Seis siglos sin competencia en el mercado

Está aceptado en todas las crónicas que Arrio, el monje director del Cristianismo Arriano, nació, probablemente de padre bereber, en el Norte de África, en la actual Libia, corriendo el año del 250, y murió en Constantinopla defendiendo un cristianismo monoteísta, totalmente opuesto al trinitario romano o vaticano que, en la realidad histórica, no tiene 2.018 años de existencia; pero que no se pone ruborizado cuando miente, porque es la razón constante de su existir, mezclado con un mucho de meter miedo e imponer castigos letales.

Arrio no impuso su creencia anti-trinitaria-romana con violencia alguna, sino exponiendo lo entendible que puede resultar para un creyente la existencia de un solo dios; lejos de las tres personas en una sola que, a base de haz de leña y de máquina de tortura, impusieron a partir del año 700, solo por zonas de la Iberia, los cristianos trinitarios, una vez que la elite goda, de religión arriana, pero más gustosos del poder que de la religión, para el año de 570, según el lingüista Antonio de Lebrija, campearon en la Ibérica.

Por tanto si el Arrianismo había empapado de un modo profundo tanto en los ibéricos nativos como en los germánicos godos que se vinieron hasta aquí buscando una forma de vida de más calidad por estas tierras lejos de los fríos escandinavos y polacos, aunque la iglesia católica trinitaria vaticana romana sabe que en España no lleva campeando junto al poder 2.018 años en las tierras ibéricas, pide sin pudor alguno que la gente anote en su declaración de la renta que pongan la equis en su casilla alegando una antigüedad (por algo será, dicen) española de los dichos 2.018 años.

A lo más, después de muchos degüellos, de mucho derrame de sangre, la iglesia católica trinitaria vaticana lleva junto al poder imponiéndose en España sobre las otras religiones a la pura fuerza, es desde el siglo XV, para acá. Y si estamos en el siglo XXI, la cuenta es muy fácil de sacar.

Nos encontramos delante de una secta religiosa que se ha impuesto por la fuerza durante los pasados VI siglos; eso sí a mesa y tesoro lleno, sin envainar nunca la espada o dejar en paz las bombas, contra cualquier forma competencial sectaria.

Juan Eladio Palmis.

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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