Sin bares en la pasión palmera

El bando de Semana Santa del alcalde de Santa Cruz de La Palma, el socialista Sergio Matos –que amplía el horario hasta las tres de la madrugada, pero, de manera paradójica, prohíbe «expresamente las actividades lúdico-festivas en bares y restaurantes el Jueves y el Viernes Santo»– hubiese pasado desapercibido si en el último pleno la concejala de Nueva Canarias (NC) no hubiese avisado de sus visos de inconstitucionalidad, en tanto que España es un país aconfesional. El revuelo montado ha sido monumental, obligando al alcalde a salir al paso para explicar que el bando responde al afán de dar «empaque» a la Semana Santa palmera.

En los bares y restaurantes de la ciudad, el bando generó perplejidad por cuanto que, según Eva Álvarez, gerente de la Asociación Casco Histórico, que agrupa a comerciantes y, sobre todo, restauradores de la capital palmera, «viene a poner en papel lo que ya todo el mundo hacía: retirar las terrazas, bajar la música y entornar la puerta de los locales cuando pasaba una procesión».

Pero, además, llevó a «una confusión tremenda» porque no se entendía «a qué venía» la prohibición, a todas luces «desproporcionada», dicen. Eva Álvarez tuvo que aclararlo con el propio alcalde para luego explicar a los restauradores que, en realidad, el bando venía a decir, aunque no esté en su redacción, que no se pueden celebrar las actividades contempladas en el convenio Vive Santa Cruz suscrito entre Casco Histórico y Ayuntamiento para dinamizar la ciudad, básicamente, música en la calle.

Sea como fuera, lo cierto es que en ninguna otra ciudad de Canarias, con agendas de Semana Santa plagadas de procesiones, como La Laguna, Las Palmas de Gran Canaria o Santa Cruz de Tenerife, han tenido que echar mano de un bando semejante para darles «algo de empaque».

Sólo en la capital grancanaria, el Servicio de Edificaciones y Actividades emite una resolución recordando el horario de las procesiones y que, a su paso, los locales deben retirar sus terrazas. Una vez la comitiva traspone, las mesas y sillas vuelven a su sitio.

Las procesiones de La Laguna discurren por las calles peatonales plagadas de bares y restaurantes, pero «nunca» se ha prohibido que estén abiertos ni se les obliga a retirar las terrazas. Tampoco en Santa Cruz de Tenerife se prohíbe nada. Es más, una de sus procesiones más emblemáticas, la de Jesús Cautivo –un paso que sale a hombros, al más puro estilo sevillano–, discurre por la principal zona de ocio de la ciudad, con terrazas a ambos lados de la calle.

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