Según los centros católicos el Gobierno devalúa la materia de Religión

La asignatura no tendrá efectos académicos y, por primera vez, se quedará sin alternativa. «Si no tiene alternativa, la asignatura se convierte en una actividad extraescolar», dice Santiago García, de la Conferencia Española de Centros de Enseñanza (CECE)

De los 28 países que conforman la Unión Europea, en un total de once (como Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Suecia, Rumanía o el Reino Unido) la asignatura de Religión, aunque con diferentes matices, es obligatoria en los centros. En España, la situación es bien distinta. Lejos de existir en los colegios «un paraíso para esta materia con el objetivo de privilegiar a la Iglesia», como señalan sus detractores, la asignatura es, como en gran parte de Europa (Alemania, Austria, Bélgica, Italia o Estonia) de oferta obligatoria para los centros pero voluntaria para los alumnos. Es decir, solo la cursa el que quiere. Esto ha sido así con las leyes socialistas (como la LOE, de 2006) y populares (como la LOMCE, de 2013). Con el nuevo Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, de acuerdo con su documento «Coalición progresista. Un nuevo acuerdo para España» presentado el pasado 30 de diciembre, la materia mantendrá este estatus pero perderá, por primera vez, su alternativa. ¿Esto qué significa? Que aquel alumno que decida no estudiar Religión no podrá elegir otra en su lugar, (asignatura espejo) por lo que quien no la curse podrá irse al recreo o a casa.

La consecuencia de que la asignatura se quede sin alternativa es que pocos o ningún alumno querrán escogerla. «La asignatura pierde su carácter, se cursa por la vía muerta, deja de llamarse asignatura para convertirse en otra cosa, en una actividad voluntaria», lamenta Antonio Amate, secretario general de la Federación de Enseñanza de USO, quien considera que la propuesta «afecta a la libertad y voluntad de las familias» y recuerda que la asignatura «no es una catequesis; lo que hay detrás de esto es el intento de sacar la religión de la escuela como sea». «Si no tiene alternativa la conviertes en una extraescolar, se convierte en algo diferente a una asignatura. Se devalúa completamente», coincide Santiago García Gutiérrez, secretario general de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE).

Promoción

El citado documento señala que, aparte de no tener alternativa, la nota no computará a efectos académicos. Esto ya ocurrió con la LOE. Tanto en Primaria, ESO como en Bachillerato la calificación de Religión no contaba a efectos académicos (lo que incluye la nota media para entrar a la universidad u obtener becas). Por el contrario, la LOMCE sí tiene en cuenta la Religión para estos fines. De lo que no se habla (no queda claro) es si la asignatura seguirá contando para pasar o no de curso, es decir, si va a ser parte del máximo de suspensas que permitan la promoción o no, que la LOE y la LOMCE sí contemplan.

La propuesta de PSOE-Unidas Podemos no solo convierte a la Religión en una materia de segunda categoría sino que vulnera los Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede. El artículo 2 del acuerdo establece que la enseñanza de la religión católica se incluirá en todos los centros y niveles, «en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales». Francisco López Rupérez, expresidente del Consejo Escolar del Estado y director de la cátedra de políticas públicas de la Universidad Camilo José Cela pide esperar y considera que del papel al hecho hay un gran paso. Sin embargo, «de violentarse los acuerdos con la Santa Sede, la solución es apelar a los tribunales. Que sean estos los que sometan la legislación del nuevo Gobierno al principio de legalidad».

Luis Centeno, secretario general adjunto de Escuelas Católicas advierte también de la vulneración del artículo 27.2 de la Constitución, que establece que «la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana». «Sin el conocimiento de la religión, no es posible dicho desarrollo en condiciones de plenitud», explica Centeno. Por su parte, Francisco López Rupérez recuerda también el artículo 27.3 que establece que los poderes públicos deben garantizar el derecho de los padres a que sus hijos «reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones».

Quien sí defiende la medida es Francisco García, secretario general de la federación de enseñanza de Comisiones Obreras: «La religión confesional no tiene que por qué estar en el currículo, otra cosa es que en Valores Éticos se hable de la historia de la religión, pero las creencias personales de cada uno no creo que deban configurar una asignatura evaluable». De hecho, CC.OO. va más allá y aboga por una escuela laica en la que la religión se quede fuera del horario lectivo.

El «decreto del parchís»

La LOGSE, ley socialista del año 1990, llegó a los tribunales por la asignatura de Religión. La alternativa a esta materia eran actividades de contenido lúdico y cultural no evaluables. Así lo fijó el Real Decreto 2438/1994, más conocido como el «decreto del parchís», que fue llevado a la justicia por asociaciones no solo católicas, sino también evangelistas e islámicas.

La Sala Tercera del Tribunal Supremo falló en contra del decreto por considerar que «vulnera el art. 27.3 de la Constitución al ofrecer como alternativa enseñanzas que no tienen contenido moral-confesional, que según su criterio sería el único constitucionalmente posible, porque siendo la educación un bien al que todos tienen derecho (27.1) y teniendo por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana (27.2) aquel derecho implica que también accedan o bien a una formación religiosa o moral-confesional, sin alguna de las cuales sería difícilmente asumible un pleno desarrollo de la personalidad humana».

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