Sarkozy, canónigo de honor

Durante su primera visita oficial al Vaticano, el presidente francés ha añadido a sus cargos y prerrogativas el título de “Canónigo de Honor de la Basílica San Juan de Letrán”. El título corresponde de oficio a los presidentes de Francia, a quienes la Iglesia Católica trata como sucesores del rey Henri IV, convertido al catolicismo en 1593, quien fue un generoso donante de una de las cuatro basílicas romanas.

 Pese a que también Charles De Gaulle, Valéry Giscard d’Estaing y Jacques Chirac se sometieron al rito romano para adquirir el título, el clima de tensiones religiosas y de afirmación de la laicidad han convertido la ceremonia en motivo de debate político. Algunos dirigentes de la oposición consideran que la ceremonia es un atentado contra la definición del carácter laico de la  República.

Sarkozy suele definirse como un ciudadano “de cultura católica” y preconiza una actualización de la ley de 1905 que definió la radical separación entre la Iglesia y el Estado. Según fuentes vaticanas, el tema fue abordado en la entrevista de media hora que Benedicto XVI sostuvo con el presidente francés. Sarkozy ofreció al papa su libro “La República, las religiones y la esperanza”, publicado en 2004 cuando se desempeñaba como ministro del Interior y de Culto. En ejercicio de ese mandato, Sarkozy creó el Consejo Francés del Culto musulmán, con el objetivo de favorecer en Francia una evolución moderada de la religión musulmana.

Sarkozy se reunió también con el Secretario de Estado Tarcisio Bertone.
El portavoz del presidente, David Martinon, enfatizó que Sarkozy ha aprovechado de la ocasión para “afirmar su respeto no a una religión en particular… sino a la cuestión espiritual, puesto que siempre ha creído que ella se halla en el corazón de la vida de nuestros conciudadanos, independientemente de sus opciones religiosas”.

Los analistas destacan que el Papa Benedicto XVI aprecia el discurso de Nicolas Sarkozy sobre los valores y su rechazo al matrimonio homosexual, así como su negativa a que Turquía ingrese a la Unión Europea, que según el Vaticano tiene sus raíces en valores cristianos. Sin embargo la Iglesia ha cuestionado la utilización de criterios genéticos para definir la familia de los candidatos a la emigración.

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