Sectores del PSOE piden que se inicie el cambio de la ley de libertad religiosa

Rechazan el anuncio de Jáuregui de que no se tramitará durante esta legislatura

No ha sentado bien en el sector más laicista del PSOE que, una vez más, la reforma de la ley de libertad religiosa se haya guardado en un cajón. La reciente visita del Papa vino aparejada del anuncio, por parte del ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, de que la nueva norma no vería la luz en esta legislatura. El vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba, lo confirmó después al apuntar que el asunto no está entre las prioridades del Gobierno. Pero, ahora que el vendaval ha pasado, comienzan a oírse voces en el partido que claman por el cumplimiento íntegro del programa electoral en aquello que afecta a derechos y libertades.

El borrador de la reforma -en el que durante meses estuvo trabajando el Ministerio de Justicia bajo la batuta de la vicepresidencia primera- está ya terminado. El Gobierno optó por aparcarlo por una cuestión de «oportunidad política», pero, según fuentes gubernamentales, la intención de María Teresa Fernández de la Vega, antes de su destitución, era aprovechar el período que se abría entre visita y visita papal, y una vez se daba por iniciada la recuperación económica, para darle un empujón.

Conforme a ese calendario, el Ejecutivo tendría casi dos periodos de sesiones para llevar el proyecto a las Cortes. Benedicto XVI no volverá a España hasta el próximo agosto y habría margen para calmar las aguas. Sin embargo, el modo en el que desde el Gobierno se respondió a las declaraciones del Papa sobre distintas cuestiones -su afirmación de que «España ha desarrollado un laicismo, un anticlericalismo y un secularismo fuerte y agresivo como el que ha había en los años 30 o las condenas al aborto y el matrimonio homosexual»- ha desatado algunas alarma. Fuentes de la dirección socialista admiten que habrían deseado una contestación menos «tibia».

«Entiendo que para el Gobierno ahora no era el momento, pero en el PSOE estamos para empujar -señalan-; nosotros debemos seguir con nuestra agenda y el Papa que diga misa».

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