Sobre el discurso de Obama

Me gustaría hacer un comentario sobre el discurso de Obama en la toma de posesión, ya que me parece interesante también en lo referente a la laicidad, y no se ha comentado aquí (también tengo en cuenta discursos anteriores y los debates de la campaña electoral).

Para no ser muy negativo, diré también algunos aspectos positivos. Me parece un discurso valiente y valioso en algunos aspectos ideológicos, en especial en cuanto se refiere a la defensa del idealismo y a la necesidad de transformación de la política para adaptarse a las necesidades del mundo, más allá de intereses particulares y estrechos. La referencia a las energías renovables que harán funcionar las fábricas, la búsqueda del diálogo y el encuentro entre culturas y formas de pensar (en especial el mundo musulmán), la puesta en valor del trabajo de la gente sencilla y humilde y sus valores (aunque ha idealizado en exceso los valores tradicionales de los fundadores de EE.UU., cuando se trataba en realidad de gente muy conservadora, puritana y cerrada de mente)… Lo que no me ha gustado, aunque es prácticamente consustancial a los Estados Unidos, es el patriotismo semimístico nacional y las frecuentes referencias y connotaciones religiosas de su discurso. El discurso previo del past
or evangelista, me parece un atentado a la moderna separación Iglesia-Estado, a la libertad de conciencia y a la pluralidad social (en especial a los ateos y librepensadores humanistas que aspiramos a que la humanidad se libere de la opresión de los dogmas y coacciones de las religiones para lograr la plena dignidad y la toma de las riendas de su propio destino). En ese sentido, todo el protocolo es medieval: la asistencia de Obama a la misa previa, el juramento sobre la Biblia y el discurso del polémico reverendo conservador. Tampoco me ha gustado su falta de autocríticas y asunción de responsabilidades frente a los crímenes y errores que ha cometido su país y que deben ser reparados mediante las correspondientes investigaciones y actuaciones de los tribunales internacionales. Su parcialidad patriótica y religiosa, maniquea (EE.UU. está con Dios, en el lado de los buenos) le lleva a dar las gracias a Bush por su labor, y a advertir a los malos que serán derrotados. Esto alimenta el
odio de quienes en el fondo tienen el mismo pensamiento, los terroristas fundamentalistas y líderes políticos descontentos con EE.UU.

Me parece un discurso valiente y valioso en algunos aspectos ideológicos, en especial en cuanto se refiere a la defensa del idealismo y a la necesidad de transformación de la política para adaptarse a las necesidades del mundo, más allá de intereses particulares y estrechos. La referencia a las energías renovables que harán funcionar las fábricas, la búsqueda del diálogo y el encuentro entre culturas y formas de pensar (en especial el mundo musulmán), la puesta en valor del trabajo de la gente sencilla y humilde y sus valores (aunque ha idealizado en exceso los valores tradicionales de los fundadores de EE.UU., cuando se trataba en realidad de gente muy conservadora, puritana y cerrada de mente)… Lo que no me ha gustado, aunque es prácticamente consustancial a los Estados Unidos, es el patriotismo semimístico nacional y las frecuentes referencias y connotaciones religiosas de su discurso. El discurso previo del pastor evangelista, me parece un atentado a la moderna separación Igles
ia-Estado, a la libertad de conciencia y a la pluralidad social (en especial a los ateos y librepensadores humanistas que aspiramos a que la humanidad se libere de la opresión de los dogmas y coacciones de las religiones para lograr la plena dignidad y la toma de las riendas de su propio destino). En ese sentido, todo el protocolo es medieval: la asistencia de Obama a la misa previa, el juramente sobre la Biblia y el discurso del polémico reverendo conservador. Tampoco me ha gustado su falta de autocríticas y asunción de responsabilidades frente a los crímenes y errores que ha cometido su país y que deben ser reparados mediante las correspondientes investigaciones y actuaciones de los tribunales internacionales. Su parcialidad patriótica y religiosa, maniquea (EE.UU. está con Dios, en el lado de los buenos) le lleva a dar las gracias a Bush por su labor, y a advertir a los malos que serán derrotados. Esto alimenta el odio de quienes en el fondo tienen el mismo pensamiento, los terroristas fundamentalistas y líderes políticos descontentos con EE.UU.

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