Sectarismo

En las protestas permanentes de los islamistas egipcios contra el golpe del 30 de junio una de las consignas más coreadas dice: “Islamiya, islamiya…; la li-l- zawra al-salibiya”, que literalmente se puede traducir de la siguiente manera: “Islámica, sí, islámica, sí…; no a la revolución cruzada”.

Para muchos islamistas, el golpe del general Al Sisi es una “revolución cruzada” que ha contado con el apoyo más o menos tácito y más o menos explícito de los ‘cruzados’ occidentales.

Cuando Alemania o Estados Unidos han pedido, con la boca pequeña, la liberación del presidente Mohammed Mursi, lo han hecho simplemente para parecer “independientes” y “justos”, pero lo que realmente tenían que haber exigido es la restauración en el poder de los Hermanos Musulmanes destituidos por la fuerza de las armas.

El sector de la población que quizás está más satisfecho con el golpe es justamente el cristiano. Los coptos se sienten marginados y a menudo extraños en un país cada vez es más religioso y sectario, de ahí que hayan apoyado sin reservas el golpe.

En el imaginario islamista los coptos son unos quintacolumnistas que cuentan con el respaldo y la guía de los “cruzados” occidentales que ahora, como en la edad media, quieren colonizar Oriente Próximo.

En Egipto viven unos ocho millones de coptos, lo que representa aproximadamente el diez por ciento de la población. El éxodo de coptos a Occidente es continuo y los fieles de esta religión se lamentan, muchas veces con razón, de que no pueden llevar una existencia normal en su país y de que las autoridades los marginan.

Según el imaginario islamista, los coptos participan plenamente en una conspiración internacional contra el islam. Es natural que los coptos hayan recibido con los brazos abiertos el golpe. De hecho, seguramente es el sector que más activamente se manifestó contra los Hermanos Musulmanes durante los días previos y posteriores al golpe.

En los últimos días, especialmente el jueves y el viernes pasados, algunas zonas del sur de Egipto han visto disturbios de índole “sectaria” después de que los musulmanes acusaran a los coptos del asesinato de un musulmán. Este tipo de incidentes puede degenerar, como ha ocurrido en el pasado, en violencia de grandes proporciones, con independencia de que el golpe se consolide o no.

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