Sobre el papel del catolicismo en la idea de España

Como ha llegado a mi conocimiento que ciertos medios de persuasión de corte más o menos tradicional consideran que el Catolicismo es parte fundamental de la Historia de España., o bien que es la raíz de España, vamos a focalizar nuestra atención sobre estas metáforas primero y luego argumentaré con lo que a mi juicio representa a día de hoy el catolicismo.

La Historia podía utilizarse como sinónimo de “pasado” en el sentido coloquial de que cierto hecho pasado ya es historia. Pero la Historia es mucho más que esto. La Historia es el pasado, el presente y el futuro personificado en un personaje. En este caso el personaje es España o el pueblo español. Dicho personaje como diría entre otros Rafael Sánchez Ferlosio, no existe, puesto que los únicos que existen son los españoles. Al considerar a España como a una persona, caemos en el engaño de admitir que la religión es determinante en su presente y en su futuro y que por tanto forma parte sustancial de su psicología.

Pero para desmontar este tinglado y también los correspondientes a las siguientes metáforas, nos basta con recordar que España no existe y sólo existen los españoles. Por su parte, la Historia es una ficción que nos recuerda mucho por su naturaleza abstracta a las creencias divinas. De la misma manera que no existe España y sólo existen españoles, en realidad sólo existen historias.

Sólo si tenemos la conciencia clara y sin confusión de que la Historia participa sólo y exclusivamente de lo divino, podemos admitir que la religión católica es parte o incluso la base de la Historia de España, puesto que en este caso no estaríamos más que formulando una especie de tautología.

Si la historia es Pasado, Presente y Futuro de un Personaje, de estos cuatro elementos con mayúsculas, concedemos que la religión aunque no es todo el pasado de España, al menos es una parte del pasado de los antepasados de muchísimos españoles.

La metáfora de la raíz nos evoca lo más profundo, radical y esencial de España y también la parte nutricia y sostén de lo que es España que en este caso sería ese precioso y fornido roble del que la religión es su raíz.

Pero como ya hemos dicho antes, la religión es pasado y un árbol no se forma a partir de sus raíces, sino a partir de una semilla. O diciéndolo de otra manera las raíces de un árbol son puro presente del árbol y puesto que la religión es parte de su pasado, de ninguna manera la religión puede ser, -como lo es la raíz en el árbol- ni la parte profunda y esencial de España, ni tampoco su sostén ni elemento nutricio.

Teniendo en cuenta lo dicho podemos admitir que la metáfora de la semilla es más acertada. La semilla a la manera de una antena telescópica albergaría en su inicio todo lo que posteriormente va a ser el árbol.

Pero, de nuevo se toma la parte por el todo, puesto que por supuesto el catolicismo no es la única semilla y ni tan siquiera es la primera ni tampoco la última. Podemos añadirle al gusto otras semillas tan o más importantes como serían la Ilustración, el Liberalismo, el Anarquismo, etc…

También hay que añadir que los procesos sociales o de conjunto no se forman a partir de semillas individuales, sino que más bien de distintas semillas que se entrelazan y contactan entre sí formando realidades nuevas. O lo que se dice siempre para resumir esta idea: “el todo es mucho más que la suma de sus partes”

Como conclusión diremos que las metáforas descriptivas del papel de la religión en los medios son malintencionadas porque tratan de hacer confundir la parte con el todo, para atribuir a la parte todo aquello que de positivo se pueda imaginar del todo.

Dicho esto vamos a aclarar porque considero que el catolicismo forma parte del pasado de los españoles y que en el presente o bien no existe o está totalmente irreconocible.

Concepto de religión.

René Guénon, pensador tradicionalista, decía que religiones sólo hay tres en el mundo, a saber: el cristianismo, el islamismo y el judaísmo. Son las únicas tradiciones que reúnen un dogma, una moral y un rito. Cuando falta alguno de estos elementos, ya no se puede hablar de religión propiamente dicha, como sucede en tradiciones de otras partes del planeta. Aplicado este esquema al catolicismo, la falta o el deterioro de alguno de estos aspectos lo que nos indicará son desnaturalizaciones, sucedáneos o incluso desaparición.

El dogma.

Veamos muy brevemente la situación del catolicismo en la España de hoy. La parte dogmática se perdió hace mucho tiempo, puesto que los católicos ni la conocen ni la comprenden, ni la comparten. Lo que se percibe es que las ideas dogmáticas como pueden ser la Santísima Trinidad, la resurrección de la carne, etc, no son sino cuentecillos irracionales o mitos que no hay que tomarse muy en serio. En el lenguaje corriente una persona dogmática se identifica con una persona irracional y tozuda.

A día de hoy los católicos prefieren interpretar o no interpretar los textos a su manera, sin intermediarios, sin conocer la doctrina eclesiástica. Irónicamente lo que se concluye es que los católicos españoles son protestantes aunque no lo sepan. Y ejercen con buen sentido, -al igual que el 15-M en materia política- un ejercicio de madurez personal en materia religiosa. Aunque, a decir verdad, en la mayoría de las ocasiones sólo se trata de un desinterés manifiesto.

La moral.

Toda religión, además de una parte dogmática tiene una parte moral a modo de legislación. En el caso de la religión católica, la aplicación de la parte normativa se vuelve cada vez más laxa. En primer lugar, como ya hemos dicho porque no se reconoce la parte dogmática que es la fuente o fundamento de las normas. En la mayoría de los casos ni tan siquiera se conocen las normas.

En segundo lugar, debido a la separación de la iglesia y el estado, las normas tampoco son respaldadas por ninguna fuerza coercitiva, ni tribunal o púlpito que pudiera obligar a aplicarlas, ni tan siquiera, cierta sanción o reprobación social que había en otras épocas. Lo que ha quedado de la moral religiosa es un tibio y tenue “hay que ser buenos”, que por cierto comparten creyentes y no creyentes.

El rito.

El rito religioso también se ve afectado por el desconocimiento del dogma. En el momento en que los participantes no reconocen el dogma que hay detrás de los símbolos que los representan, el rito se convierte inmediatamente en superstición o superchería.

Así la comunicación o el enlace con lo divino o es de naturaleza supersticiosa o acaba por romperse y sólo queda la comunicación o comunión entre fieles, que es esa sensación religiosa que se experimenta también entre los asistentes a un concierto de rock, una asamblea del 15-M, o a un partido de fútbol. En el caso que nos ocupa se trata de la sensación de comunión que experimenta la gente bien, cuando se reúne con otra gente bien.

Los organizadores del evento, con gran habilidad o cintura, han sido capaces de esquivar ese sentimiento de superchería que puede percibir cualquiera, al remodelar los símbolos religiosos en enseñas nuevas, más naif, más gagá, más dadá, más de diseño, que son las que portan los mal llamados peregrinos.

Sólo cuando excepcionalmente la gran estrella interpreta el rito, ayudada por los poderes mediáticos y económicos, tiene el rito gran capacidad de convocatoria entre los jóvenes, porque no debemos de perder de vista la realidad de las iglesias vacías de gente con pelo o sin tintes.

Si el dogma es desconocido, la moral religiosa está por los suelos y lo único que ha quedado de la religión en España es esta parte horizontal del rito, podemos concluir que la religión católica no es raíz, ni historia de España, ni mucho menos de los españoles. No sería más que parte del pasado.

En este contexto, la visita del papa a España se basa en el siguiente acuerdo tácito:

1 Al papa se le deja decir lo que quiera y consigue congregar a muchísimas personas, aumentando su poder entre las capas altas de la sociedad.

2 Por su parte los espectadores ceden la palabra al papa, pero no le hacen ni caso. A cambio consiguen un baño de éxtasis de rito horizontal. De lo que fue la religión aún mantienen un baño cultural católico que les identifica como gente bien.

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