Se dispara el número de judíos dedicados solo al estudio de la Torá

Según datos publicados esta semana indican que el número de ultraortodoxos que consagran su vida a los estudios religiosos se ha incrementado en el último año. La mayor parte de la comunidad ultraortodoxa de Israel vive en su propio mundo y muy alejada de la comunidad secular.

Los judíos dedicados a tiempo completo a los estudios religiosos, es decir que no trabajan, son 108.390, un 8 por ciento más que el año anterior.

Netanyahu ha aprobado unas modificaciones legislativas que dispensan a las escuelas ultraortdoxas de enseñar materias seculares como las matemáticas, las ciencias o el inglés.

El número de judíos ultraortodoxos que dedican todo su tiempo al estudio de la Biblia y el Talmud se ha disparado en 2015 a causa del considerable incremento de ayudas estatales que han recibido las yeshivas (escuelas rabínicas) debido a las maniobras políticas de los partidos ultraortodoxos en la coalición de gobierno.

Un informe del Instituto Jerusalem de Estudios Israelíes revela que los judíos dedicados a tiempo completo a los estudios religiosos, es decir que no trabajan, son 108.390, un 8 por ciento más que el año anterior. El 67 por ciento de esa cifra están casados. La financiación estatal a las yeshivas ha pasado de 125 millones de euros en 2014 a 250 millones en la actualidad.

Este notable incremento se explica porque hay más dinero disponible para las yeshivas y porque el crecimiento natural de la población ultraortodoxa en Israel, que anualmente es del 4 por ciento, dobla al de la población secular. La mujer ultraortodoxa israelí tiene de media 6,9 hijos mientras que la mujer secular tiene de media 2,1 hijos.

“Vivimos en un Estado secular que trae consigo una contradicción y los ultraortodoxos no podemos participar en la agenda de este Estado aunque nos veamos obligados a aceptarlo de facto”, explica el rabino ultraortodoxo Dov Habertal, para quien introducir la enseñanza secular en el currículo de los niños de su comunidad significa “destruir el mundo religioso”.

Este verano el gobierno de Benjamín Netanyahu ha aprobado unas modificaciones legislativas que dispensan a las escuelas ultraortdoxas de enseñar materias seculares como las matemáticas, las ciencias o el inglés, una medida que aprobó el pasado gobierno pero que nunca había llegado a aplicarse.

Según datos oficiales, en la actualidad hay 430.000 alumnos que cursan estudios en instituciones ultraortodoxas. Una parte considerable de los israelíes seculares considera que este asunto es preocupante porque inhabilitará a los ultraortodoxos a ganarse la vida más adelante y continuarán siendo una carga para el resto de la sociedad.

“Un estado secular no puede imponer la enseñanza secular porque entonces el judaísmo dejaría de ser lo que ha sido durante milenios”, dice Habertal. “Nuestros alumnos aprenden mucho más que los seculares y estudian muchas más horas que ellos, desde la mañana a la noche, para preservar la supervivencia de la nación judía. Sin judaísmo no tendría sentido el pueblo judío”.

Una gran parte de los alumnos ultraortodoxos viven en condiciones de pobreza, explica el rabino, pero “están dispuestos a sacrificar la riqueza material a causa de un ideal. No tienen coche, no van a las cafeterías y están dispuestos a asumir grandes sacrificios para preservar nuestro modo de vida”. “Las tentaciones que tenemos son considerables, especialmente cuando nos apartamos de la comunidad”.

“Vivimos aquí, en este Estado, aunque estamos en contra del Estado y, desde luego, no queremos la autoridad del Estado sobre nosotros. Sentimos una gran responsabilidad hacia el pueblo judío y por eso participamos en la política. Además, es verdad que necesitamos el dinero del Estado, y aunque no lo reconocemos de jure, somos ciudadanos de él. En resumen, damos a esta sociedad más de lo que recibimos, porque sin nosotros no habría judaísmo”, explica Habertal.

“Naturalmente, necesitamos ingenieros, pero si todos nos hacemos ingenieros perderemos el carácter judío y nos pasará como a la comunidad judía de Estados Unidos, donde el 70 por ciento de los judíos está desapareciendo a causa de la asimilación”, dice el rabino.
“Si los seculares consideran que una persona que ignora lo que ocurre en Europa no está educada, para nosotros quienes no están educados son quienes no estudian la Torá (Pentateuco)».

No es posible compaginar las dos cosas al mismo tiempo. Ya lo han intentado los judíos de Estados Unidos y ha sido un fracaso. Los rabinos de Estados Unidos continuamente nos preguntan a nosotros cuando se les presenta una duda, y no al revés”.

Tali Farkash es una mujer ultraortodoxa que piensa de otra manera. A diferencia del rabino Habertal, ella defiende la enseñanza secular, de hecho espera que sus hijos, que son pequeños, estudien materias como las matemáticas o el inglés, aunque eso no signifique que vayan a descuidar los estudios religiosos. En su opinión, es posible hacer las dos cosas simultáneamente.

Farkash trabaja como periodista para el diario Yediot Ahronot, donde se encarga de los asuntos religiosos. Uno de sus hijos, de 14 años, acude a una escuela donde se compaginan algunas horas de estudios seculares con una mayoría de horas de estudios religiosos, pero en todo el país “apenas hay media docena de este tipo de escuelas y son muy caras, de manera que las familias ultraortodoxas, que son pobres, no pueden permitírselo”.

“El aparato ultraortodoxo está contra nosotros. Dice que estamos destruyendo la sociedad ultraortodoxa, pero no es cierto. No hay nada malo en que mi hijo de 14 años estudie por las mañanas el Talmud y por las tardes matemáticas. La verdad es que lo está haciendo muy bien y nos sentimos orgullosos”, explica Farkash, quien se lamenta de que el coste mensual de la escuela de su hijo sea de 500 euros al mes.

El aparato ultraortodoxo nos quiere controlar para recibir las subvenciones del Estado, y el resto de los partidos políticos simplemente desea mantener la coalición de gobierno, pero no se preocupa realmente de nosotros, ni nos da una oportunidad para que nuestros hijos reciban una educación mixta”.

“Para la gente que piensa como yo es cada día más difícil todo. No podemos hablar con claridad porque si lo hacemos nos acusan de ir contra la comunidad y nos señalan, y esto es muy grave cuando te desenvuelves en una comunidad ultraortodoxa”, explica Farkash.

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