Se carece de plena libertad religiosa, dicen en simposio

COMENTARIO: Continua el uso interesado de términos como laicismo-laicidad, o libertad religiosa. Los reunidos en este Simposio no saben lo que es el laicismo y le adjudican significados que no tiene. Tampoco tienen claro lo que representa la libertad de conciencia y religiosa, pues claramente se desprende que la entienden como privilegios para su religión, o como mucho privilegios para las religiones.


En México aún no se experimenta plena libertad religiosa y lo que prevalece es el laicismo; es decir, la prohibición de la religión en la esfera pública, pues en cualquiera de sus denominaciones se tiende a percibirla como un mal que debe ser reducido sólo a la vida privada. Según esa visión, se violentan derechos humanos establecidos en instrumentos internacionales, que han sido ratificados por el país, y se afecta la democracia.

Lo anterior fue expuesto ayer durante la inauguración del simposio internacional Voces: el Estado laico y la libertad religiosa, en el que participan obispos de diversos países, agrupaciones promotoras de la libertad religiosa y académicos de universidades nacionales y extranjeras.

Jorge Traslosheros, de la UNAM, precisó que para el laicismo la libertad religiosa está muy lejos de ser un derecho humano y, en el mejor de los casos, sólo pertenece al mundo de las concesiones que el Estado pudiera otorgar a los ciudadanos con creencias religiosas. Esto último, dijo, no es real, ya que la libertad religiosa no forma parte de las cosas que pueda otorgar el Estado, pues el fenómeno religioso lo prexiste.

Lamentó que para el laicismo todo creyente sea un fanático en potencia y en acto, y agregó que no hay que perder de vista que laicismo y fundamentalismo son hermanos gemelos y revelan una mentalidad autoritaria que imposibilita el encuentro de la razón.

Señaló que en el camino a la total libertad religiosa a lo que se debe aspirar es a tener un Estado laico, pues la laicidad en oposición al laicismo promueve la convivencia de las religiones sin preferencia por alguna en específico, regulando lo necesario para que sean vividas en libertad.

Juan Navarro Floria, presidente del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa, refirió que el laicismo en extremo es la negación de la libertad religiosa, es una agresión a la religión y es un intento por erradicarla. En contraparte, la laicidad es neutralidad a la existencia de religión o a la ausencia de ella. Países como México tendrían que migrar del laicismo a la laicidad, dijo.

Apuntó que en América Latina hay dos ejemplos claros de países en donde prevalece un laicismo muy fuerte: México y Uruguay, y esto ha empobrecido el desarrollo de sus sociedades.

Consideró que los mexicanos merecen un espacio de libertad religiosa mayor, pero reconoció que se han dado pasos importantes desde 1992. No obstante, mirando el conjunto de América Latina, México está un paso atrás respecto de la libertad religiosa.

Carlos Briseño, obispo auxiliar de la arquidiócesis de México, indicó que en el país se debe respetar el derecho fundamental de todo ser humano a no profesar una religión o a hacerlo, y en este último caso a poder expresarlo, incluso si se trata de un político.

Añadió que por no haber libertad religiosa se orilla a personas a mostrar una doble personalidad en los ámbitos privado y público.

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