la ciencia ya que ello implicaría:

1) considerar que la totalidad de la ciencia es básica o fundamentalmente guiada por el espíritu de investigación y de búsqueda de la verdad, negando así la otra faceta del quehacer científico que es el de la ciencia aplicada, que siempre está orientada a un fin; 2) olvidar que la ciencia no es sólo saber, sino hacer, y en este sentido se encuentra más cerca de ser una actividad con implicaciones sociales y políticas que de ser una actividad puramente intelectual; 3) creer en la posibilidad de que un ser humano, científico o no, sea capaz de olvidarse de sí mismo en aras de alcanzar una objetividad absoluta, y 4) ignorar que la ciencia es hecha por seres humanos y para seres humanos, cargados de su dotación de esperanzas, prejuicios, deseos, intereses, proyectos y ambiciones.

El científico es un agente moral responsable de la ciencia que practica, así como de las consecuencias que ésta tiene para la humanidad y para todos los seres vivos que habitan el planeta. Éste es un problema que se ve muy claramente en los temas que se discuten en el ámbito de la bioética, en los cuales se analizan y denuncian, por ejemplo, los riesgos impredecibles y las posibles consecuencias adversas de los organismos genéticamente modificados, o los abusos de las investigaciones biomédicas en seres humanos pertenecientes a poblaciones empobrecidas y vulnerables del tercer mundo.

Bajo un análisis ético, la reflexión debe conducirnos al estudio de la relación que debe guardar la ciencia con los valores, el mundo fáctico con el mundo axiológico, el ser con el deber ser.

Si la ciencia ha sido tradicionalmente considerada como una de las actividades racionales por excelencia, debemos cuestionarnos si su aplicación al desarrollo tecnológico cumple, en efecto, con dicha racionalidad.

El mayor logro del ser humano, al rescatar el aspecto humanístico y laico de la ciencia, no debe ser sólo la posibilidad de conocer, que se manifiesta por la estructura del propio pensamiento, sino que su verdadero mérito debe estar tanto en el avance del conocimiento, fundamental en sí mismo, como en que éste contribuya al mejoramiento de la calidad de vida planetaria, proporcione dignidad humana a nuestros actos y proyectos, y favorezca a los esfuerzos por lograr la justicia social.

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