Sarkozy utiliza el no de Suiza a los minaretes para defender su debate sobre la identidad francesa

Nicolas Sarkozy comprende el rechazo de los votantes suizos a los minaretes de las mezquitas. Son parte de la «ostentación» y la «provocación» que deben evitar las minorías que llegan a un país que no comparte sus creencias. El presidente francés ha irrumpido en el debate sobre la identidad nacional que él mismo lanzó a primeros de noviembre con un artículo en el diario Le Monde .

En él, Sarkozy se declara «estupefacto» por las «reacciones excesivas» de los medios de comunicación y los políticos franceses frente a los resultados del referendo suizo, que secundó en un 57,7% la propuesta de la ultraderecha de prohibir la construcción de minaretes islámicos. Los pueblos de Europa, «acogedores y tolerantes, no quieren que su forma de vida, su modo de pensar y sus relaciones sociales se vean desnaturalizadas».

Por eso, el presidente francés advierte a sus «compatriotas musulmanes» que viven en un país «donde la tradición cristiana ha dejado una huella profunda» y los anima a abstenerse de lanzar «todo lo que pueda parecer un desafío a esa herencia» y a asumir en cambio los valores, leyes y tradiciones de la República, que incluyen el laicismo y la igualdad entre el hombre y la mujer.

Contra la «ostentación»

«Cristiano, judío o musulmán, cada uno debe saber abstenerse de toda ostentación y de toda provocación y, consciente de la suerte que tiene de vivir en una tierra de libertad, debe practicar su culto con humilde discreción», concluye el jefe del Estado galo.

Desde el pasado 2 de noviembre, el Gobierno quiere saber qué significa para los franceses el hecho de ser francés. El debate sobre la identidad nacional, promesa electoral de Sarkozy, se prolongará hasta que el ministro de Inmigración, Eric Besson, presente en febrero las conclusiones a las que ha llegado tras estudiar las síntesis de las mesas redondas organizadas por los prefectos y los mensajes recibidos en una página especialmente habilitada en Internet, que ha sido tomada al asalto por los militantes de la extrema derecha.

Desde el primer momento, la izquierda descifró la iniciativa en clave electoral: a poco más de tres meses de las regionales, Sarkozy quiere dejar definitivamente fuera de juego al Frente Nacional. Los socialistas hablaron ayer en la Asamblea Nacional de «debate malsano», en una agitada sesión de descalificaciones mutuas y escasa asistencia de diputados de la derecha. También una parte del partido del propio Sarkozy se siente incómoda ante una discusión que inevitablemente acaba en la inmigración.

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