Separación de Iglesia y Estado

Las religiones tienen todo el derecho (y las defiendo en eso) en no aceptar la homosexualidad; demográficamente las arruinaría. También tienen todo el derecho en criticarla pública y privadamente, en ejercer presión y convocar a sus creyentes, seguidores o feligreses a favor o en contra de un tema. Eso es parte del juego democrático.

A lo que no tienen derecho es a actuar como si ellas fueran el Estado. Los Estados en donde las religiones mandan se llaman teocracias, no repúblicas. Y teocracias hoy día solo hay dos: el Vaticano e Irán.

Para entender mejor el porqué de la necesidad e importancia de la separación de Iglesia y Estado, aquí va un ejemplo. Las sinagogas recojen donaciones; ellas tienen todo el derecho a usar sus fondos para propagar su fe y extender solidaridad entre los suyos o a quienes ellos consideren prudente. Igual hacen las mezquitas, los templos hindúes, las iglesias cristianas, católicas y otras religiones.

Es por esto que un Estado laico garantiza libertad de credo, y su existencia neutral permite que cada quien profese su religión sin temor a ser torturado (la historia nos enseña que no siempre ha sido así).

El Estado recoge impuestos, no ofrendas, de todos sus ciudadanos, sin importar credo, fe o religión. Y es deber del Estado usar esos fondos sin favoritismos religiosos. Por eso el Estado es y debe ser laico. Es así de sencillo.

El Estado tiene todo el derecho en aceptar la legalidad de la unión civil de dos seres humanos (la tendencia sexual de cada adulto es un asunto privado, no público). Eso no es problema de las religiones ni las afecta. La unión legal de dos personas es pragmática para cosas tan sencillas como préstamos, herencias, demandas, seguros, adopciones, divorcios, etc. Todos asuntos legales, no religiosos.

Si a una pareja solo le interesa legalizar su unión para los efectos y ejemplos arriba descritos, y jamás pisar una iglesia, templo, mezquita, sinagoga, parroquia, tabernáculo o casa de oración, entonces, ¿cuál es el problema?

Cada uno tiene todo el derecho a profesar la fe que le regocije su alma. Pero las religiones no tienen por qué decirle a un Estado laico qué y cómo definir la unión legal de dos personas. Hay que saber separar una cosa de la otra. El Estado tiene todo el derecho a decidir sobre la unión de dos ciudadanos adultos (énfasis en adultos).

Es patético el silencio de tanto macho alfa sobre la crisis de embarazos precoces, la violencia familiar o la cantidad de hijos que crecen con padres ausentes. Ven la paja en el ojo ajeno, y no ven la viga en el propio. Amen más y juzguen menos.

El Estado no está en el negocio de salvar almas, y las religiones, en una república, no deben buscar imponer su fe particular a través de leyes. Panamá no es una teocracia. Quienes desean una se pueden mudar al Vaticano o Irán.

Franklin Nelson Arias

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.
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