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Lectura dramatizada de la obra de Paco Bezerra que salió de la programación de los Teatos del Canal. Foto: David F. Sabadell

Santa Teresa contra la Inquisición y Paco Bezerra contra la censura

Mientras la consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid, Marta Rivera de la Cruz, da el asunto por zanjado, la sala Berlanga acoge la lectura de la obra ‘Muero porque no muero (la vida doble de Teresa)’ de Paco Bezerra en lo que se convierte en un acto reivindicativo con la presencia destacada, entre otros muchos artistas y agentes culturales, de Pedro Almodóvar.

Aplauso cerrado y punto y seguido. Cinco enormes actrices se repartieron el monólogo de Paco Bezerra que debería estar ensayándose en estos días para estrenarse en enero de 2023 en los Teatros del Canal. Julieta Serrano, Ana Belén, Aitana Sánchez-Gijón, Gloria Muñoz y Nathalie Poza, repóker sobre el escenario de la Sala Berlanga, vestidas de negro, interpretaron una sinfonía precisa a cinco voces con momentos de gran emoción y momentos de gran reivindicación. Muero porque no muero (la vida doble de Teresa), obra de Paco Bezerra sobre la vuelta de la santa de Ávila al Madrid del siglo XXI después de rehacer su cuerpo recuperando los trozos diseminados por medio mundo, vivió su noche de estreno el 29 de noviembre de la mano de la Fundación SGAE, que premió la obra en su certamen Jardiel Poncela y la incluyó en su ciclo anual de lecturas dramatizadas.

Una noche única e irrepetible vivida en directo por algo más de 200 personas que era mucho más que una lectura dramatizada; fue también un acto de protesta y un canto a favor de la dignidad y la libertad de los artistas. Allí se congregaron actores y actrices (Asier Etxeandía, Marisa Paredes, Goya Toledo, Silvia Marty, Jorge Suquet, Elena Anaya, María Adánez o Macarena García) junto a representantes de instituciones culturales como Alfredo Sanzol, director del Centro Dramático Nacional; Luis García Montero, director del Instituto Cervantes; Ignacio del Moral, presidente de la Asociación de Autores y Autoras de Teatro; Irene Pardo, gerente de la Red de Teatros y Auditorios públicos de España; Javier de Dios, subdirector general de Teatro del INAEM (Ministerio de Cultura); Isla Aguilar y Miguel Oyarzun, directores del FIT de Cádiz; o Luis Luque, adjunto a la dirección del Teatro Español. También estuvieron presentes, desde el mundo de la política, Manuela Villa, del PSOE, así como Mónica García, Rita Maestre y Jazmín Beirak, de Más Madrid. Y estaba también, en su papel de gran símbolo de la cultura española, Pedro Almodóvar, que cerró el coloquio posterior a la lectura de la obra lamentándose de tener que estar en un acto contra la censura tantos años después.

Probablemente nada de esto hubiera sucedido si la Comunidad de Madrid no hubiese retirado de la programación de los Teatros del Canal de esta temporada la obra de Bezerra. Esto se supo hace casi cinco meses, cuando el autor decidió hacer pública una situación todavía hoy incomprensible. El silencio ante los medios en este tiempo tanto de la consejera de Cultura de la Comunidad, Marta Rivera de la Cruz, como de la directora artística de los Teatros del Canal, Blanca Li, y las poco convincentes explicaciones dadas en la Asamblea de Madrid ante el requerimiento de los grupos de la oposición, hacen planear sobre todo este asunto el fantasma de la censura o, cuando menos, el de la injerencia política en decisiones que atentan contra la libertad artística.

“La obra nunca fue retirada porque nunca estuvo programada. No puedo decir otra cosa porque es lo que hay”, afirma la consejera de Cultura, Marta Rivera de la Cruz

Este medio ha solicitado hablar tanto con Blanca Li como con Rivera de la Cruz. En el primer caso, desde el departamento de comunicación de la Consejería de Cultura se nos indica que a la directora de los Teatros del Canal se le ha desvinculado del asunto porque ha evolucionado hacia algo más político que artístico. Pero la consejera sí nos ha atendido: “No he hablado más de esto porque nunca me han preguntado”, dice antes de esgrimir el argumento oficial para explicar por qué Muero porque no muero no está en la programación de Canal: “La obra nunca fue retirada porque nunca estuvo programada. No puedo decir otra cosa porque es lo que hay. Fue parte de una propuesta de la directora para este año, en el que estamos teniendo muchos problemas en todas las unidades de producción debido a la subida general de precios y a toda la incertidumbre que existe en estos momentos. Hubo que hacer reajustes presupuestarios y cayeron cinco obras, no solo la de Paco Bezerra”. Poco después, zanja: “Hemos dado todas las explicaciones que teníamos que dar y para mí esto está cerrado”.

Volveremos sobre las declaraciones de la consejera. Antes hagamos memoria. La secuencia de los hechos arranca el 27 de abril de 2021, como el mismo Bezerra relataba el pasado 22 de noviembre, cuando compareció en la Comisión de Cultura de la Asamblea de Madrid a petición de PSOE y Más Madrid. Él, como autor, y Matías Umpiérrez como director, presentan el proyecto a Blanca Li de Muero porque no muero (la vida doble de Teresa), una obra de un solo personaje, un monólogo de Teresa de Jesús, a la que iba a interpretar la actriz Belén Cuesta. Blanca Li les dice que sí, que le gusta, que lo quiere. De palabra, sin papeles por medio, sin firma alguna. Este detalle es importante, porque simboliza uno de los puntos débiles del sistema teatral español, que tantos sinsabores genera y que tanto abona la precariedad endémica que sufre. Todo se cierra con acuerdos de palabra y solo poco antes de los estrenos se firman los contratos. Así, la desprotección ante situaciones como la que ha vivido Bezerra y su entorno es bestial.

El proyecto que presentan Bezerra y Umpiérrez es caro. A pesar de ser un monólogo, tiene un potente componente tecnológico y hacen falta 90.000 euros para su producción. De la mano de los Teatros del Canal, entra en régimen de coproducción una empresa privada, la catalana Bitó Producciones, responsable también del Festival Temporada Alta de Girona. La propia Blanca Li alienta a los artistas, además, a presentar el proyecto a Prospero Extended Theatre, una red europea de teatros de la que Canal forma parte desde que el anterior equipo de dirección consiguió su ingreso, junto a la Schaubühne de Berlín o el Odeòn de París. Prospero se entusiasma con el proyecto y se compromete a aportar 45.000 euros. Bitó pone 40.000, convencido de que es una inversión segura y contando con que la obra va a tener una gira europea. El resto, tan solo 5.000 euros, sería la aportación de la Comunidad de Madrid. Todo parece encarrilado. Pero a solo tres días de la presentación oficial de la temporada 2022-23 de los Teatros del Canal, el 31 de mayo de 2022, un asistente de su directora, Marcial Rodríguez, llama a Bitó para comunicarles que la obra finalmente no está en la programación. La razón que les dan: ajustes presupuestarios de última hora.

En un principio se les asegura que la obra se programaría en la temporada siguiente. Quedan en hablar pasados unos días, pero esa llamada nunca llega y cuando Bitó intenta ponerse en contacto con Blanca Li y su equipo, todo son largas. Hasta que les llega un mail donde se les da a entender que ni ahora ni después, que la obra no está prevista, que se pospone sine die.

marta rivera y blanca li
Marta Rivera y Blanca Li en los Teatros del Canal. Foto: Comunidad de Madrid

Dolido y frustrado, Paco Bezerra llama a Blanca Li para que se lo explique, porque no lo entiende. Así lo contaba en la Asamblea de Madrid: “La directora de los Teatros del Canal me dice, textualmente, que si no tengo otro teatro donde hacer la obra. Lamentablemente no voy a poder cumplir mi palabra, me dice, ya que me es imposible reubicaros en la siguiente temporada, tal y como os prometí, me dice. Ni la siguiente temporada, ni en la otra, ni nunca. ¿Por qué motivo? Pregunto. No tiene que ver conmigo, me responde. ¿Y con quién tiene que ver? Y me contesta: con mis jefes. Contigo también tendrá que ver, le digo, porque tú eres la directora artística del teatro, la máxima responsable de la programación, ¿o quién dirige los Teatros del Canal entonces? Y ahí la directora de los Teatros del Canal se calla y no dice nada. ¿Qué razón te han dado en esta ocasión —le pregunto— para tumbar la obra por segunda vez? Económica de nuevo, me responde. Y le digo: mira Blanca, lo que nos dijisteis antes no tenía sentido porque la obra no podía ser la más cara cuando era la más barata, pero nos lo tragamos, porque nos prometiste reprogramarnos en la siguiente temporada. Pero lo que nos estás diciendo ahora tampoco tiene el menor sentido porque el presupuesto del año que viene aún no te ha llegado, así que cuando te llegue, das prioridad a nuestra obra como nos dijiste y estrenamos la siguiente temporada. ¿Qué problema económico puede haber ahora si aún no tienes presupuesto? No sé, me responde, es lo que me han dicho. Pero —le digo—, ¿deducirás por tu propio sentido común que lo que te están diciendo no tiene sentido alguno, o repites lo que te dicen sin entenderlo? Y la directora de los Teatros del Canal se queda callada por segunda vez. ¿No será que la razón es de otro tipo —le pregunto—, ideológica, por ejemplo, y por eso no me lo puedes decir? Porque eso sí que tendría sentido. Y se queda callada por tercera vez. Es tu problema, Blanca, le digo, no me puedes llamar para darme razones que ni tú misma entiendes. ¿Y qué puedo hacer?, me pregunta. Dimitir, le respondo. Te estás metiendo donde no te llaman, me dice”.

Blanca Li no ha dimitido. Pero no ha vuelto a hablar ni con Paco Bezerra ni con los medios de comunicación que han solicitado desde entonces sus declaraciones después de que el autor decidiera hacer pública la situación. Tampoco ha acudido a la Asamblea de Madrid a requerimiento de los grupos de la oposición, gracias a otro sinsentido del sistema: Blanca Li tiene un contrato mercantil con la institución y no está obligada a comparecer, pese a tener una responsabilidad pública. Es más, ella no puede estar presente en la reunión del consejo de administración de Madrid Cultura y Turismo S.A.U. (MACUTU), la empresa pública de la Comunidad de Madrid que gestiona económicamente los Teatros del Canal. Es en esa reunión, presidida por Marta Rivera de la Cruz, donde se aprueba la propuesta de programación. Blanca Li tiene un sueldo público de 100.000 euros anuales más dietas como directora de un equipamiento cultural público que tiene un presupuesto anual de tres millones y medio de euros.

“La estructura de MACUTU es así —asegura Rivera de la Cruz—, yo me la encontré hecha, no es algo que yo haya decidido. Tampoco estoy de acuerdo con lo que se ha dicho de que sean decisiones políticas por encima de las artísticas, porque en esta consejería trabajamos juntos, en equipo. Ni creo que sea una injerencia que la consejera sepa lo que hay propuesto para programarse, y yo jamás he impuesto nada. Me implico en todo, eso sí, pero no creo que nadie se pueda sentir ofendido por esto y creo que el asunto se ha ido de madre. Blanca lleva tres años aquí y en este teatro se ha visto de todo, hemos visto a Angélica Liddell practicando la coprofagia en la Sala Roja de Canal y hemos tenido ahora en el Festival de Otoño una obra que se llama Fuck me donde salía una señora masturbándose. Habrá cosas que gusten más y cosas que gusten menos, y si algo no te gusta, no vayas a verlo. Me parece injusto que ahora parezca que somos un nido de censores. Hay que juzgar a una persona o a una organización por el conjunto de sus actos”.

“Vemos claramente una injerencia política, porque unos cargos políticos han decidido que un contenido artístico no esté en los Teatros del Canal”, considera Jazmín Beirak, portavoz de cultura de Más Madrid

La portavoz de cultura de Más Madrid en la asamblea regional, Jazmín Beirak, replica las palabras de la consejera: “Nosotros vemos claramente una injerencia política, porque unos cargos políticos han decidido que un contenido artístico no esté en los Teatros del Canal. ¿Razones? Varias. Obviamente, hay una cuestión que tiene que ver con el contenido y con los valores morales de la obra, que la Consejería de Cultura no quería que estuviera en cartel en periodo electoral. La obra se iba a estrenar en enero de 2023 y las elecciones autonómicas son en mayo. Y probablemente también tiene que ver con una mala gestión que existe en los Teatros del Canal y que justificaría un desajuste presupuestario importante. Con todo, se debería haber devuelto la programación a Blanca Li para que ella decidiera de qué espectáculos se prescinde. Pero eso no se ha producido y se demuestra el mecanismo estructural de injerencia y la desprotección de los trabajadores culturales”.

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El dramaturgo Paco Bezerra, junto a las actrices que se encargaron de la lectura dramatizada de su obra en la sala Berlanga. David F. Sabadell

Durante el verano el tema había perdido presencia en los medios, pero llegó el Festival Eñe. El certamen literario, que se ha celebrado entre los días 11 y el 27 de noviembre, había programado a Paco Bezerra en un acto en la Biblioteca Regional Joaquín Leguina, de la Comunidad de Madrid, pero a pocas semanas del evento se le comunica al dramaturgo que se la ha reubicado en otro acto de menor entidad, esta vez en una librería. Bezerra entiende que es una represalia de la Comunidad de Madrid y su caso vuelve a los medios nuevamente con el fantasma de la censura sobrevolando.

Y finalmente, todo el affaire Bezerra cobra una viralidad inesperada con su comparecencia en la Asamblea de Madrid el pasado 22 de noviembre. En una sesión anterior de la Comisión de Cultura de la asamblea, el 20 de septiembre, donde el director general de Promoción Cultural de la Comunidad de Madrid, Gonzalo Cabrera, comparecía en lugar de Marta Rivera de la Cruz, que había aducido problemas de agenda para no acudir, el portavoz de Vox, Gonzalo Babé, había felicitado al gobierno regional por no programar “una obra tan dañina y esperpéntica”, que juzgaba irrespetuosa con la “santa doctora de la iglesia Teresa de Jesús”, una obra que, según el político de ultraderecha, no debía hacerse “con el dinero de todos los madrileños”. Este argumento volvió a salir frente a Paco Bezerra, y el autor le afeó el gesto al portavoz de Vox, instándole a leer la obra antes de hablar de ella esgrimiendo una simple sinopsis.

“Usted está juzgando con su moral —le espetó Bezerra a Babé—, y su moral es la suya, no la de todos los madrileños. Y usted está en minoría. No debería hacerlo. Así que sáquese de la boca a los madrileños porque los madrileños no quieren estar en su boca. Dice que ser yonki y puta es denigrante. La mitad de mis amigos han sido yonkis y son buenísimas personas o mejores personas que usted. Puede ser una desgracia, pero le puede pasar a todo el mundo, tanto de derechas como de izquierdas. La droga está donde hay más dinero y ya sabemos dónde hay más dinero. (…) A Santa Teresa no se le denigra en la obra. Usted no se ha leído la obra. (…) Yo soy más seguidor de Santa Teresa y sé más de Santa Teresa que usted. Y le tengo mayor respeto”. Indignado, el portavoz de Vox pidió respeto, a lo que Bezerra respondió: “No puedo respetar esas palabras sobre la Santa porque no son suyas, como usted dice. Usted habla de palabras que provienen de los fascistas que vinieron luego y se vengaron de ella. Como se vengaron los milicos en Argentina de Eva Perón y se mearon encima de su cadáver. Ustedes están haciendo lo mismo sobre el cadáver de Santa Teresa”.

La obra comienza así, con la recomposición de ese cadáver. Teresa se rearma después de 500 años, recupera trozo a trozo su cuerpo después de que tras su muerte fuera despedazado y diseminado por el mundo. Es el rearme de una mujer que fue víctima de su tiempo y, sobre todo, de los hombres de su tiempo. Patrona de la literatura española, en la ficción de Paco Bezerra hace una pintada en la fachada del Congreso de los Diputados uniendo dos frases de Larra y Cernuda: “Escribir en España no es llorar. Escribir en España es morir”. Y a lomos de uno de los leones de la puerta del congreso, comienza a gritar los nombres de las escritoras olvidadas de nuestra Historia. A Teresa no la dejaron ser quien era, le quitaron los libros, cercenaron todos sus deseos, pero ella, revelación tras revelación, ha vencido. La cultura vence sobre la barbarie, esto es lo que nos viene a decir, pero sufriendo.

En este Madrid del siglo XXI, en el que Teresa se encuentra de nuevo con sus accesos místicos gracias a la droga y la música electrónica, la cultura se enfrenta al autoritarismo del dinero. Incluso si fuera cierto que la obra saltó de la programación de los Teatros del Canal por motivos presupuestarios, es una decisión torpe y pacata, porque elegir prescindir de una obra como esta es prescindir de una posibilidad de conocimiento y sensibilidad, de excelencia artística y justicia poética. Si los responsables de la programación de los Teatros del Canal hubieran asistido al acontecimiento que tuvo lugar en la Sala Berlanga la noche del 29 de noviembre de 2022, se habrían arrepentido mucho de haber prescindido de algo así.

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