Sexo

En Educación y en la vida eterno tema inconcluso, siempre necesitado de explicación pero nadie ha sido capaz de meterle mano en serio. Algunos conatos de tratamiento han sido enérgicamente cortados de raíz con el cuento del escándalo. Y eso que se trataba sólo de hablar del asunto. No digamos de propuestas prácticas. Quien se atreviera ardería como un ziquitraque. Sin embargo ahí está el tema, siempre pendiente, siempre necesario y siempre eludido de uno o de otro modo.
No hay comportamiento en la vida que no esté impregnado de sexo. Desde el nacimiento y hasta la muerte misma. No es el único componente de la vida como se ha dicho, pero ahí está a cada momento. Con mil manifestaciones con millones de caras diferenciadas y moviéndose como los topos. Bajo tierra, sin luz del día y yendo y viniendo a tontas y a locas porque no puede hacerse visible. No soportamos su presencia a la vista.
Preferimos abusos y violaciones domésticas tradicionalmente masivas y silenciadas a cal y canto, iniciaciones aberrantes en inmundos rincones a escondidas, experiencias que dejan marcas indelebles en el cuerpo y, sobre todo, en la mente, antes que hablar del asunto con calma y antes que asumir el cuerpo como protagonista de sí mismo como agente de placer para uno mismo y para los demás. A nada se aprende por ciencia infusa. Apenas sabemos chupar cuando nacemos. Lo demás hay que aprenderlo.
¿Quién nos enseña nuestra dimensión de personas sexuales? ¿Con qué cuestionario? ¿Bajo qué ejemplos? Nada. Siempre oscuro. Cuatro palabras sueltas por aquí y por allá, chismes parciales y baratos de una prensa superficial que lo primero que tiene que hacer es vender y sistemáticamente la angustia, la incertidumbre y el descubrimiento de cada uno por sí mismo como si cada uno fuéramos Cristóbal Colón que tenemos que descubrir un nuevo mundo que ni es nuevo, ni está en otro lugar que no sea en nosotros mismos ni tiene nada que descubrir que no sea producto de la ocultación sistemática y empecinada.
¿ Cuánta frustración se ha producido en este mundo por una primera experiencia sexual desdichada? ¿Quién paga eso? ¿Con qué derecho podemos destrozar nuestras vidas por la memez de no asumir que somos quienes somos y que si hay que enseñar a comer o a escribir hay que enseñar a conocerse y desarrollarse sexualmente? ¿Cual es el problema que tiene hacer ver que cada padre se va a enamorar de su hija y viceversa y lo mismo cada madre con su hijo y que eso no es malo ni bueno pero que hay que saberlo para actuar en consecuencia? ¿Cuántas personas habrán tenido el privilegio de tener la primera experiencia sexual en su propia cama? ¿Cuántas han pasado su vida entera sin experimentar el consuelo de la masturbación? ¿Y cómo nos atrevemos a silenciar aspectos tan básicos de nuestro conocimiento y de nuestro desarrollo?
Uno de mis delirios tradicionales, ha habido bastantes, era que los poderes públicos habilitaran “folladeros municipales” para que las personas dispusieran de habitáculos y condiciones adecuadas para poder desarrollar una de las capacidades más básicas: el conocimiento y desarrollo de la sexualidad. Por supuesto se reducía a comentarios que muchas veces resultabas escandalosos, según a quien tuviera enfrente. Hoy lo saco a la luz en esta forma tan inofensiva sólo para no morirme con él en el cuerpo y a sabiendas de que puede producir efectos parecidos relacionados con el escándalo cuando siempre salió de mi boca ligado al respeto, a la ternura y al goce.
Pues no. Son preferibles “botellones” donde la gente se envenene y donde terminen cada uno por su sitio, buscándose la vida como puedan y desarrollando las mismas capacidades pero o completamente borrachos o escondidos hasta de uno mismo o en plan cínico buscando salidas fáciles al margen de la ternura, del placer y, sobre todo, del respeto a uno mismo y a la persona con quien compartes la vivencia.
Que sí. Que no nací ayer. Que ya sé que no todo es así y que hay también mucha gente que evoluciona con cierta normalidad y que hasta puede considerarse dichosa. No digo que no. Lo admito. Lo asumo. Lo respeto y lo valoro. Me alegro por ellos. Es posible que, en bastante medida, yo me encuentre entre ellos. Pero ¿podríamos levantar los ojos, llevarlos un par de palmos más allá de nuestras narices y dar un vistazo por este mundo cada vez más global y fabricarnos una incipiente idea de lo que puede pasar en general? ¿Tendríamos un poco de vergüenza flamenca para asumir lo que estamos hablando?
Si no, tampoco importa mucho. A seguir funcionando como los avestruces, con la cabeza bajo tierra y a esperar. O a mirar para otro lado y a seguir hablando de la mar y de los barcos a ver si mientras escampa o nos morimos y ya no tenemos problema. ¡Que lo afronten otros si quieren!.

Archivos de imagen relacionados

  • amor
Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...